Qué pasa cuando mamá se va de viaje sola

Hace unos meses tuve la oportunidad de viajar a México para una boda familiar.
Al principio sonaba como una buena idea. México, sola por una semana, a un buen precio y con la opción de que mi esposo trabajara desde casa y se encargara de los niños.
Lo platiqué con él y coincidimos de que era el momento ideal para que yo tuviera un momento para mi.

¡No lo podía creer! Durante mi vida he tenido la oportunidad de viajar muchísimo, pero nunca había viajado sola desde que me convertí en madre. Iba a ser toda una experiencia que ahora tenía que comenzar a planear para 6.

Estaba emocionada y junto conmigo, mi familia y amigas en México.
Aunque sólo era una semana, había tantas cosas que pensaba hacer porque ya no iba con “paquete incluido” pero ahora que lo veo bien, debí de haberme dedicado solamente a dormir (¡aha!) porque regresé cansada y lo que le sigue.

Con tiempo empecé a preparar a mis hijos a la idea de que mamá no iba a estar con ellos por un tiempo. Yo inocentemente realmente pensé que era muy sencillo, porque al final del día iban a estar con su papá 24/7.
Este proceso no fue fácil, sobretodo con mi hija de en medio. Cada vez que lo comentaba con ella, ella empezaba a llorar. Obvio por mi cabeza empezó a rondar la idea de qué necesidad había en hacer sentir mal a mis hijos. Ellos todavía son pequeños y aunque papá iba a estar con ellos, mamá es la que siempre está ahí.

Planee todo lo que iba a dejar en la casa. Ropa limpia, comidas congeladas para cada día de la semana. Actividades programadas, escuela avisada y todo para que mi falta no se sintiera tanto.
Aún y con toda mi mega preparación, siempre salía algo nuevo, supongo que las mamás siempre pensamos en todo. Hasta mi marido mencionó que por qué hacía tanto sin él se iba a quedar en casa. Pero yo creo que es algo normal en nosotros las mamás. Planeamos, organizamos y prevenimos por cualquier cosa; además, creo que eso nos ayuda a nosotros a no preocuparnos y estresarnos de más (por si alguien es estresada como yo)

Cuando llegó la fecha de mi viaje, estaba super nerviosa. Yo creo que hace muchos años no me sentía así; igual y hasta fue un sentimiento similar a la primera vez que viaje sola a Europa poco antes de casarme.
Salí temprano de casa, pero no lo suficiente como para evitar ver a mis hijos.

PAUSA

Este momento creo yo fue el más difícil. Sabía que mis hijos iban a llorar, pero realmente vivirlo es otra historia. Además aunque nos despedimos la noche anterior, sabía que ellos se iban a levantar temprano (aunque fuera inconscientemente) y verme partir.
Me fui con un nudo en el estómago y con unas ganas inmensas de llorar. Todavía tenía que manejar un buen trayecto al aeropuerto, estacionar el coche y moverme hasta la terminal. Creo que el estar concentrada en eso, ayudó a que no me fuera hecha un drama, sin embargo ese sentimiento en el corazón siguió ahí por unos días más.

Y ahí comenzó la aventura.

Llegué a registrarme y casi no podía creer cuando ya después de 10 minutos había terminado.
Podía caminar por aquí y por allá. Todavía me compré un café y me senté a desayunar. Me sentía muy rara, muy ligera, algo me faltaba. Inconscientemente pasé por la zona de niños y fue un shock cuando me seguí de largo.
La conexión fue muy rápida y todo lo hice en un abrir y cerrar de ojos. Nuevamente, algo casi nuevo para mi y que aunque con culpa, lo estaba disfrutando. Aunque mi marido no lo acepte, estoy segura que él lo disfruta igual cuando se va.

Mi estancia en México, estuvo increíble. La boda estuvo maravillosa, todas las noches salía y en las mañanas me despertaba tarde.
Me aventé dos series completas en Netflix y todos los días hacía FaceTime con mis hijos por 5 min.
Ese momento honestamente lo disfruté bastante y me di cuenta que, uno no tarda nada a acostumbrarse a estar así; pero así como todo llegó tan rápido, así de rápido se paso la semana y ya tenía que volver.

Por una parte estaba contenta, porque al fin y al cabo la casa de mis papás ya no es mi casa y en MI casa me esperaba mi familia; pero también comencé a sentirme ansiosa de todo el trabajo que me esperaba al llegar.

Así como toda esta aventura fue nueva para mi, así lo fue el recibimiento que tuve en mi casa. Unas caritas super felices y un marido agradecido de que volviera relajada y despejada mentalmente. Algo que te motiva y te ayuda a tomar un segundo aire.

Ahora se presenta la oportunidad de hacerlo de nuevo y aunque en esta ocasión no va a ser por tanto tiempo, ya le estoy tomando el gusto y creo que todas las madres deberíamos de hacer esto al menos una vez al año.
Por eso te cuento mi experiencia, porque tarde 7 años en hacerlo y ahora me cuestiono el porqué.

¿Te has ido de viaje tu sola? Cuéntame tu experiencia.

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