¿La última Navidad de Santa Claus?

Una de las cosas que más me gusta de la infancia es la inocencia.
Es increíble ver el alcance que tiene la magia y todo lo que los niños creen cuando no ven. La ignorancia a veces es la mejor aliada, sobretodo cuando de mantener la inocencia se trata.

Yo crecí creyendo en Santa Claus, el Ratón de los dientes, la Coneja de Pascua, los Reyes Magos y todo lo mágico en que se pueda creer. Ignoro cuándo me di cuenta de la realidad, pero en mi corazón no tengo ningún sentimiento de engaño, enojo o cualquier otro sentimiento negativo por conocerla.
Por el otro lado de la moneda, está mi esposo que jamás creyó en ninguno de estos personajes. En su casa jamás llegó nadie, ni dejó nada bajo el árbol, almohada u otro lugar. Y sabes qué, él tuvo una infancia feliz. Aunque para mi esto es inconcebible; primero, porque me pregunto qué pensaba cuando sus amigos/compañeros le decían lo que recibieron y de quién venía; segundo, porque para un niño a esa edad, es difícil comprender por qué a alguien más si le dieron regalos (o dinero) así y a el no; y tercero, ¿Cómo se pudo mantener ese secreto para no arruinarles la magia a todos los demás?

Bueno, el que los niños descubran la verdad, es una realidad que a todos nos va a llegar tarde que temprano.

En nuestra casa por ejemplo llega el Hada de los dientes. Todas las veces que alguno de nuestros hijos pierde un diente, aparece una puerta a lado de su cama y para cuando ellos despiertan, esta ya desapareció y debajo de su almohada hay una moneda y la respuesta escrita a mano a una carta que le dejaron.
La puerta me la dio la mamá de una compañera de Luciana  (la mayor) hace como 3 años; es hecha a mano muy linda de madera con musgo y un pequeño honguito a un lado. (Muy a pesar de que mi marido no estaba tan de acuerdo) Decidí usarla a la caída del primer diente en casa y de ahí tuvimos que continuar con los demás dientes de todos mis hijos.
Este año cuando a Leo (el menor) se le cayó su primer diente, para cuando subió a su cuarto la puerta del hada ya estaba a lado de su cama. Todos nos emocionamos, pero Luciana discretamente me tomó del brazo y me pidió hablar en mi cuarto. Me dijo que ella creía que el Hada de los dientes era yo; obvio me helé y esperé lo peor. Me dijo que la puerta se veía como una manualidad que yo haría, que la letra de las cartas se parece a la mía o a la de papá (aún y cuando usamos diferente caligrafía a la habitual) y que era imposible que un hada tan pequeña, se metiera debajo de una almohada y trajera una moneda. Terminé en shock. Ella tiene 8 años.

Siento y me duele pensar que algo similar pueda pasar con la  magia de Navidad.
Este año creo que la hemos librado.

Nosotros siempre les hemos inculcado el significado de esta fecha. Les hemos inculcado también que lo importante no es qué y cuánto recibimos. Por eso ellos siempre han confiado que aunque sea un regalo, Santa Claus les va a traer el que quieren con todo su corazón (nuevamente calidad no cantidad). También el niño Dios les trae regalos para que ellos lleven a niños que viven en la calle y que no tienen una casa en dónde dejarlos.

Los niños de hoy están demasiado despiertos, demasiado alerta, demasiado intuitivos y poco inocentes. El contacto constante con temas de adultos, la era digital y la falta de empatía, hacen que la magia tenga un tiempo de vida muy corto. La mezcla de pensamientos y creencias es inevitable y todos pelean la libertad de expresión y defenderse.
Todo eso lo entiendo. En la escuela los compañeros hablan; no todos creen en lo mismo; no todos tienen las mismas posibilidades económicas; para algunos mucho, es mejor, etc. Todo eso lo sé.
Pero yo quiero que mis hijos sigan creyendo en la magia por mucho tiempo más.
Sé que van a tener sus dudas, sé que van a intuir, sé que van a relacionar, sé que van a atar cabos, sé que van a preguntar. Todo eso lo sé.
Lo que no quiero es que alguien más venga y les quite la magia. Para mi eso no es aceptable.

Así que hoy a ti mamá te pido lo siguiente. Si en tu casa no creen en estos personajes ya sea por edad, religión, creencias o sólo por que no, recuerda que hay niños en otros hogares en los que si creen y que no hay ninguna razón ni objetivo de decir lo contrario.  Creer en la magia no le hace daño a nadie y todos en algún momento de la vida van a saber la verdad. ¿Te preocupa que luego se sientan engañados y después no vayan a confiar en ti? ¿A quién le va a molestar que lo “engañaran” con regalos y años de felicidad pura? No te preocupes por eso
Platica con tus hijos. Enséñales a ser empáticos. Enséñales que en sus manos está seguir con esa mágica ilusión. Enséñales que si no hay nada positivo qué decir, no digan nada.  Enséñales que una vez que dicen algo, no pueden retractarse y esa persona no vuelve a “no saber”. Y LO MÁS IMPORTANTE es enseñarles que la única intensión de todos estos personajes y la Navidad es el objetivo de dar y hacer feliz a los demás.

No hay comentarios

Agregar comentario