No soy la amiga de mis hijos, soy su madre

Bien dice el dicho que “Entre más grandes los hijos, más grandes los problemas” y tengo que confirmar que eso es cierto.

Pensé mucho en escribir esto, porque es algo que apenas me está cayendo el veinte. Ya hace tiempo que lo vengo pensando y sintiendo, pero no había querido confrontarlo. 

NO SOY AMIGA DE MIS HIJOS, SOY SU MADRE.

Todo parte del momento en donde me doy cuenta que prefieren a papá, porque él es el divertido y yo…digamos que no tanto.
Como mamá, me encargo de todo, de su ropa, su alimentación, sus clases, su citas, sus malestares, reuniones con amigos, todo. Lo malo de esto es que aparte de que no se me da jugar, termino muy cansada. Si ya se, debemos de darnos un tiempo de calidad con ellos, bla bla, pero en realidad es que termino agotada, aunque eso no significa que no lo intente. Aquí es donde entra papá, porque él si tiene la energía y 
su tiempo lo utiliza para tener calidad con ellos.

Todo esto me podía mucho, entonces yo trataba de compensar con ser más flexible, darles más tiempo de pantallas, invitar a sus amigos en días que no eran y así. ¿Has escuchado el término de “Good cop, bad cop”? Bueno, yo trataba de no ser el bad cop todo el tiempo; pero eso a la larga no salió como quería. ¿Por qué? Porque poco a poco sentí que comencé a perder el control.

Ser madre no significa que tengas que ser autoritaria. No significa decirles a tus hijos “Porque soy tu madre y se termino/así lo digo yo” NO. De hecho, una crianza autoritaria desde hace mucho que debió de erradicarse. Esta crianza realmente no toma en cuenta para nada a los niños.
¿Pero entonces tengo que ser permisiva? No, tampoco. Los extremos nunca traen nada bueno, pero si es complicado ese balance. 
Entonces ¿Cómo puedo mantener el control, ser buena madre, cuidar la salud emocional de mis hijos, poner límites y que todavía les caiga bien? Parece chiste ¿Verdad?. Honestamente no sé si se pueda tener todo en el mismo paquete. Lo que si sé, es que de entrada a nuestros hijos los debemos de respetar, simplemente porque son seres humanos como nosotros, aunque sean pequeños. Darles el lugar que merecen. 
Nuestra misión en su vida es enseñarles todo lo que nosotros sabemos. Recordar que lo que ellos aprendan ahorita, es lo que van a hacer mañana.

Te voy a contar una anécdota que hace unos días pasó con mi hija mayor. Laika nuestra perrita, últimamente ha estado muy hambrienta por los medicamentos que toma. Rara vez roba comida de los platos, pero en esta ocasión se robó dos pedazos de pizza de los platos de los niños. Eso la llevó de regreso a su cama en un “timeout”. Luciana se puso muy emocional diciendo que Laika era parte de la familia y la teníamos que respetar; enviarla a su cama,era faltarle al respeto y no le iba a permitir estar con nosotros. Por más que intenté explicarle que lo que hizo no estaba bien y que retirarla de donde estábamos era una consecuencia de sus actos, ella no lo quería entender. No le pegué, no le grite, simplemente le dije que eso no se hacía y la llevé a su cama. (Recuerden que estamos hablando de un perro) Cuando hablaba con Luciana y le intentaba explicar las razones, parecía que ella no entendía y la situación escaló y se salió de control. De ahí yo llegué a convertirme en la mala, porque para ella, decirle que me estaba faltando el respeto, ya era faltarle el respeto a ella porque no valoraba su opinión, ni sus sentimientos.
Pude haber seguido intentando explicarle, pero me quedaba claro que ella no lo estaba entendiendo, al contrario aumentaba la mala actitud. Pudo haber sido eso una enseñanza de vida para ella, tal vez. Lo que si tuve que dejarle muy claro fueron dos cosas: La primera que entendía y valoraba su punto de vista y la segunda que tuviera o no tuviera razón, si quieres que los demás te respeten tu tienes que respetar también y ella no lo estaba haciendo. Así que pude haber ignorado todo lo que ella dijo y lo que hizo para yo no quedar como la mala o tomar acción en su comportamiento y poner límites.

No te hago el cuento largo, pero hubo consecuencias y obvio no le gustaron. A mi tampoco me gusta ser la mala, pero allá afuera se va a topar con personas que no son condescendientes y pueden reprenderla por sus malas acciones. Por eso, eso lo tiene que aprender en casa, aunque a la que le duela más sea a mi.

Como este hay muchos más ejemplos. Porque los niños crecen y con ellos los retos también. Aún así, trato de hacer muchas cosas con ellos y aunque no es jugando, creo (o al menos en mi cabeza así es) que si lo pasamos bien juntos.

Así que sigue a tu corazón cuando este te diga que el camino que está tomando tu hijo por ahí no es y necesitas entrar en acción. Poner límites es sano para todos y eso no significa que llevemos una mala relación con nuestros hijos. 
Por eso mientras siga criando a mis hijos, nunca me vas a escuchar decir que mis hijos son mis amigos. Soy su madre. Los amo, los respeto, platico con ellos, los escucho, pero también les enseño la vida.

El amor, el respeto y la presencia ya te hacen una buena madre.

M.

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