¿Sabes cómo es el abuso emocional en niños?

Hace unas semanas contaba por Instagram que mi hija lleva meses sintiéndose muy incómoda con una compañera del colegio. A esta compañera la vamos a llamar Pepita.

La verdad es que Pepita tiene historia en colegio.  Hace un par de años, supe de un caso donde una madre del colegio tuvo que intervenir porque Pepita abusaba emocionalmente de su hija. Tan fuerte fue el caso, que el colegio no las puede poner juntas en el salón y si la situación continuaba, esta madre tenía como opción cambiarla de colegio. Que Luciana se hiciera amiga de Pepita no era mi máximo, pero como ya era cosa del pasado y cuando esto sucedió las niñas estaban muy chicas, decidí no meterme y darle la oportunidad a Luciana de que la conociera.

Al principio todo iba bien; Luciana decía que Pepita era muy divertida; la acompañaba a su casa después del colegio, jugaban en Roblox y a veces la dejaba que chatearan por Whatsapp con mi teléfono.
Conforme pasaron los meses, Luciana comenzó a platicarme que Pepita era muy sensible, que notaba cómo las niñas se alejaban de ella y que no tenía amigas. Por un momento me dió pena la niña y le pedí lo que cualquier madre le pediría, que fuera buena persona y si la veía sola, que la invitara a jugar o la acompañara.

Con el tiempo, comencé a notar cambios en Luciana. Una vez después de dejar a Pepita en su casa, no quiso quedarse en el parque conmigo y comer una nieve con sus hermanos, porque Pepita estaba muy triste y necesitaba hablarle inmediatamente por Facetime para asegurarse de que estuviera bien. Otra, me buscaba con la mirada al salir del colegio y me preguntaba si había cosas que hacer en la casa, para no tener que llevar a Pepita a la suya. En otra ocasión la veía medio abrumada porque ella quería hacer sus videos y Pepita le pedía que jugara con ella al Roblox. Y así como estos ejemplos hay varios.

Cuando volvió a iniciar el ciclo escolar el pasado Septiembre, Luciana estaba llegando a su límite. Decidió contarle a su psicóloga sobre Pepita porque ya no podía más y para mi eso se volvió una bandera roja.

Platicando mi esposo llegamos a la conclusión de que Pepita estaba abusando emocionalmente de Luciana.

Un abuso emocional es una forma de controlar a otra persona a través de las emociones. Hay las que critican, avergüenzan, culpan o manipulan a otras personas. En una relación, es cuando hay un patrón consistente ya sea de palabras abusivas o comportamientos que hacen que la víctima sufra después de baja autoestima y por consiguiente su salud emocional esté en juego.
Comúnmente lo hemos escuchado casi siempre en matrimonios o relaciones de pareja, pero lo peor es que puede pasar en cualquier relación, hasta con los niños también.

Una vez después de recoger a Luciana de la psicóloga, me contó de lo que habían hablado en la sesión. Como me lo temía había sido de Pepita. Lo que más me molestó fue que ella ya no podía jugar con sus amigas, porque a ellas no les caía bien Pepita y cuando Luciana se quería ir con ellas, Pepita se ponía toda triste y le decía que nadie la quería y que no tenía amigas. Lo cual la hacía sentir mal y terminaba quedándose con ella. Extrañaba a sus amigas y con debida razón…Pepita la estaba aislando de ellas.

El abuso emocional es uno de los más difíciles de detectar o reconocer. Es muy sutil y malicioso. Su objetivo ya sea consiente o inconsciente, es controlar a la víctima haciéndola quedar mal, aislándola y silenciándola. Al final la víctima se siente atrapada y aunque sabe que algo no está bien, tiene miedo de alejarse, por lo tanto el ciclo no se termina.

Luciana sabía que algo estaba mal. Pepita ya no era divertida, era muy complicada y necesitaba de mucha atención (como le dicen aquí hand full) Su ansiedad fue tanta, que un día no pudo ir al colegio para no tener que estar cerca de ella y en otra ocasión me pidió que hablara con su mamá, porque ella no sabía cómo alejarse sin herir sus sentimientos. Fácilmente podría haberlo hecho, pero ahí no estaba la solución.

Un abuso emocional puede:

  • Ser muy demandante.
  • Esperar que dejes tus cosas a un lado para estar disponible.
  • Querer estar contigo todo el tiempo.
  • Ser insatisfecho.
  • Esperar a que tengan los mismos pensamientos y opiniones.
  • Invalida tus sentimientos y necesidades y te acusa de ser egoísta.
  • Tiene cambios de humor muy drásticos y te hace sentir como si lo tuvieras que tratar con “pinzas”.
  • Manipula y controla y te hace sentir culpable.
  • Niega alguna acción y no se hace responsable.
  • Te aísla de los demás.
  • Te fuerza a pasar la mayor parte del tiempo juntos.

Está cabrón ¿no? Bueno todo eso le pasaba a Luciana y la verdad es que yo le creo, sobretodo porque como te contaba al principio, la niña tiene historia con toda esta lista.

Es algo invisible e igual de importante que el abuso físico. Sobretodo porque en un futuro puede tener impacto en cómo crees que los demás te consideran y una fuerte necesidad de aceptación.

Lo principal y más importante fue que Luciana reconoció el abuso y el problema, al entender que no está bien que una persona te haga sentir mal por atender tus necesidades. Así que en conjunto con su psicóloga comenzamos a trabajar en estrategias para aprender a manejar a Pepita y las emociones de Luciana.
No te digo que es algo fácil y rápido de hacer. Toma tiempo hacerse de valor y anteponerse a un abuso emocional.
Estamos trabajando en que ella se haga su prioridad. Poner límites y reforzar su autoestima. Su corazón es hermoso y en esta ocasión no puede ayudarle más a Pepita; no es su responsabilidad conseguirle amigas y tampoco dejar a las suyas por alguien con la que ya no se identifica.

Y por lo que corresponde a Pepita, es responsabilidad de sus padres darle las herramientas para aprender a fortalecer sus relaciones. Ayudarla a gestionar mejor sus emociones y darle el apoyo que necesita.

M.

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