Qué pasa con mamá cuando los hijos crecen

No tienen idea de cuánto trabajo me ha costado escribir esto.

Para las que aún no me conozcan, les hago un resumen de mi maternidad.
Me convertí en madre hace poco más de 7 años; planeamos a nuestra segunda hija y 5 meses después de que ella nació, de la nada nos enteramos que estaba embarazada otra vez.

De ahí en adelante, mi mundo giró alrededor de estas pequeñas personitas.

Ser madre en el extranjero, como ya lo he platicado antes, puede ser muy complicado, sobretodo si no tienes familia cerca. En muchos países, no se acostumbra enviar a los niños a una guardería de no ser porque los padres trabajan y estas son muy caras. Aquí el pre escolar comienza hasta los 3 años y solo unas cuantas horas a la semana. Por ende, los niños pasan mucho tiempo con sus madres.
Los llevamos a todas partes y aunque es lindo pasar tiempo con nuestros hijos, hay veces que para algunas, esto puede ser muy abrumador.

Este año después de que me convertí en madre por primera vez, tenderé todas las mañanas libres para hacer lo que yo quiera…
…y la verdad es que NO se qué hacer.

Estoy entrando a una etapa de mi vida que nunca había experimentado.
Los tiempos han cambiado, pero yo también he cambiado. Aunque soy Melissa, en realidad soy Melissa madre de 3, esposa de 1 y responsable de una casa y todo lo que esta conlleva.

Cuando los hijos se van, es muy duro para las mamás. Si, por un momento brincamos de felicidad gritando “Libre soy, libre soy”; pero la realidad es que muchas enfrentan la soledad y eso aunque por un momento se disfruta, después se vuelve vacía.
A esto se le llama Síndrome del nido vacío. Y aunque la mayor parte del tiempo las madres somos las que lo sufrimos, los padres lo pueden sentir también. Cabe recalcar, que este síndrome es más enfocado a cuando los hijos abandonan el hogar definitivamente, pero se puede aplicar a cuando crecen y se vuelven más independientes.

Por eso yo creo que también es un momento de re encontrarse.
¡RE ENCONTRARME...pero si nunca me he perdido! Bueno, aunque no lo crean, si. No somos las mismas. Ni de cuanto éramos solteras, ni cuando decidimos compartir la vida con alguien más (para las que lo hicieron) y MENOS después de convertirse en madre.

Todo cambia, el cuerpo, las responsabilidades, las prioridades TODO.
Pasamos de ser X, a ser la mamá de Y y poner sus necesidades antes que las nuestras.

¿Alguna vez fantaseaste con qué harías si tuvieras un poco más de tiempo cuando tus hijos ocupaban todo tu tiempo? Bueno ahora es el momento.

¿Pero qué pasa si no sabes qué hacer como yo?

Bueno, me cuesta decirlo, pero a veces creo que no he encontrado lo que me llene realmente.
Algo que me haga sentir realizada y que al mismo tiempo aporte a la comunidad. No tengo ni la remota idea de qué puede ser eso.

Lo que si te puedo recomendar, son algunos puntos para que puedas salir adelante y no mueras en el intento. Los podemos intentar juntas.

Primero reconoce tu pena. Es normal sentirse así, es una especie de pérdida.
Descansa y tómate tu tiempo. No te apresures a comprometerte a algo hasta que ya tengas un balance.
Retoma actividades que hacías antes y te gustaban (tal vez todavía las puedes disfrutar)
Busca alguna actividad nueva que se lleve a cabo cerca de donde vives.  Nunca sabes si pueda gustarte y encuentres un nuevo hobby.
Busca un voluntariado ya sea en la escuela de tus hijos, en algún sanatorio o en donde tu sientas que puedas ser de gran ayuda.
Haz ejercicio. Mantén tu mente ocupada.
Estudia algún curso que sea de tu interés. No tiene que ser universitario.
Sal con amigas que estén en la misma situación que tu.  Tal vez juntas, el tiempo sea más divertido.

Algo que he aprendido conforme pasa el tiempo, es que este sentimiento se terminará en cuanto nos adaptemos a nuestra nueva rutina. Así que a ponernos manos a la obra y a volver a re encontrarNOS.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace años que tuve que ponerle a mi vida profesional una mega pausa, ni siquiera se si lo que aprendí todavía sirve.

¿Cuándo visitar al dentista por primera vez?

La higiene bucal en los niños es básica para un buen comienzo y muy importante también para su salud.

Muchos padres se confían con la idea de que los dientes de leche no son tan importantes, porque eventualmente se van a caer. Pero te has puesto a pensar ¿Qué pasaría si mientras tanto, estos pequeños dientes se pican antes de caerse? El dolor de los dientes picados es muy fuerte y más en los niños, ya que el umbral del dolor es muy bajo.

Hoy fuimos al dentista porque encontré un pequeño agujero en la muela de mi hijo y no me gustó nada su aspecto. Aproveché para que nos vieran a mi y a mi marido y digamos que ahora si, la edad nos está cobrando factura.
He conocido varias mamás que nunca han llevado a sus hijos al dentista. Yo en lo personal no me considero una persona que visite el doctor ni al dentista seguido, pero siempre es necesario tener consultas de rutina para que todo esté en orden.

¿Cuándo debo de llevar a mis hijos al dentista?

Se recomienda que la primera cita al dentista, sea antes del primer año del bebé, de preferencia cuando le hayan salido sus primeros dientes.
De esta manera, no sólo nos ayuda a prevenir algún problema, sino también nos pueden enseñar alguna técnica para lavarles los dientes (por eso de que a algunos no les gusta).

¿Cómo encontrar un buen dentista?

Como en todos los demás servicios médicos, yo sugeriría probar recomendaciones de tu doctor de cabecera o de gente cercana con niños. Recuerda que también con los dentistas, es a prueba y error y no dejes de buscar hasta que tanto tu como tu hijo se sientan cómodos con los servicios.

¿Qué pasa en la primera visita?

De no ser porque haya un problema mayor, la primera cita es meramente introductoria.
Es la primera vez que van a conocer al dentista, platicar con el/ella y entrar en confianza.
Es recomendable que lo hagan con alguno que trabaje con niños y de ser posible, que su consultorio sea amigable.
La primera impresión jamás se olvida, así que hay que escoger bien.

La inspección es superficial. Revisan los dientes, mordida, quijada, encías.
Una pequeña limpia. Donde quitan el sarro o alguna mancha y de ser necesaria, una sencilla pulida de dientes.
Les aplicarán fluoruro, que básicamente es como un esmalte que previene que el diente se desgaste.
Y  les enseñan cómo cepillar sus dientes y tal vez alguna muestra de una pasta dental para niños.

¿Cada cuánto se debe de visitar al dentista?

Las citas de rutina se llevan a cabo cada seis meses, pero si la primera vez del niño fue muy complicada (ansioso, asustadizo, etc) yo recomendaría hacerla cada 4 meses.

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo en casa?

Cuando los niños aún no tienen dientes, se les puede cepillar las encías con un trapito mojado o con un cepillo para encías.

Una vez que tienen dientes, cepíllalos con un cepillo de acuerdo a su edad. Toma un espejo y junto con tu hijo realiza los movimientos adecuados, explicando dónde se debe cepillar.
Es difícil, pero se tiene que hacer por 2 minutos 2-3 veces al día. Puedes poner un reloj divertido y así hacerlo más entretenido.
Escupir la pasta y enjuagar con poco agua.
Es importante supervisarlos cuando se cepillan los dientes o cuando hayan terminado para asegurarse de que no queden restos de comida.
A partir de los 7-8 años se puede introducir el hilo dental
Recuérdale de no correr con el cepillo en la boca.

Si tu hijo toma leche antes de dormir, asegúrate que no se quede dormido sin lavarse los dientes o si aún toma leche en biberón que no se quede dormido con ella en la boca.

Nosotros somos el mejor ejemplo. Que tu hijo te vea cepillándote los dientes y si tienen tiempo, háganlo juntos.

M.

 

 

 

¿Por qué poner límites es bueno?

Cuando mis hijos salieron de vacaciones de la escuela, los llevé junto con varias mamás a un lugar de nieves, waffles y demás postres.
Lo venía planeando desde hace varias semanas, porque ya es tradición hacerlo cada que tienen vacaciones.

Llegamos y nos sentamos en una mesa larga hasta el final del lugar. Esta mesa, estaba justo a lado de la puerta trasera que daba a la calle y que por desgracia la tenían abierta porque hacía mucho calor.
Ya conocen a los niños como son, una vez que se terminan su comida se quieren parar de la mesa e irse a jugar. Esta ocasión no fue la excepción y una vez que algunos terminaron, querían hacer algo más, aún y cuando no todos los niños y las madres habían terminado.

Siento yo que cuando los niños están pequeños, se puede excusar la tolerancia que estos tienen a permanecer “quietos” en un mismo lugar ¿No?, pero cuando tienen 7 casi 8 años creo que ya se pueden entretener con algo en la mesa, ya sea dibujando, platicando o (malamente) viendo una Tablet o el teléfono.

Bueno para no hacer el cuento largo, algunas de las niñas se empezaron a salir del restaurante y ya saben, una hace algo, la otra la sigue y de repente la mayoría ya estaban afuera. Para mi sorpresa, mis hijos fueron a preguntarme si ellos podían salir a lo cual les dije que no.
Lo que más me llamó la atención es que algunas de las madres, no le dieron importancia a la situación; ellas seguían adentro platicando y conviviendo. Cabe recalcar que ellas tienen una hija de 7-8 años, yo tengo tres que aún requieren de supervisión y aún así no era una zona para estar jugando afuera. No le iba a decir a niños ajenos que se metieran y menos cuando sus mamás estaban ahí.
Ni siquiera se inmutaron de que yo realmente estaba estresada y que en vez de estar adentro conviviendo, disfrutando mi comida, estaba esquinada, cuidando a mis hijos que no se bajaran las escaleras que dan al estacionamiento abierto, que da a la calle por donde está pasando gente (y no la más fina), porque ellos querían estar jugando con sus hijas.

La verdad es que yo estaba molesta, hasta que a una mamá se le prendió el foco y fue a llamarlos para que metieran a platicar a las mesas de a lado (¡Sanos y salvos, gracias!)  No tengo ni idea de lo que dijo, pero una vez que lo dijo las otras llamaron a sus hijas para que se metieran también.

Y bueno ahí me dejó pensando en todas las veces que yo he visto cómo los papás no ponemos límites ante ciertas situaciones y que puede afectar a la familia y a los que nos rodea.
No quiero pecar de exagerada, pero en un descuido algún niño se pierde o se lo roban o se lastima y todo porque no ponemos límites y no les queremos decir que no.

Poner límites es bueno tanto para los padres como para los niños.

Aunque no creas, le da un sentimiento de seguridad a los niños y también les ayuda a saber lo que se espera de ellos ( y lo que no).

Poner límites y que nuestros hijos los entiendan no es algo que tiene resultados inmediatos.

Por eso te comparto algunos puntos muy importantes que debemos de tener presentes para que los límites sean efectivos.

  • Rutinas y reglas. Así nuestros hijos sabrán lo que se tiene que hacer y lo que sigue.
  • Se claro pero realista, de esa forma ayudará a que el niño no tome una actitud defensiva.
  • Echa porras y agradece cuando hacen algo que se espera de ellos.
  • Si te ayuda, mantén una tabla de responsabilidades o una lista y repásala con tus hijos marcando las que si han hecho y echando porras.
  • Las consecuencias deben de ser lógicas, razonables y claras.  El objetivo es alejarlos del mal comportamiento. Ofrecerles una alternativa puede ser una idea.
  • Se constante y firme con actitudes. Eso no quiere decir que seas un tirano. Cuando nos enojamos la situación se ve comprometida (me consta) Un ejemplo. Cuando vamos casa de alguna amiga, si la mamá dice que no pueden ir arriba no pueden ir arriba y siempre va a ser así. Simple sin enojos (aunque ellos lo pidan 122523435352 veces)
  • Por último, se que a veces es muy difícil explicar el por qué de las cosas, igual por la edad a veces no lo comprenden; pero trata de explicar el por qué, así ellos entenderán y no se quedarán con un “porque si” o “porque lo digo yo”

Todo esto es un proceso diario y hay muchas más herramientas para tener una crianza más positiva en casa. Como todo requiere paciencia y trabajo en equipo.

Te invito a que sigas leyendo en el blog, seguro encuentras algo de ayuda.

M.

 

 

 

NO NO NO. Alternativas para reemplazar el NO con tus hijos.

¿Mi amor quisieras comer esto? NO
¿Qué te parece si hacemos esto? NO
Pero…NO, y si mejor…NO, qué te…NO

Así es, parece que la palabra de moda en esta casa es NO.

¿Me frustra? Por supuesto. ¿Siento que pierdo la paciencia? Desde luego. Hay veces en los que ni puedo terminar la pregunta o la frase.
Pero al parecer es algo más normal de lo que yo pensaba. Y ahora me toca vivirlo con mi tercer hijo.

Dentro de mi frustración se me ocurrió preguntar si era algo más de niños, porque con mis hijas nunca experimenté esto. Claro que me dijeron que no era algo de género y que era muy normal. Hasta aquí todo muy bien.
Pero también me dijeron que era porque “Escucha la palabra NO muy seguido en casa” y eso me llevó a preguntarme ¿Por qué siempre la gente culpa a la primera a los padres?

Pues no, y aunque se lea redundante, no es que lo escuchen seguido en la casa y te voy a decir por qué.

Frecuentemente se nos olvida que los niños son personas independientes y que llega un momento en su vida, donde ellos ya se sienten con la seguridad de tomar una decisión.
Les da poder y ese sentimiento de control. Y aunque nosotros a veces inconscientemente pensamos que tenemos control sobre ellos, la realidad es que no es cierto.

Por supuesto que para nosotros los padres puede llegar a ser irritante. Me pregunto yo, ¿Cuántas veces podría aguantar que me contesten NO sin perderlo? Pero antes de verlo como una amenaza, es mejor verlo como una oportunidad para mejorar la comunicación con ellos.

Obviamente influye mucho lo que escuchen en casa y hay algunas alternativas para reemplazar la palabra. Si, hay momentos en donde no puedo evitar decir NO. Como: “¿Me puedo meter a la alberca a las 7pm (cuando mañana hay colegio)?” o “¿Me puedo comer el postre aunque no quiera comer la comida?” o “¿Te puedo ayudar a poner las cosas en la estufa y calentarlas?”
Lamentablemente a todas ellas y a muchas otras, siempre es un NO, pero no un NO reluctante, siempre trato de darles una respuesta más amplia explicando por qué NO de manera que la entiendan. Y siempre lo hago así desde el día que mi hija me dijo “PORQUE NO no es una respuesta”.

No te voy a mentir, cada vez que me dicen que no me hierve la sangre y me dan ganas de decirles que así no se le contesta a un adulto, pero si a mi no me gusta que me digan que NO, a ellos obviamente que tampoco.

Aquí te comparto algunas alternativas para cuando necesitas decir NO.

  1.  A lo mejor lo podemos intentar en otro momento.
  2. Por favor para/detente
  3. Mira, déjame enseñarte cómo se hace
  4. Esto no es lo que habíamos acordado, ¿te acuerdas?
  5. Entiendo que quieras hacer eso, pero es muy peligroso y no quisiera que te lastimaras.
  6. Vamos a intentar hacer otra cosa, ¿cómo ves?
  7. ¿Cuál es la regla sobre esto?
  8. Entiendo que quieras hacerlo pero por el momento no podemos por…
  9. Se que es divertido pero no es una buena idea por…
  10. ¿Hay alguna otra forma de hacerlo?
  11. Ahorita no tenemos momento para...porque…
  12. Lo que estás haciendo lo/la está lastimando, por favor para/detente.
  13. Si, esa puede ser una opción, intenta de nuevo.
  14. Por favor escoge otra palabra.
  15. Por favor usa tus palabras.
  16. Está bien sentirse así, pero…

Recuerda, la clave en una crianza positiva es el respeto, la claridad en la comunicación y consecuencias.

M.

 

¿Por qué las mamás nos sentimos culpables?

Hace un par de semanas tuvimos accidente en casa.
Mi hijo estaba saltando en el trampolín con más gente y mojado. Cuando trató de salirse se resbaló y literal voló. Con la escalera se pegó en la cara y aterrizó con la cabeza.
Obviamente todo tenía que pasar cuando estaba yo a un par de metros de él y todo lo vi en cámara lenta (al menos así lo sentí). Lo levanté,  instantáneamente le sobé la nuca pensando que si tenía un golpe mayor eso de alguna manera le iba a ayudar y me lo llevé adentro para revisarlo.

Estaba sangrando de la nariz y llorando sin parar.
Una vez que le limpié toda la sangre y logré calmarlo, marqué al número de no-emergencia que hay aquí en Inglaterra. Me asusté muchísimo porque mi hijo se estaba quedando dormido, su cuerpo suelto y yo en el teléfono sólo esperando instrucciones. Terminando le llamé a mi esposo para explicarle lo sucedido y bajo las instrucciones de la persona en el teléfono, me preparé para llevarlo al hospital.

Mi hijo despertó fresco como una lechuga y sólo pedía a su papá. Así que cuando papá llegó, se lo llevó al hospital y yo me quedé en casa de mi amiga para que mis hijas terminaran de merendar.

Cuando regresé a la casa y acosté a las niñas para dormir, una vez estando sola con mis pensamientos, me empezó a invadir la culpa.
¿Por qué no lo llevé yo, si él estaba conmigo y yo vi todo lo que pasó? ¿Por qué me quedé en casa de mi amiga como si nada hubiera pasado? ¿Por qué no me iba a mi casa a esperar a que me avisaran que todo estaba bien?
Llegó mi marido con mi hijo después de un rato y gracias a Dios solo fue el susto. Él estaba bien pero aún así durmió esa noche en nuestra cama.

Ya más noche, mis amigas me escribieron para preguntar cómo estábamos, y fue ahí donde les dije que estaba sintiendo la culpa.
Todos esos monstros que nos hacemos en nuestra cabeza y que nos hacen dudar y cuestionarnos sin lo hicimos bien, si no hicimos suficiente, si debimos de haberlo hecho diferente, entre muchas otras cosas más.

Me calmaron y me dijeron que mi esposo y yo somos un equipo y que así como él lo llevó, yo tenía que asegurarme que mis hijas estuvieran bien también. Pero eso mi cabeza NO lo veía.

Cuando nace un hijo, nace una madre y también nace la culpa. Es algo de lo que no te cuentan en todos los cursos profilácticos ni nada por el estilo.
Hoy en día nosotras las mujeres queremos hacer muchas cosas. Nos preparamos profesionalmente y queremos ejercer un buen tiempo, queremos subir de nivel, queremos ser madres, queremos que nuestros hijos coman bien y completo, queremos ayudar en la escuela, queremos salir y tener vida social, necesitamos un espacio para nosotras, queremos reencontrarnos con nuestro yo, etc. Pero…el día sólo tiene 24 hrs y nos sentimos mal por no hacer más.
Es más, a veces nos sentimos culpables por no sentirnos culpables.

Pero está bien sentirnos culpables de vez en cuando. Indirectamente lo sentimos porque queremos a nuestros hijos y nos preocupamos por ellos. Queremos lo mejor para ellos y nos lleva a exigirnos mucho…de más diría yo.
Pero todas estamos haciendo lo mejor que podemos para ellos.

Hay algunas cosas que podemos hacer para no sentirnos culpables (o al menos no tanto)

Aceptación. Hay muchas cosas que podemos hacer, pero tenemos que aceptar que no podemos hacer muchas otras. Haz bien lo que sabes hacer. Sácale provecho.

Comparación. Todas hacemos las cosas diferentes y todas tenemos resultados diferentes. A algunas les sirve algo y a otras les sirve otra cosa. Deja de compararte. Tu eres única.

Exigencia. No te exijas de más, tu sabes hasta dónde puedes llegar o hacer. Es mejor hacer bien una cosa, que hacer 5 a la mitad.

Practica afirmaciones positivas.  Hay muchos pensamientos que podemos llevar a cabo justo al iniciar el día; estos pueden ayudar a darnos tranquilidad, armonía y darnos un sentido de poder. Intenta “ Yo soy fuerte, hago lo mejor que esta en mis manos, estoy muy agradecida por, tengo salud, mis hijos están sanos, fuertes y felices”

Perdónate.Cuando logramos perdonarnos, nos quitamos un peso invisible de encima. Nos ayuda a seguir adelante. Aunque casi creo seamos superhéroes, también somos humanos y tenemos el derecho a equivocarnos y hacer las cosas bien de nuevo. Los errores son una buena oportunidad para aprender, crecer y hacerlo mejor a la próxima.

Y recuerda.

No existe la mamá perfecta, pero si hay millones de maneras de ser una mejor madre.

 

 

No te olvides de tus pasatiempos favoritos

Durante toda nuestra corta vida (¡Aha!) hemos tenido pasatiempos. Algunos cambian y otros permanecen, pero no conozco a nadie que no tenga algo que ame hacer (aunque sea dormir).
Yo creo que muchas de nosotras tuvimos que poner en pausa algunos de nuestros pasatiempos favoritos. Ya sea porque requerían de cierto esfuerzo físico, porque eran presenciales y no había quién cuidara a los hijos, porque son muy tarde en el día y una ya se siente como un saco de papas o simplemente porque no hay motivación. Sea la razón que sea, es muy triste no hacer lo que te gusta ¿No?

Por ejemplo, una de mis grandes pasiones siempre ha sido bailar. No se si sea buena, pero me gusta tener la música a todo volumen, bailar con ritmo y aprenderme una coreografía. Tengo tan buena memoria con el baile, que todavía me acuerdo de coreografías que bailé en la preparatoria.
Bueno, ese pasatiempo lo puse en pausa cuando me mudé a Alemania, por el idioma y en lo que encontraba una buena academia. Luego lo volví a poner en pausa cuando recién me embaracé por primera vez y apenas hasta ahora, lo retomé. ¿Por qué hasta ahora después de 7 años? Bueno digamos que no hay muchos sitios en donde pueda hacerlo de forma flexible y tampoco muchos para adultos (y menos mamás). El caso es que ahora todos los lunes a pesar de que esté muy cansada, a las 7pm voy al gimnasio y por 1hr bailo bailo bailo y salgo muy feliz.

Otro de mis pasatiempos favoritos y que lo he podido combinar con la maternidad y hacerlo también de manera profesional, es hacer cuadros con palabras haciendo un tipo crucigrama, usando pequeños mosaicos como los que se usan para el juego de mesa Scrabble.
Así es. Le ayuda a mi cerebro a pensar para poder hacer los crucigramas y además me relaja porque necesita de mucha precisión. Así que cuando los hago, es en la noche, cuando los niños están dormidos y puedo hacerlo en silencio, sin que nadie me mueva y a mi tiempo.
A esta actividad en particular no le he podido dar ninguna publicidad por cuestión de tiempo; pero los que me conocen y les gusta mi trabajo, me lo piden y yo termino muy contenta también.

Siempre he dicho que para nosotras las mamás, el tiempo es nuestro peor enemigo.
Siempre estamos corriendo y siento que pocas veces, nos sentamos a disfrutar los momentos que llenan nuestro día.

Darnos un tiempo para poder hacer lo que nos gusta es primordial. Es algo que nos gusta hacer y disfrutamos. Nos alegra el momento y de alguna manera le aporta algo diferente a nuestras vidas. Al fin y al cabo nuestra vida también es importante.

Por eso yo te sugiero que encuentres (o retomes) tres pasatiempos.

Uno que te ayude a hacer dinero.
Uno que te mantenga en forma.
Y uno que te ayude a ser creativa.

Sean los que sean, que te ayuden a salir de su estado de confort y te motiven a seguir adelante.

Para que estés muy organizada con tu tiempo, yo te recomiendo los nuevos relojes de Daniel Wellington. Ahora sacaron su nueva colección de verano Roselyny Bayswatercon correas intercambiables y la verdad es que están divinos.
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No te dejes llevar por las redes sociales.

Hace un par de semanas en mis redes sociales personales y de Mi Rol de Madre, recibí un par de comentarios que me llamaron mucho la atención. No me acuerdo literal cómo decían pero básicamente la idea era que “Yo con mis comidas exóticas, con mis hijos lo máximo, con tiempo hasta para el parque, sola y además fresca como una lechuga” la vida perfecta.
Se me hizo tan curioso porque de perfecta…nada, creo que estoy muy lejos de serlo. Vivo con el peinado de mamá, las comidas son de lo más fáciles, vivo corriendo y por ende con el estómago todo apretado, tratando de lidiar con la actitud adolescente de mis hijos y miles de cosas más.

Pero me hizo pensar en lo que reflejan mis fotos.

Como figura pública muchas veces nos tenemos que cuidar de lo que publicamos. Ya sabes, a los trolls no les toma nada voltearte la tortilla y comenzar a tirar tierra. Por eso debemos de pensar dos veces lo que escribimos y cómo lo escribimos; no vaya a ser que también toquemos fibras sensibles y luego nos ataquen.
Lo mismo sucede con las fotos. La gente se ha vuelto muy poco tolerable en lo que ve en las redes sociales. Muy sensible y toman todo muy personal. Pero díganme la verdad, ¿A quién no le gusta subir fotos bonitas a sus redes?

Deja que te diga que lo que publico, no es más que mi vida actual. Pero antes de decirme que tengo la vida perfecta, quisiera decirte que no, no la tengo y todo lo que hago requiere de un gran esfuerzo (por no utilizar otra palabra mayor)

Detrás de cada foto, hay miles que salieron mal. Detrás de cada video hay uno de mis hijos diciendo “Mamá quiero hacer popó” (o algo similar). Detrás de cada post, hay interminables espacios que no me dejan terminarlo. Detrás de cada comida, hubieron varios fracasos hasta que la receta salió bien. Detrás de un producto promocionado, hay una negociación que haga valer el trabajo que estoy realizando. Detrás de cada toma de mis hijos haciendo manualidades o repostería, estoy yo traumada por todo lo que están tirando pero hey...están haciendo algo productivo ¿no?, etc.
Y así son las redes sociales.

Gracias por las veces que me dices “Te admiro, tu sola, yo no podría” o “¿Cómo logras hacer todo eso? “Wow yo quiero cocinar como tu” y muchas más. La realidad es y como te lo dije anteriormente, UN GRAN ESFUERZO. Para mi y para todas las que escribimos.
Si ves publicaciones de nosotras, no es porque todo nos salga bien a la primera. Algunas cuentan con ayuda en casa; otras tienen hijos grandes que se entretienen solos; otras hijos que pasan la mitad del día en la escuela y ahí aprovechan; otras escriben de noche cuando los hijos ya se han dormido y otras escriben con los hijos encima.

No te dejes llevar por lo que ves en las redes sociales, no sabes todo lo que hay detrás.  Es muy bonito tener personas que son fuente de inspiración o de motivación, pero nada en esta vida llega sola  y si, muchas tienen la suerte de contar con un gran equipo para sus publicaciones, presupuesto para sus fotos, patrocinadores para sus sorteos y tal vez lo que visten o con lo que juegan sus hijos; pero aún así, son personas que se mueven, buscan contactos, trabajan y andan buscando temas nuevos de interés para ti; como quien dice también hacen su luchita.

Las redes sociales han llegado a ser una herramienta muy útil, pero también un arma de doble filo y hay que tener mucho cuidado con lo que vemos y leemos.
Y así como me decía mi mamá "No todo lo que brilla es oro" Ahora entiendo por qué.

Por lo pronto yo te sigo compartiendo por aquí  y créeme que lo disfruto bastante.

Atte:
La mamá “Perfecta”

¡Pero si a todos los criaron igual!

Cuando yo era más joven o sea pre-hijos, a veces pensaba en cómo es que si mis papás nos educaron igual a mis hermanas y a mi, las tres resultamos tan diferentes. Ahora que soy post-hijos me queda claro que esto no sucede así.

Hace unos días, me estuve desahogando con mis seguidores en Instagram y les conté que estaba pasando por una racha, en donde sentía que traía “atravesado” a uno de mis hijos. Me sentía muy mala madre por tener ese tipo de sentimientos, pero aún amando a nuestros hijos de la forma desinteresada e infinita que lo hacemos, ellos son personas también y es normal que hayan roces entre padre-hijo.
Lo estuve analizando por un par de días, porque a veces siento que estoy perdiendo conexión. Siento que no logro interpretar lo que no me dice directamente y no se cómo tomar acción.

Ciertamente nosotros somos los adultos, los que nos debemos de comportar y los que sabemos controlarnos.
Pero también es verdad que no nacemos sabiendo cómo ser padres y para llegar a tener una crianza balanceada, se tiene que recorrer un buen camino.

En alguna ocasión le hice la observación a mis esposo, de que yo sentía que éramos mucho más estrictos con uno de nuestros hijos en particular; y si, la verdad es que si, si lo somos porque su personalidad es más intensa, libre y debemos de tenerle “la cuerda” un poco más corta porque sino se nos escapa.
Así es la crianza con los hijos. Todos son diferentes y no necesitan la mismas cosas. Claro que para nosotros como padres, es mucho más fácil aplicar lo mismo para todos y aquí me viene a la mente el dicho de “O todos coludos o todos rabones” pero luego, ahí andamos batallando porque no vemos el mismo resultado con todos.

Lo importante y básico que nosotros como padres debemos de aplicar con todos nuestros hijos es lo siguiente:

Ser un buen rol a seguir. Siendo nosotros los pilares de nuestro hogar, nuestros hijos copian todo lo que ven en él. Es increíble como ellos imitan (aunque no se den cuenta) nuestras expresiones, nuestro lenguaje no verbal y mucho más. Ser un ejemplo a seguir es algo imposible de evitar, así que tratemos de que ellos sigan nuestro mejor ejemplo.

Enseñarles la empatía. Creo que esta habilidad es algo que mientras más pequeños la desarrollen, mejor; tampoco nunca es tarde para hacerlo. Les ayuda a ver el mundo con otros ojos y también a ser más compasivos.

Enseñarles buenos modales. “Por favor”, “Gracias” son palabras tan sencillas pero que pueden hacer la diferencia. Mantener limpio y recogido nuestro espacio es ideal jaja pero como padres es algo que nos cuesta trabajo lograr en nuestros hijos, sin embargo si lo comenzamos a enseñar desde pequeños, puede ser un hábito que desarrollen y mantengan en su vida adulta.

Siempre explicar el por qué de nuestras acciones. ¿Recuerdas el típico “Porque soy tu madre y lo digo yo”? Bueno, en mi casa una de mis hijas una vez me dijo “Mami, esa no es una respuesta” y tiene razón. Trata de explicar por qué van a hacer algo o la consecuencia de alguna acción (ya sea buena o mala), así ellos desarrollarán una noción de lo que está sucediendo o va a suceder y todo lo que conlleva.

Enseñarles nuestros valores. Respeto al prójimo pero en especial a los mayores. Ser amables y pensar en los demás.  Los valores que se viven en tu hogar y que quieres que tus hijos mantengan cuando crezcan.

Enseñarles a ser agradecidos. Es muy diferente ser agradecido a forzarlos a que den las “Gracias”. Aunque introducir esa palabra desde muy pequeños ayuda, el ser agradecido es un sentimiento que ellos van desarrollando con el tiempo.
Va de la mano con el esfuerzo que ponemos en las cosas. Tal vez dentro de la rutina de la noche, podemos preguntarle a nuestros hijos de qué o por qué están agradecidos. O agradecerle a las personas que nos dan un servicio y hacen nuestra vida más fácil. Pequeñas acciones que hacen la diferencia. Ser agradecido es algo que se lleva en el corazón.

Amor y atención. Estos dos son como comida y agua para cualquier ser humano. Un niño que se siente amado y que se le dedica tiempo, crece siendo un niño seguro, con raíces fuertes y protegido.

Calidad antes de cantidad. Siempre he sido fiel a este lema. Todo en extremo es malo también. Cuando pasamos todo el tiempo con nuestros hijos, llega un momento en donde ya no disfrutamos; necesitamos un tiempo a solas, estamos cansadas y cuando eso pasa, se nos nubla todo. El tiempo que le dediquemos a nuestros hijos que sea de calidad. 5,10,15 los minutos que tu escojas, dedícalos al 100% con ellos. Desconéctate, hagan cosas juntos y que disfruten los dos. La idea es que los dos pasen un buen momento. Verás que con el tiempo, tus hijos entenderán cuándo es momento para qué y cuando toque su momento, se sentirán lo más importante para ti (que en realidad lo son, pero tu entiendes la idea)

Espero que estos tips te sean de ayuda.
No soy una experta, pero te comparto lo que a mi me funciona en nuestro hogar.

M.

 

 

Cuadritos de malvavisco con arroz inflado y chocolate

Mis hijos son amantes de estos deliciosos cuadritos de malvavisco, arroz inflado y chocolate.
La verdad es que los venden en todas partes, pero en esta ocasión los preparamos para un evento especial. El colegio de mis hijos invitó a todos los alumnos a que a través de diferentes iniciativas, lo ayuden a recaudar dinero. Enviaron a casa dinero prestado y durante las vacaciones, nosotros tenemos que hacerlo “crecer” a través de estas iniciativas.
Una amiga me dio la idea de cocinar algo y enviarlo a la oficina de mi esposo, así que estos cuadritos seguro no pasan desapercibidos con el antojo de media mañana (o de la tarde).

Te comparto la receta y no se te olvide compartirnos tus fotos si te animas a prepararlos también.

12 porciones

Necesitas:

1 Molde cuadrado de 20x20 engrasado

1 Espátula

1 Sartén profundo

Papel encerado

Ingredientes

50grs de mantequilla

200grs de malvaviscos

150grs de arroz inflado

1cda de esencia de vainilla

300 grs de chocolate de repostería obscuro

Preparación

En un sartén derrite la mantequilla.

Agrega el malvavisco y con movimientos envolventes, mezcla con la mantequilla líquida.

Revuelve poco a poco a fuego lento hasta que el malvavisco se haya derretido completamente.

Agrega la vainilla.

Agrega el cereal.

Retira el sartén de la estufa y mezcla todos los ingredientes de forma envolvente para no romper el cereal.

Vierte la mezcla sobre el molde cuadrado y con ayuda del papel encerado, aplasta para que todo quede nivelado.

Refrigera por 10 minutos.

Aparte, derrite el chocolate a baño maría o poco a poco en el microondas, revolviendo para que no quede ningún grumo.

Sobre la superficie de la mezcla del cereal y malvavisco, vierte el chocolate y con una espátula, esparce de manera que quede uniforme.

Refrigera por 10 minutos.

Corta en cuadritos (9) o rectángulos (12)

Guarda en un recipiente con tapa.

 

 

 

 

Mi hijo tiene varicela

Hoy en la mañana como todos los días, amanecimos y mi hijo se fue directo a bañar con mi marido.
Fue inevitable ver unos puntos rojos por su pequeño torso, algunos planos y otros de plano con ampollas. Él estaba perfectamente bien, pero una como madre sabe cuando algo no está bien.

Mi hijo tiene varicela.

Antes de que se alteren, quisiera decirles que aquí en Inglaterra donde vivimos, la vacuna de la varicela no es común. No entra en las vacunas obligatorias en los niños y sólo un pequeño porcentaje de la población se vacuna de manera privada. A eso, le añado que han habido muchos casos en donde la vacuna sólo previene que el virus de la varicela ataque de forma más agresiva.
Tengo un debate personal si debí de habérsela puesto a mis hijos. Por un lado escucho historias de que puede volver a dar y en el caso de mis hijas, me da mucho miedo que suceda estando embarazadas.

Aún así los doctores recomiendan que todos los niños se vacunen contra este virus. Pero al final es una decisión que es de los padres porque no es obligatoria.

¿Sabes qué es la Varicela?

La varicela es una infección que proviene del virus Varicela Zoster. La mayoría de los casos se dan en los niños menores de 10 años, pero fácilmente los adultos que no la hayan contagiado antes (y que no tengan la vacuna), lo pueden hacer a cualquier edad.

Es muy fácil de detectar. Se presenta por un salpullido que después se convierten en ampollas llenas de un líquido transparente. Después de un par de días se van convirtiendo en costras y puede tardar entre una o dos semanas en desaparecer.
Normalmente aparece primero en el torso y después se va expandiendo por el resto del cuerpo. Inclusive dentro de la boca, párpados y hasta la zona genital.
Se esparce fácilmente si se mantiene contacto con alguien que tenga aún las ampollas. De hecho el virus puede ser esparcido 1-2 días antes de la aparición de dicho salpullido.

Dentro de los síntomas también se pueden encontrar

Fiebre
Cansancio
Falta de apetito
Dolor de cabeza

¿Qué hago si mi hijo o yo estamos contagiados?

Lo primero que tienes que hacer es una evaluación de un doctor o pediatra. Los síntomas visibles son difíciles de pasar por desapercibidos.
Por el nivel de contagio, es recomendable que no vayan a lugares cerrados donde hayan niños, mujeres embarazadas o personas con el sistema inmunológico débil. Así que de ser posible, tomarse unos días sin ir a la escuela o al trabajo.

La mayoría de las personas una vez que se contagian de varicela, quedan inmunes de por vida; sin embargo hay algunas otras que pueden contagiarse de nuevo y esto es por contar con un débil sistema inmunológico.

Si ya tu doctor confirmó el virus, no hay mucho que se pueda hacer en cuestión de medicamentos que la quiten. Sin embargo hay algunas prácticas caseras y productos que pueden ayudar a que la picazón no sea tan fuerte.

Las lociones que contienen calamina y las cremas que contienen avena ayudan mucho con la comezón.

Baños con avena para refrescar y humectar la piel, así como para bajar la fiebre.

Mantener las uñas cortas para que no lastimarse en caso de rascarse.

Paracetamol para bajar la temperatura corporal.

Procurar no exponerse al sol para que las marcas del salpullido no se queden como cicatrices.

El ibuprofeno y la aspirina pueden ser muy dañinos. Administrar estas medicinas cuando se cuenta con varicela, se ha visto ligado al síndrome de Reye, que es una enfermedad que afecta el hígado y del cerebro.

Este virus normalmente dura aproximadamente dos semanas y aunque es muy molesto, es algo que con buenos cuidados en casa, se puede volver tolerable.

Recuerda estar en constante contacto con tu doctor o pediatra. Si ves alguna anomalía en el salpullido, si hay temperaturas muy altas o alguna otra anomalía, no dudes en buscar ayuda especializada.

Para más información visita  Centers for disease control and prevention