El camino a la preadolescencia

Todas conocemos las etapas del ser humano.

Nace y es literal una papa. Conforme va creciendo se va manifestando más su personalidad. Se convierte en un toddler y la sociedad te lavaba el cerebro con que empiezan los años “difíciles” de tu hijo. Caemos en una trampa en donde carecemos de empatía y paciencia. 2,3,4,5 años, yo todavía los consideraría como una personita nueva. Está aprendiendo, se está descubriendo y nosotros también estamos aprendiendo con ellos.
Damos un mega brinco, en donde creemos que más o menos le hayamos el lado a la maternidad. No es fácil, pero ahí la llevamos.

De repente, llegas a un momento en donde esta personita que ya no es tan nueva, comienza a cuestionarte tus decisiones, encuentra su voz, no concuerda contigo, sus intereses ya no son los mismos, vuelve a tener un ola de emociones que no sabe de dónde vienen y sientes que cada día pasas menos tiempo con ella.
Ya no viene a ti. Eres tu la que tienes que llamarle…1,2,3 veces y a veces tienes que ir a despertarle de su mundo. Es raro, tu bebé ya no es un bebé, pero tampoco es un adolescente. Y te necesita mucho otra vez.

Comienzan los cambios nuevamente, para ambos.

La pre adolescencia comienza entre los 9-12 años, pero como todo, puede variar según la persona.
Notarás cambios físicos. En algún momento parecerá como que ha engordado un poco, sobretodo en la pancita y en los cachetes; pero en menos de lo que te das cuenta, se da un estirón. Prepárate porque tal vez necesite usar tu ropa en lo que sus medidas se vuelven a normalizar.
Y así como sus facciones cambiaron cuando pasó de ser un toddler a un niño , así va suceder porque está en proceso de convertirse en un joven.

Aunque parezca que está creciendo y cada día es más independiente, la realidad es que todavía necesita de ustedes para que lo guíen. Son momentos complicados, porque necesita aprender que todavía hay límites por su seguridad y bienestar.
Vas a necesitar de mucha paciencia y empatía porque ni ellos mismos se entienden. Vas a sentir que se encierran, pero tenemos que comprender que a veces necesitan de esa soledad. Nuevamente están aprendiendo, están descubriendo y explorando.

Entrar a esta etapa es un sabor agridulce. Un vuelo con turbulencia, pero que si se maneja bien, llega sano y salvo a su destino. Son muchos cambios físicos, cognitivos y emocionales. Es el momento de parar las orejas y tener una buena comunicación con ellos, para lograr una mejor conexión; la cuál luego será la clave para lograr un buen camino a la adolescencia.

M.

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