Cómo viven los niños un duelo

Hace una semana nuestra perrita de 14 años Laika murió. A pesar de que ya estaba viejita, fue un golpe inesperado. Justo regresábamos de estar separados de ella por 3 semanas y lo único que queríamos era llegar a abrazarla.

A nosotros como adultos, la vida nos ha enseñado a darnos cuenta cuando algo está mal.  En nuestra cabeza nos preparamos, pero nuestro corazón nunca termina de recuperarse. Sabíamos que el momento iba a pasar. Hoy nuestra familia está en duelo, pero quiero contarte cómo he visto que mis hijos llevan el suyo.

Cuando un ser querido muere, los niños manejan de diferentes formas el duelo. Mucho tiene que ver su edad, qué tan cercanos eran a la persona/mascota que ya no está y el apoyo que reciben de su familia y gente que los rodea.

Cuando fuimos por ellos a la escuela, recibimos la llamada de la veterinaria para avisarnos que Laika estaba muy malita y que lo más probable era que no pasara la noche, así que nos pidió que fuéramos a estar con ella. En ese momento hablamos con los niños, lo hicimos en la casa puesto que este es su lugar seguro; les explicamos lo que estaba sucediendo y lo que íbamos a hacer. Sus reacciones fueron diferentes. Luciana se enojó, pensó que los veterinarios le estaban haciendo algo y su primera reacción fue decir que les iba a golpear y hacer daño hasta que sufrieran igual. Lottie estaba estupefacta y Leonardo instantáneamente se puso a llorar.

Los cinco manejamos hasta el consultorio y en el tramo íbamos desconsolados. Entrar al sitio en donde el ser amado está en su lecho de muerte es un shock impresionante, sobretodo para los niños que no entienden muchas cosas. Las lágrimas que se derramaron en esa hora fueron muchísimas y sin embargo no suficientes.

Ellos estuvieron relativamente poco; lloraron, de despidieron y luego Luciana pidió que se la llevaran de ahí. Nos quedamos Lottie y yo. Lottie puede ser muy emocional, pero en ese momento dejó de llorar y se dedicó a analizar la situación. Después se quiso ir y me dejó a mi sola con Laika.

Después de que todo pasó y regresé al coche para irnos a casa, los niños estaban como si nada, era impresionante. Dos estaban en mi teléfono y en el de mi esposo y el otro escuchando un podcast.

Hace una semana de eso y ellos siguen como si nada.

Los niños así son. Algunos lloran, otros hacen preguntas (y a veces la misma pregunta constantemente) y otros parece que no sucedió nada. Todo eso está bien. Solo hay que estar con ellos, contestar a sus preguntas y darles apoyo aunque parezca que no lo necesitan. Es importantes hacerles saber que está bien sentirse tristes, que está bien llorar y expresar sus sentimientos. Y también está bien que te vean llorar y estar triste, todo es parte del crecimiento emocional de los dos.

Tal vez todavía es muy pronto y les caiga el 20 después. Aún así el duelo en los niños es más corto que el de nosotros y la verdad es que creo que eso es una bendición. Para los niños, esto puede ser la primera vez que experimenten una partida y para nosotros adultos, es difícil ver cuánto les duele a ellos también.

Muchos pueden ver trivial la muerte de una mascota, pero para el que la ha vivido no es así. Un duelo es un duelo. Es aprender a estar sin alguien que amamos mucho y aunque sea por una mascota, es algo que requiere tiempo.

Gracias Laika por acompañarnos por 14 años. Por siempre darnos tu amor incondicional. Te amamos.

 

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