Qué pasa con mamá cuando los hijos crecen

No tienen idea de cuánto trabajo me ha costado escribir esto.

Para las que aún no me conozcan, les hago un resumen de mi maternidad.
Me convertí en madre hace poco más de 7 años; planeamos a nuestra segunda hija y 5 meses después de que ella nació, de la nada nos enteramos que estaba embarazada otra vez.

De ahí en adelante, mi mundo giró alrededor de estas pequeñas personitas.

Ser madre en el extranjero, como ya lo he platicado antes, puede ser muy complicado, sobretodo si no tienes familia cerca. En muchos países, no se acostumbra enviar a los niños a una guardería de no ser porque los padres trabajan y estas son muy caras. Aquí el pre escolar comienza hasta los 3 años y solo unas cuantas horas a la semana. Por ende, los niños pasan mucho tiempo con sus madres.
Los llevamos a todas partes y aunque es lindo pasar tiempo con nuestros hijos, hay veces que para algunas, esto puede ser muy abrumador.

Este año después de que me convertí en madre por primera vez, tenderé todas las mañanas libres para hacer lo que yo quiera…
…y la verdad es que NO se qué hacer.

Estoy entrando a una etapa de mi vida que nunca había experimentado.
Los tiempos han cambiado, pero yo también he cambiado. Aunque soy Melissa, en realidad soy Melissa madre de 3, esposa de 1 y responsable de una casa y todo lo que esta conlleva.

Cuando los hijos se van, es muy duro para las mamás. Si, por un momento brincamos de felicidad gritando “Libre soy, libre soy”; pero la realidad es que muchas enfrentan la soledad y eso aunque por un momento se disfruta, después se vuelve vacía.
A esto se le llama Síndrome del nido vacío. Y aunque la mayor parte del tiempo las madres somos las que lo sufrimos, los padres lo pueden sentir también. Cabe recalcar, que este síndrome es más enfocado a cuando los hijos abandonan el hogar definitivamente, pero se puede aplicar a cuando crecen y se vuelven más independientes.

Por eso yo creo que también es un momento de re encontrarse.
¡RE ENCONTRARME...pero si nunca me he perdido! Bueno, aunque no lo crean, si. No somos las mismas. Ni de cuanto éramos solteras, ni cuando decidimos compartir la vida con alguien más (para las que lo hicieron) y MENOS después de convertirse en madre.

Todo cambia, el cuerpo, las responsabilidades, las prioridades TODO.
Pasamos de ser X, a ser la mamá de Y y poner sus necesidades antes que las nuestras.

¿Alguna vez fantaseaste con qué harías si tuvieras un poco más de tiempo cuando tus hijos ocupaban todo tu tiempo? Bueno ahora es el momento.

¿Pero qué pasa si no sabes qué hacer como yo?

Bueno, me cuesta decirlo, pero a veces creo que no he encontrado lo que me llene realmente.
Algo que me haga sentir realizada y que al mismo tiempo aporte a la comunidad. No tengo ni la remota idea de qué puede ser eso.

Lo que si te puedo recomendar, son algunos puntos para que puedas salir adelante y no mueras en el intento. Los podemos intentar juntas.

Primero reconoce tu pena. Es normal sentirse así, es una especie de pérdida.
Descansa y tómate tu tiempo. No te apresures a comprometerte a algo hasta que ya tengas un balance.
Retoma actividades que hacías antes y te gustaban (tal vez todavía las puedes disfrutar)
Busca alguna actividad nueva que se lleve a cabo cerca de donde vives.  Nunca sabes si pueda gustarte y encuentres un nuevo hobby.
Busca un voluntariado ya sea en la escuela de tus hijos, en algún sanatorio o en donde tu sientas que puedas ser de gran ayuda.
Haz ejercicio. Mantén tu mente ocupada.
Estudia algún curso que sea de tu interés. No tiene que ser universitario.
Sal con amigas que estén en la misma situación que tu.  Tal vez juntas, el tiempo sea más divertido.

Algo que he aprendido conforme pasa el tiempo, es que este sentimiento se terminará en cuanto nos adaptemos a nuestra nueva rutina. Así que a ponernos manos a la obra y a volver a re encontrarNOS.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace años que tuve que ponerle a mi vida profesional una mega pausa, ni siquiera se si lo que aprendí todavía sirve.

¿Por qué poner límites es bueno?

Cuando mis hijos salieron de vacaciones de la escuela, los llevé junto con varias mamás a un lugar de nieves, waffles y demás postres.
Lo venía planeando desde hace varias semanas, porque ya es tradición hacerlo cada que tienen vacaciones.

Llegamos y nos sentamos en una mesa larga hasta el final del lugar. Esta mesa, estaba justo a lado de la puerta trasera que daba a la calle y que por desgracia la tenían abierta porque hacía mucho calor.
Ya conocen a los niños como son, una vez que se terminan su comida se quieren parar de la mesa e irse a jugar. Esta ocasión no fue la excepción y una vez que algunos terminaron, querían hacer algo más, aún y cuando no todos los niños y las madres habían terminado.

Siento yo que cuando los niños están pequeños, se puede excusar la tolerancia que estos tienen a permanecer “quietos” en un mismo lugar ¿No?, pero cuando tienen 7 casi 8 años creo que ya se pueden entretener con algo en la mesa, ya sea dibujando, platicando o (malamente) viendo una Tablet o el teléfono.

Bueno para no hacer el cuento largo, algunas de las niñas se empezaron a salir del restaurante y ya saben, una hace algo, la otra la sigue y de repente la mayoría ya estaban afuera. Para mi sorpresa, mis hijos fueron a preguntarme si ellos podían salir a lo cual les dije que no.
Lo que más me llamó la atención es que algunas de las madres, no le dieron importancia a la situación; ellas seguían adentro platicando y conviviendo. Cabe recalcar que ellas tienen una hija de 7-8 años, yo tengo tres que aún requieren de supervisión y aún así no era una zona para estar jugando afuera. No le iba a decir a niños ajenos que se metieran y menos cuando sus mamás estaban ahí.
Ni siquiera se inmutaron de que yo realmente estaba estresada y que en vez de estar adentro conviviendo, disfrutando mi comida, estaba esquinada, cuidando a mis hijos que no se bajaran las escaleras que dan al estacionamiento abierto, que da a la calle por donde está pasando gente (y no la más fina), porque ellos querían estar jugando con sus hijas.

La verdad es que yo estaba molesta, hasta que a una mamá se le prendió el foco y fue a llamarlos para que metieran a platicar a las mesas de a lado (¡Sanos y salvos, gracias!)  No tengo ni idea de lo que dijo, pero una vez que lo dijo las otras llamaron a sus hijas para que se metieran también.

Y bueno ahí me dejó pensando en todas las veces que yo he visto cómo los papás no ponemos límites ante ciertas situaciones y que puede afectar a la familia y a los que nos rodea.
No quiero pecar de exagerada, pero en un descuido algún niño se pierde o se lo roban o se lastima y todo porque no ponemos límites y no les queremos decir que no.

Poner límites es bueno tanto para los padres como para los niños.

Aunque no creas, le da un sentimiento de seguridad a los niños y también les ayuda a saber lo que se espera de ellos ( y lo que no).

Poner límites y que nuestros hijos los entiendan no es algo que tiene resultados inmediatos.

Por eso te comparto algunos puntos muy importantes que debemos de tener presentes para que los límites sean efectivos.

  • Rutinas y reglas. Así nuestros hijos sabrán lo que se tiene que hacer y lo que sigue.
  • Se claro pero realista, de esa forma ayudará a que el niño no tome una actitud defensiva.
  • Echa porras y agradece cuando hacen algo que se espera de ellos.
  • Si te ayuda, mantén una tabla de responsabilidades o una lista y repásala con tus hijos marcando las que si han hecho y echando porras.
  • Las consecuencias deben de ser lógicas, razonables y claras.  El objetivo es alejarlos del mal comportamiento. Ofrecerles una alternativa puede ser una idea.
  • Se constante y firme con actitudes. Eso no quiere decir que seas un tirano. Cuando nos enojamos la situación se ve comprometida (me consta) Un ejemplo. Cuando vamos casa de alguna amiga, si la mamá dice que no pueden ir arriba no pueden ir arriba y siempre va a ser así. Simple sin enojos (aunque ellos lo pidan 122523435352 veces)
  • Por último, se que a veces es muy difícil explicar el por qué de las cosas, igual por la edad a veces no lo comprenden; pero trata de explicar el por qué, así ellos entenderán y no se quedarán con un “porque si” o “porque lo digo yo”

Todo esto es un proceso diario y hay muchas más herramientas para tener una crianza más positiva en casa. Como todo requiere paciencia y trabajo en equipo.

Te invito a que sigas leyendo en el blog, seguro encuentras algo de ayuda.

M.

 

 

 

NO NO NO. Alternativas para reemplazar el NO con tus hijos.

¿Mi amor quisieras comer esto? NO
¿Qué te parece si hacemos esto? NO
Pero…NO, y si mejor…NO, qué te…NO

Así es, parece que la palabra de moda en esta casa es NO.

¿Me frustra? Por supuesto. ¿Siento que pierdo la paciencia? Desde luego. Hay veces en los que ni puedo terminar la pregunta o la frase.
Pero al parecer es algo más normal de lo que yo pensaba. Y ahora me toca vivirlo con mi tercer hijo.

Dentro de mi frustración se me ocurrió preguntar si era algo más de niños, porque con mis hijas nunca experimenté esto. Claro que me dijeron que no era algo de género y que era muy normal. Hasta aquí todo muy bien.
Pero también me dijeron que era porque “Escucha la palabra NO muy seguido en casa” y eso me llevó a preguntarme ¿Por qué siempre la gente culpa a la primera a los padres?

Pues no, y aunque se lea redundante, no es que lo escuchen seguido en la casa y te voy a decir por qué.

Frecuentemente se nos olvida que los niños son personas independientes y que llega un momento en su vida, donde ellos ya se sienten con la seguridad de tomar una decisión.
Les da poder y ese sentimiento de control. Y aunque nosotros a veces inconscientemente pensamos que tenemos control sobre ellos, la realidad es que no es cierto.

Por supuesto que para nosotros los padres puede llegar a ser irritante. Me pregunto yo, ¿Cuántas veces podría aguantar que me contesten NO sin perderlo? Pero antes de verlo como una amenaza, es mejor verlo como una oportunidad para mejorar la comunicación con ellos.

Obviamente influye mucho lo que escuchen en casa y hay algunas alternativas para reemplazar la palabra. Si, hay momentos en donde no puedo evitar decir NO. Como: “¿Me puedo meter a la alberca a las 7pm (cuando mañana hay colegio)?” o “¿Me puedo comer el postre aunque no quiera comer la comida?” o “¿Te puedo ayudar a poner las cosas en la estufa y calentarlas?”
Lamentablemente a todas ellas y a muchas otras, siempre es un NO, pero no un NO reluctante, siempre trato de darles una respuesta más amplia explicando por qué NO de manera que la entiendan. Y siempre lo hago así desde el día que mi hija me dijo “PORQUE NO no es una respuesta”.

No te voy a mentir, cada vez que me dicen que no me hierve la sangre y me dan ganas de decirles que así no se le contesta a un adulto, pero si a mi no me gusta que me digan que NO, a ellos obviamente que tampoco.

Aquí te comparto algunas alternativas para cuando necesitas decir NO.

  1.  A lo mejor lo podemos intentar en otro momento.
  2. Por favor para/detente
  3. Mira, déjame enseñarte cómo se hace
  4. Esto no es lo que habíamos acordado, ¿te acuerdas?
  5. Entiendo que quieras hacer eso, pero es muy peligroso y no quisiera que te lastimaras.
  6. Vamos a intentar hacer otra cosa, ¿cómo ves?
  7. ¿Cuál es la regla sobre esto?
  8. Entiendo que quieras hacerlo pero por el momento no podemos por…
  9. Se que es divertido pero no es una buena idea por…
  10. ¿Hay alguna otra forma de hacerlo?
  11. Ahorita no tenemos momento para...porque…
  12. Lo que estás haciendo lo/la está lastimando, por favor para/detente.
  13. Si, esa puede ser una opción, intenta de nuevo.
  14. Por favor escoge otra palabra.
  15. Por favor usa tus palabras.
  16. Está bien sentirse así, pero…

Recuerda, la clave en una crianza positiva es el respeto, la claridad en la comunicación y consecuencias.

M.

 

¿Por qué las mamás nos sentimos culpables?

Hace un par de semanas tuvimos accidente en casa.
Mi hijo estaba saltando en el trampolín con más gente y mojado. Cuando trató de salirse se resbaló y literal voló. Con la escalera se pegó en la cara y aterrizó con la cabeza.
Obviamente todo tenía que pasar cuando estaba yo a un par de metros de él y todo lo vi en cámara lenta (al menos así lo sentí). Lo levanté,  instantáneamente le sobé la nuca pensando que si tenía un golpe mayor eso de alguna manera le iba a ayudar y me lo llevé adentro para revisarlo.

Estaba sangrando de la nariz y llorando sin parar.
Una vez que le limpié toda la sangre y logré calmarlo, marqué al número de no-emergencia que hay aquí en Inglaterra. Me asusté muchísimo porque mi hijo se estaba quedando dormido, su cuerpo suelto y yo en el teléfono sólo esperando instrucciones. Terminando le llamé a mi esposo para explicarle lo sucedido y bajo las instrucciones de la persona en el teléfono, me preparé para llevarlo al hospital.

Mi hijo despertó fresco como una lechuga y sólo pedía a su papá. Así que cuando papá llegó, se lo llevó al hospital y yo me quedé en casa de mi amiga para que mis hijas terminaran de merendar.

Cuando regresé a la casa y acosté a las niñas para dormir, una vez estando sola con mis pensamientos, me empezó a invadir la culpa.
¿Por qué no lo llevé yo, si él estaba conmigo y yo vi todo lo que pasó? ¿Por qué me quedé en casa de mi amiga como si nada hubiera pasado? ¿Por qué no me iba a mi casa a esperar a que me avisaran que todo estaba bien?
Llegó mi marido con mi hijo después de un rato y gracias a Dios solo fue el susto. Él estaba bien pero aún así durmió esa noche en nuestra cama.

Ya más noche, mis amigas me escribieron para preguntar cómo estábamos, y fue ahí donde les dije que estaba sintiendo la culpa.
Todos esos monstros que nos hacemos en nuestra cabeza y que nos hacen dudar y cuestionarnos sin lo hicimos bien, si no hicimos suficiente, si debimos de haberlo hecho diferente, entre muchas otras cosas más.

Me calmaron y me dijeron que mi esposo y yo somos un equipo y que así como él lo llevó, yo tenía que asegurarme que mis hijas estuvieran bien también. Pero eso mi cabeza NO lo veía.

Cuando nace un hijo, nace una madre y también nace la culpa. Es algo de lo que no te cuentan en todos los cursos profilácticos ni nada por el estilo.
Hoy en día nosotras las mujeres queremos hacer muchas cosas. Nos preparamos profesionalmente y queremos ejercer un buen tiempo, queremos subir de nivel, queremos ser madres, queremos que nuestros hijos coman bien y completo, queremos ayudar en la escuela, queremos salir y tener vida social, necesitamos un espacio para nosotras, queremos reencontrarnos con nuestro yo, etc. Pero…el día sólo tiene 24 hrs y nos sentimos mal por no hacer más.
Es más, a veces nos sentimos culpables por no sentirnos culpables.

Pero está bien sentirnos culpables de vez en cuando. Indirectamente lo sentimos porque queremos a nuestros hijos y nos preocupamos por ellos. Queremos lo mejor para ellos y nos lleva a exigirnos mucho…de más diría yo.
Pero todas estamos haciendo lo mejor que podemos para ellos.

Hay algunas cosas que podemos hacer para no sentirnos culpables (o al menos no tanto)

Aceptación. Hay muchas cosas que podemos hacer, pero tenemos que aceptar que no podemos hacer muchas otras. Haz bien lo que sabes hacer. Sácale provecho.

Comparación. Todas hacemos las cosas diferentes y todas tenemos resultados diferentes. A algunas les sirve algo y a otras les sirve otra cosa. Deja de compararte. Tu eres única.

Exigencia. No te exijas de más, tu sabes hasta dónde puedes llegar o hacer. Es mejor hacer bien una cosa, que hacer 5 a la mitad.

Practica afirmaciones positivas.  Hay muchos pensamientos que podemos llevar a cabo justo al iniciar el día; estos pueden ayudar a darnos tranquilidad, armonía y darnos un sentido de poder. Intenta “ Yo soy fuerte, hago lo mejor que esta en mis manos, estoy muy agradecida por, tengo salud, mis hijos están sanos, fuertes y felices”

Perdónate.Cuando logramos perdonarnos, nos quitamos un peso invisible de encima. Nos ayuda a seguir adelante. Aunque casi creo seamos superhéroes, también somos humanos y tenemos el derecho a equivocarnos y hacer las cosas bien de nuevo. Los errores son una buena oportunidad para aprender, crecer y hacerlo mejor a la próxima.

Y recuerda.

No existe la mamá perfecta, pero si hay millones de maneras de ser una mejor madre.

 

 

¡Pero si a todos los criaron igual!

Cuando yo era más joven o sea pre-hijos, a veces pensaba en cómo es que si mis papás nos educaron igual a mis hermanas y a mi, las tres resultamos tan diferentes. Ahora que soy post-hijos me queda claro que esto no sucede así.

Hace unos días, me estuve desahogando con mis seguidores en Instagram y les conté que estaba pasando por una racha, en donde sentía que traía “atravesado” a uno de mis hijos. Me sentía muy mala madre por tener ese tipo de sentimientos, pero aún amando a nuestros hijos de la forma desinteresada e infinita que lo hacemos, ellos son personas también y es normal que hayan roces entre padre-hijo.
Lo estuve analizando por un par de días, porque a veces siento que estoy perdiendo conexión. Siento que no logro interpretar lo que no me dice directamente y no se cómo tomar acción.

Ciertamente nosotros somos los adultos, los que nos debemos de comportar y los que sabemos controlarnos.
Pero también es verdad que no nacemos sabiendo cómo ser padres y para llegar a tener una crianza balanceada, se tiene que recorrer un buen camino.

En alguna ocasión le hice la observación a mis esposo, de que yo sentía que éramos mucho más estrictos con uno de nuestros hijos en particular; y si, la verdad es que si, si lo somos porque su personalidad es más intensa, libre y debemos de tenerle “la cuerda” un poco más corta porque sino se nos escapa.
Así es la crianza con los hijos. Todos son diferentes y no necesitan la mismas cosas. Claro que para nosotros como padres, es mucho más fácil aplicar lo mismo para todos y aquí me viene a la mente el dicho de “O todos coludos o todos rabones” pero luego, ahí andamos batallando porque no vemos el mismo resultado con todos.

Lo importante y básico que nosotros como padres debemos de aplicar con todos nuestros hijos es lo siguiente:

Ser un buen rol a seguir. Siendo nosotros los pilares de nuestro hogar, nuestros hijos copian todo lo que ven en él. Es increíble como ellos imitan (aunque no se den cuenta) nuestras expresiones, nuestro lenguaje no verbal y mucho más. Ser un ejemplo a seguir es algo imposible de evitar, así que tratemos de que ellos sigan nuestro mejor ejemplo.

Enseñarles la empatía. Creo que esta habilidad es algo que mientras más pequeños la desarrollen, mejor; tampoco nunca es tarde para hacerlo. Les ayuda a ver el mundo con otros ojos y también a ser más compasivos.

Enseñarles buenos modales. “Por favor”, “Gracias” son palabras tan sencillas pero que pueden hacer la diferencia. Mantener limpio y recogido nuestro espacio es ideal jaja pero como padres es algo que nos cuesta trabajo lograr en nuestros hijos, sin embargo si lo comenzamos a enseñar desde pequeños, puede ser un hábito que desarrollen y mantengan en su vida adulta.

Siempre explicar el por qué de nuestras acciones. ¿Recuerdas el típico “Porque soy tu madre y lo digo yo”? Bueno, en mi casa una de mis hijas una vez me dijo “Mami, esa no es una respuesta” y tiene razón. Trata de explicar por qué van a hacer algo o la consecuencia de alguna acción (ya sea buena o mala), así ellos desarrollarán una noción de lo que está sucediendo o va a suceder y todo lo que conlleva.

Enseñarles nuestros valores. Respeto al prójimo pero en especial a los mayores. Ser amables y pensar en los demás.  Los valores que se viven en tu hogar y que quieres que tus hijos mantengan cuando crezcan.

Enseñarles a ser agradecidos. Es muy diferente ser agradecido a forzarlos a que den las “Gracias”. Aunque introducir esa palabra desde muy pequeños ayuda, el ser agradecido es un sentimiento que ellos van desarrollando con el tiempo.
Va de la mano con el esfuerzo que ponemos en las cosas. Tal vez dentro de la rutina de la noche, podemos preguntarle a nuestros hijos de qué o por qué están agradecidos. O agradecerle a las personas que nos dan un servicio y hacen nuestra vida más fácil. Pequeñas acciones que hacen la diferencia. Ser agradecido es algo que se lleva en el corazón.

Amor y atención. Estos dos son como comida y agua para cualquier ser humano. Un niño que se siente amado y que se le dedica tiempo, crece siendo un niño seguro, con raíces fuertes y protegido.

Calidad antes de cantidad. Siempre he sido fiel a este lema. Todo en extremo es malo también. Cuando pasamos todo el tiempo con nuestros hijos, llega un momento en donde ya no disfrutamos; necesitamos un tiempo a solas, estamos cansadas y cuando eso pasa, se nos nubla todo. El tiempo que le dediquemos a nuestros hijos que sea de calidad. 5,10,15 los minutos que tu escojas, dedícalos al 100% con ellos. Desconéctate, hagan cosas juntos y que disfruten los dos. La idea es que los dos pasen un buen momento. Verás que con el tiempo, tus hijos entenderán cuándo es momento para qué y cuando toque su momento, se sentirán lo más importante para ti (que en realidad lo son, pero tu entiendes la idea)

Espero que estos tips te sean de ayuda.
No soy una experta, pero te comparto lo que a mi me funciona en nuestro hogar.

M.

 

 

Cuando nace un bebé, también nace una mamá

Hoy en casa celebramos 7 años de vida de mi primera hija.

La verdad es que cuando alguien de la familia cumple años, me pongo algo sentimental y es que a veces siento que los años se me pasan como agua por las manos.

Pero fuera de sentimentalismos, me da mucha risa lo chistosas que somos las mamás cuando de festejar a nuestros hijos se trata.

Recuerdo cuando iba a ser el primer festejo de mi hija, planee su fiesta por meses. Los detalles, la comida, los regalos de agradecimiento, la piñata en forma de #1, ¡Todo! Estaba tan emocionada, que jamás pensé en que ella no se iba ni a percatar de todo lo que estábamos preparando para ella. Más bien era una fiesta para mi jaja para mi primer año de mamá.

Cuando estamos embarazadas anhelamos con tanta ilusión conocer a nuestros pequeños.
Imaginamos su cara, sus facciones, expresiones, el color de su cabello, si se parecerá a nosotras o a su papá.
Nos cuidamos hasta de más. Comemos muy sano, a veces dejamos de comer ciertas cosas por no perjudicar al bebé o comenzamos a comer otras que normalmente no comeríamos.

Todo gira alrededor de ellos.

Preparamos todo lo que van a vestir; su habitación; todo lo que conlleva su alimentación; que si la almohada para lactar, el manto, la silla especial, etc. Su medio de transporte; todo lo relacionado con su seguridad e higiene y la lista jamás se termina.
Muchas nos preocupamos por la lactancia sin ni siquiera todavía llegar el bebé.
Vamos a cursos psicoprofilácticos y hasta aprendemos a cambiar un pañal con una muñeca.

Y sigue girando alrededor de ellos.

Pero cuando por fin llega el día…es un sentimiento que no hay palabras para describirlo.
Sea cual sea la forma de su llegada, pero la primera vez que lo ponen sobre tu pecho o en tus brazos todo cambia.
Es como comenzar de cero.
¿De verdad yo hice a ese pequeño ser?

Y para todas ese momento se detiene. Por que en ese momento también nace una mamá.

Algunas su instinto maternal lo tienen desde que nacen y otras lo van desarrollando junto con su hijos, pero una vez que todas llegan al mismo punto, su amor se vuelve infinito y desinteresado.

Hace 7 años yo me convertí en mamá por primera vez.
Ha sido hermoso y loco a la vez.
Sin duda el mejor Rol que he desempeñado hasta la fecha y el que más me ha costado.

Felicidades Luciana por 7 años de estar con nosotros. Tu me convertiste en madre y por eso te estoy infinitivamente agradecida. Contigo llegó esta nueva vida y junto con ella un sin fin de emociones.
Tu, junto con tus hermanos, hacen que esta familia sea aún más feliz.
Que Dios te siga iluminando con esa hermosa sonrisa y nos permita muchos años más junto a ti.

 

 

 

 

 

Por qué hacer amigas siendo mamá me regresó a mi época de secundaria.

Todas sabemos que cuando nos convertimos en madres, todo cambia, incluso nuestras amistades.

Muchas tienen la dicha de que sus amigas sean las mismas desde antes de ser mamás, pero hay otras que casi tienen que comenzar desde cero.

Toda mi vida pensé que era una persona extrovertida.
La verdad, es que no se me dificultaba estar a lado de una persona extraña y sacarle plática para romper el hielo. Pero ahora todo es diferente y creo que he vivido en una idea medio equivocada por vario tiempo ya.
Ahora, siento que no tengo plática que no sea de niños y muchas veces, casi puedo escuchar el grillo en mi cabeza por no saber cómo comenzar una plática (o continuarla en su defecto).

No es novedad decir que hacer nuevas amigas cuando eres madre es MUY difícil. Creo que durante nuestra vida pre-mamá, hacer amigos era más fácil. En la escuela, te juntabas con los de tu salón y al año siguiente te juntabas con los de tu nuevo salón. Tal vez te hacías amiga de las amigas de tus hermanas mayores (o menores también) En el trabajo, socializas con tus compañeros de departamento o del mismo piso, sales por unos tragos y nunca falta la comida de cumpleaños.

Pero una vez que te conviertes en madre, salir después de dar a luz es una odisea, que no debería de vivirse sola y muchas se encuentran allá afuera, en una “cacería” por compañía que puede ser muy agotadora emocionalmente.
Casi creo que se puede comparar cuando empiezas el proceso de “dating” o salir con alguien.

Una pensaría que el ser madres ya nos une por instinto (bueno, eso lo pensaba yo antes), pero en realidad no sucede así. Lo único que tenemos en común es haber dado a luz a un ser humano y conforme pasa el tiempo, podemos descubrir si hay algo más.

Me pasa con varias madres que cuando las veo o platico un poco con ellas, por dentro pienso “Somos muy parecidas, las dos con varios hijos, platicadoras, animadas, un caos, me pregunto por qué no somos amigas” Stalker tal cual. Y seguro ella puede estar pensando lo mismo, no lo se. Y aún así, una vez que nos despedimos, no nos dirigimos la palabra sino hasta que nos volvemos a topar.

No me malinterpretes, tengo amigas; no soy un hongo en la vida. Pero son amigas por aquí y por allá. Mi grupo más cercano somos 3. Una, nos conocimos por nuestros maridos y ahora hasta somos comadres y a la otra la conocimos por un grupo en Facebook. Y mis amigas de toda la vida, están en México y las veo sólo cuando voy de vacaciones, aún así estamos en constante contacto virtual.
Recuerdo muy bien cuando una amiga me dijo “Una vez que tus hijos vayan a la escuela, vas a conocer gente local, que tenga las mismas afinidades que tu y todo va a ser más fácil” Bueno, llevo dos años en etapa escolar con mis hijos y yo en cuestión de un grupo en la escuela, lo sigo sintiendo igual.

Creo que a esta edad tener un grupo es complicado y más considerando lo difícil que es organizarnos.
Fíjate con tus amigas pre-mamá. La vida va cambiando y entre colegio, clases en la tarde, compromisos aquí y allá, tampoco las reuniones son tan seguidas. Así como dice mi comadre “Esta vida de madre absorbe todo lo que tienes para el mundo”

Pienso que cuando te haces de amigas, todas por separado tienen algo que hace que se unan.
Está la amiga con la que te gusta ir a las zonas de juego o cafés;
Está la amiga con la que te gusta cocinar
Está la amiga con la que te gusta a pasear
Está la amiga con la que te gusta ir de compras;
Y así con muchas cosas más. Y está bien.

Pero TODAS estamos apenas arregladas o muy bien arregladas; con el horario volteado o bien organizadas; con el cabello recogido o todo alborotado por no haber alcanzado a peinarlo; preocupadas por que el crío está haciendo berrinches o caminando de largo pretendiendo que no lo conoce; hasta las narices de tarea o relajada porque es tarea del crio y no suya; metidas todo el día cocinando o hartas y decididas a comprar comida preparada; con la casa desordenada o toda recogida por tener obsesión por orden.
Sea lo que sea, todas siempre se preguntarán si lo están haciendo bien y muchas veces, informándose y buscando respuestas en el internet.

Te cuento esto porque he sido invitada a un “Girls night out” al bar de la colonia; por nada más ni nada menos que el grupo de mamás “fresas” del año de mi hija. La verdad a todas las conozco desde hace dos años ya y todas me caen bien por separado, pero en grupo me atrevo a decir que son nefastas, así como en secundaria, juntas para todas partes y que a nadie se le ocurra acercarse. En realidad tengo miedo.

Estas situaciones, creo yo, son algunas por las cuales todas pasamos en algún momento (y tal vez hayan más) y es por eso que pienso que es muy difícil hacer amigas una vez siendo madre.
Pero no te preocupes y así como dice el dicho "Siempre hay un roto para un descosido" y verás que en menos de lo que piensas, ya han®as congeniado con una nueva amiga.

¿Coincides conmigo? ↓

Tu cabeza está en todo y a veces en nada.

Las madres somos muy sensibles a todo el tema de la maternidad. Lo último que queremos es que otra madre nos diga que no lo estamos haciendo de la mejor forma, nos juzguen, etc. Al fin y al cabo todas somos la mejor madre de hijos ajenos y aunque no lo aceptemos, todas juzgamos.

Ves a las mamás de la escuela, las que siempre están juntas y piensas que te gustaría formar parte de ese grupo.

Si eres distraída, apenas te das cuenta de la cara de las otras mamás y muchas veces te cuesta trabajo reconocerlas fuera de la escuela.

Llegas a una etapa nueva, a un sitio nuevo, donde no conoces a nadie y tienes que comenzar desde cero a hacerte de nuevas caras. (Otra vez entra lo distraída)

Cuando te vas a vivir a otro lado, lo primero que te dicen es “Yo tengo una amiga que vive allá, tiene hijos también, debes de conocerla”

Si vives en el extranjero a veces cuesta trabajo hacerte de nuevas formas y acostumbrarte a la modos de socializar de la nueva cultura.

Es muy importante tomar en cuenta que cuando haces amigas madres, una cosa es que la mamá te caiga bien, pero también aplica al hijo y viceversa. A esas madres que solo ellas te caen bien, recomiendo verlas sólo por las noches o en fines de semana que los niños se quedan con el papá.

Invitas a un playdate, a todos los niños que tus hijos mencionan y que tu crees que juegan muy bien en la escuela. Tu casa está llena de niños, siempre tienes los snacks más ricos (aunque a las madres no les guste) ellos juegan de maravilla y piensas que en algún momento las madres te van a regresar la invitación y te quedas los siglos de los siglos esperando.

No a todas las madres se les da el hogar, no les gusta recoger y evitan a toda costa los playdates. Son de las que piensan “Para mi es un martirio recoger los tiraderos de MIS hijos, imagínate de los que no son míos”

Cuando vas a las fiestas, los hijos son la excusa ideal para romper el hielo. Si nadie te habla, te entretienes con tus hijos, pero qué pasa cuando ellos son más grandes y te dejan sola como hongo cuando llegan a la fiesta. Te vas a la mesa de los snacks, intercambias alguna mirada con otras mamás, tal vez algún comentario; si te va bien se ríen, pero no pasa de ahí.

 

 

 

 

 

 

Nutrición especializada para preescolares

Como bien sabes en casa tenemos 3 niños menores de 6 años.
Como mamá una de mis principales responsabilidades, es que ellos estén alimentados de una forma sana y balanceada. Por eso diariamente llevo la tarea de informarme sobre los ingredientes que tiene todo lo que compro y a enseñarlos a comer bien.

No creas, ¡No ha sido fácil! Dos de mis hijos han sido muy especiales para comer. Con mi primera hija me preocupaba mucho, porque además de que no quería comer variado, comía muy poco y ahora con mi tercer hijo tiene la moda de que nada le gusta.
Así que como puedes leer, cada niño tiene una forma diferente y por eso es todo un reto para mi como mamá.

Leyendo encontré este artículo de nutrición que me pareció muy útil y quisiera compartírselos.


El Club de Nutrición de Nido nos platica que la infancia es la etapa de la vida ideal para aprender a comer de forma saludable con la guía de padres, cuidadores y profesionales de la salud.

Las necesidades energéticas de los niños pueden variar mucho y se recomienda respetar la sensación de saciedad o de hambre expresada por los propios niños. Una ración puede no ser suficiente para unos y en cambio ser demasiado para otros. Mientras que unos comen poco y tienen hambre cada dos horas; otros pueden ingerir cantidades mayores y esperar tranquilamente hasta la siguiente comida.

No todos los padres saben que es fundamental realizar una transición a dieta familiar que incluya la correcta nutrición en ésta etapa, ya que una inadecuada alimentación del niño en la etapa preescolar por la exposición a patrones alimentarios con excesos o deficiencias, tendrá influencia en su salud presente y futura. La energía y nutrimentos de la alimentación diaria deben ser suficientes y evitar deficiencias, pero sin excesos que ocasionen ganancias de peso y obesidad. Estos son los riesgos cuando el niño preescolar se incorpora a la dieta familiar sin la transición correcta en tipo y cantidad de alimentos.

El Comité de Nutrición de la Sociedad Europea de Nutrición y Gastroenterología Pediátrica (ESPANG) recomienda la utilización de leche especialmente diseñada para niños hasta los tres años, pero la mayoría de familias no la emplean y los niños pequeños en etapa preescolar en México no están cumpliendo con importantes recomendaciones de alimentación dirigidas a apoyar un crecimiento saludable, desarrollo y prevención de la obesidad. Actualmente existen en el mercado productos infantiles que ofrecen nutrición especializada, indicadas para niños a partir del año, ya que son el paso intermedio entre la leche de continuación y la leche líquida familiar, debido a que ésta última no es adecuada aún por ser insuficiente en hierro, zinc, vitamina A, C y E, e inadecuada en proteína y grasas.

La alimentación en el niño de uno a tres años ya es variada y la preparación y presentación de los alimentos y bebidas están cambiando, sin embargo se mantiene y debe vigilar el objetivo de evitar la deficiencia de nutrimentos.

Con base en los requerimientos a esta edad, se puede determinar qué alimentos y en qué cantidad se deben dar al niño: 1,000 kilocalorías como promedio de energía al día, de las cuales el 50 o 55% deben ser aportadas por carbohidratos, el 30-35% por grasas y 1 gramo de proteína por kg de peso con especial atención en las fuentes de calcio y al hierro.

Carbohidratos: energía para el desarrollo.

La preferencia por los alimentos dulces y energéticos está presente desde el nacimiento ya que es parte de la evolución del ser humano. Esta preferencia puede ser modificada o formada, pero no suprimida, y es fundamental encontrar el punto intermedio entre la correcta nutrición y el placer de comer. La glucosa es la fuente de energía indispensable para la vida ya que se requiere como combustible para los procesos metabólicos de todas las células del cuerpo.

Los azúcares son las fuentes de glucosa para todo ser humano, y en la alimentación infantil se encuentran generalmente en la leche materna y fórmulas a base de leche (lactosa), las frutas y los cereales, que en conjunto deben completar el 50-55% de la energía diaria para el niño.

Proteínas, calcio y hierro suficientes.

La leche continúa siendo en esta etapa uno de los pilares en la alimentación infantil por ser fuente de proteína y calcio, sin embargo su contenido de hierro no es suficiente. Por ello, las fórmulas de crecimiento adicionadas permiten proporcionar al niño nutrición especializada cubriendo necesidades nutricionales propias de su etapa, mientras que continúa su camino en la inclusión de otros alimentos que cubran sus requerimientos.

Salud digestiva y defensas con probióticos y prebióticos

No solo los nutrimentos de la dieta son indispensables para los niños en constante crecimiento y desarrollo. Una reciente revisión del Comité de Nutrición de la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN) establece que la adición de probióticos en las fórmulas de crecimiento puede tener efectos benéficos para la salud digestiva, disminución en el empleo de antibióticos e intensidad de cólicos.

Los prebióticos por su parte, son fibras que actúan como alimento para el crecimiento y función de las bacterias benéficas en favor de la salud del niño.

Muchos papás y mamás de hoy, saben que la nutrición en esta etapa debe recibirse tanto en casa como en la guardería, y además de las vitaminas y minerales que favorecen el sistema inmunológico, los probióticos y prebióticos fortalecen las defensas que necesitan al convivir con otros niños y otras personas.

En conclusión, una fórmula de crecimiento es la fuente completa de nutrimentos específicos y en las cantidades correctas para las necesidades de la etapa.

El estado de nutrición en los primeros años de vida es la base para un desarrollo completo y los conocimientos que aporta la ciencia son útiles para apoyar la promoción continua de pautas de alimentación basadas en evidencia para niños mexicanos jóvenes.

Te recuerdo que el Club de Nutrición es una herramienta de información muy útil. Aquí puedes encontrar un acceso directo a toda información que te acabo de compartir.

M.

Mamá no te enganches

Hace un par de días en casa tuve un altercado con mi hija. Es más, ya ni me acuerdo por qué fue, pero si tengo muy presente el sentimiento que tuve después de nuestra “pelea”.

En casa tratamos de practicar la disciplina positiva, pero aunque se escucha de maravillas, la verdad es que a veces es difícil llevarla a cabo.
Siendo una persona muy emocional, a veces se me dificulta dejar ir las cosas. No es broma, pero hay momentos en donde la canción de “Let it go” retumba en mi cabeza, porque realmente muchas situaciones deben de ser así.

Yo creo que mis hijas salieron igual de emocionales como yo.

Con el tiempo, hemos descubierto su personalidad y temperamento. Hoy a sus 6 y 4 años, siento que se carburan muy rápido, por cosas tan sencillas y los sentimientos les nubla la razón.
A veces siento como que hemos llegado a la adolescencia antes de tiempo, porque se van dando golpes con los pies en el piso y cuando se van a su habitación cierran la puerta de golpe.
Yo…¡Claro que eso me carbura también! Trato de mantener la calma y darles su espacio. Pero es muy difícil.

Hay momentos en donde yo siento que ellas están midiendo mi paciencia. Ya nos molestamos y aún después de retirarse a “calmarse” siguen retándome. Ya sea pegándole a la pared, haciendo un ruido molesto, gritando cosas “hirientes” u otra cosa que puede ponernos a prueba por más que hagamos de oídos sordos.

Enseñar a nuestros hijos a descifrar sus sentimientos y a calmarse, no es cosa que suceda de la noche a la mañana. Por lo menos nuestra hija mayor ya nos ha dicho cómo se siente en esos momentos, pero no sabe cómo calmarse y en eso trabajamos todos los días.

Justo en estos días tuvimos otro altercado. Típico que les pides a tus hijos que no hagan cierta cosa, pasan la orden por alto y luego algo pasa. Bueno así sucedió y la reacción de mi hija fue de enojo. Se fue llorando a otro cuarto porque sabía que lo que había pasado era su culpa aún y cuando le habíamos advertido. Tratamos de darle su espacio, pero escaló escaló y no se cómo, terminé llamándole la atención porque estaba metida debajo de un mueble llorando sin hacerme caso cuando le pedía que se saliera porque se iba a romper. Mi marido tuvo que intervenir y el terminó solucionando el drama.

Y así como este ejemplo ¡Muchos!

Algo que también hemos aprendido con el tiempo es escoger nuestras batallas. La forma en como enfrentamos los problemas es muy diferente en todos los miembros de la familia. Mi esposo y yo como el equipo que somos, tratamos de darnos apoyo cuando uno de los dos lleva la batuta en solucionar el drama que se está llevando en ese momento. Podremos no estár de acuerdo con lo que el otro está haciendo, pero nunca le daremos la contra enfrente de nuestros hijos – ya lo arreglaremos después.

En fin, esto de la maternidad es un constante estira y afloja y la verdad es que muchas veces –si no es que la mayoría- los niños olvidan rápido el por qué se molestaron y vuelven a estar como si nada….y una como loca con los pelos de punta.

Mi recomendación es que trates de no engancharte. Recuerda que nuestras pequeñas personitas están descubriendo sus sentimientos y sus emociones y aún ni saben cómo manejarlas. Ya se, se siente una impotencia fatal, pero nosotros en esta vida hemos tenido más tiempo para saber en dónde nos enfocamos más y en dónde no.

Mama no te enganches, respira profundo y literal cuenta hasta 10.

M.

 

¿Por qué la Navidad es más divertida cuando eres madre?

Cuando yo era pequeña, recuerdo que esta época era la que yo sentía que mi familia estaba más unida.
No era por las fiestas, ni era por los regalos; sino porque cuando se acercaba la fecha de Navidad todos tratábamos de disfrutar el mayor tiempo posible en familia porque la mayoría de los años, mi papá salía de viaje el mero 25.
Recuerdo que en mi casa solíamos en familia, prender las velas de la corona de adviento y si teníamos suerte, ir a comer al restaurante favorito de mi papá el día de Navidad.

Ahora que somos padres, obviamente esta época ha cambiado para nosotros.

Si bien, a veces es un poco estresante sobretodo por la cantidad de gente que sale a las calles a comprar todos los regalos; pero creo que precisamente esta, es una excelente oportunidad para quedarse en casa y disfrutar a nuestra familia.

Debido a que siempre viajamos a México para celebrar la Navidad, decoramos la casa con varias semanas de anticipación. Así que todo el proceso lo comenzamos a vivir desde hace días.
La magia que se vive en la casa es indescriptible y aceptémoslo, se ve mucho más bonita que con la decoración habitual.
La emoción de los niños al decorar el árbol de Navidad también es fascinante. Y aunque la mayoría de nosotras lo redecoramos en la noche o cuando ellos están en la escuela; es muy gratificante ver lo orgullosos que están de su gran trabajo.
Si en tu casa se pone el nacimiento, entenderás también cuando digo que hay veces que me gustaría tener más de un niño Dios, tal vez unos trillizos. Mis hijos se pelean por ponerlo y poco a poco entienden más el verdadero significado de la temporada.

Nuestros hijos están llegando a una edad donde van construyendo recuerdos. Mi marido y yo crecimos en ambientes diferentes y casi creo que la forma en la que festejábamos Navidad es totalmente opuesta. Sin embargo, creo que ahora como familia, unimos esas dos formas tan diferentes y hacemos una que nos funciona y nos ayuda a tener nuestras propias tradiciones. Ahora mis hijos escuchan los mismos villancicos que mis papás solían ponernos a mis hermanas y ¿quién crees que se los pone? su papá y a mi no sabes cómo se me llena el corazón cuando comienzan a cantarlos.

No importa la tradición o dinámica que quieras tener como familia, lo importante es que todos se sientan incluidos. Un día a la semana hacer una cena especial, juntarse a envolver los regalos o hasta disfrazarse de algo tonto, lo importante es pasar tiempo en familia

No se ustedes pero ahora como padres, creo que hasta tenemos permiso de comer más dulces y cosas no tan nutritivas jaja. Con los niños, hacemos galletas de Navidad que regalamos anualmente a los señores de los servicios públicos; destapamos los calendarios de adviento que tienen chocolates adentro; compramos esos panes tan deliciosos que venden en el super y los disfrutamos con un chocolate caliente antes de dormir. Y aunque normalmente no comería así, confieso que lo disfruto bastante. No hay como ver la cara de satisfacción de los hijos, cuando te comes la galleta que ellos hornearon ¿a poco no?

Sea cual sea la forma que disfrutas esta temporada, no se te olvide que lo más importante es dar gracias por todo aquello que nos ha pasado, ya sea bueno o no tanto.
Aprovecha para hacérselo saber a tus hijos. Que ellos sepan lo afortunados que son de poder celebrar en familia y disfrutar todo a su alrededor.
Tal vez sea una buena oportunidad para darse un momento en familia y comenzar la tradición de dar gracias por algo ¿no? Nosotros comenzamos este año justo antes de comernos los chocolates del calendario de adviento y aunque ellos la mayoría del tiempo están desesperados por comérselos, estoy segura, que hemos sembrado la semilita.

Y tu ¿Cómo disfrutas la Navidad ahora que eres mamá?