Tengo celos del papá de mis hijos

Si me sigues desde hace tiempo, sabrás que soy una mamá en el extranjero sin familia cerca con quien contar cuando se necesita (o al menos no al último minuto). Por lo tanto mi esposo y yo sólo nos tenemos el uno al otro y nos aventamos toda la carga familiar entre los dos.

Debo confesar que he sido muy afortunada, porque mi esposo siempre ha ejercido su paternidad de una manera excepcional. No me malinterpretes, no es perfecto, si tiene sus cosas como todos; pero la verdad es que mejor papá, mis hijos no podrían tener.

Como sabes, hace un par de meses, tuve la oportunidad de viajar por 10 días yo sola. De entrada fue algo estresante. En mi cabeza sentía que debía de dejar absolutamente todo listo y como quien dice en “bandeja de plata”. Una sabe la friega que se lleva en el hogar y no se la quería dejar a mi esposo cuando encima, tiene que ir a trabajar. Pero la realidad, es que papá sabe exactamente lo que se tiene que hacer y si no, se las arregla.

Verás, yo no conozco lo que es que mis hijos pasen por encima de su papá para preguntarme o pedirme algo. NO. De hecho cuando estamos los dos, primero se dirigen a él para preguntarle o pedirle cualquier cosa. La verdad es que me cala Y MUCHO.
Hemos crecido con la idea de que la madre es la principal en la familia. Porque el padre trabaja, llega tarde, a veces no se involucra mucho con los hijos, etc. Y si, hay muchos casos así…tal vez más de los que me gustaría aceptar. Pero hay el otro lado de la moneda, en donde el papá lleva un rol muy importante en la familia, que no solamente es el de aportar económicamente.

Cuando un padre ejerce su responsabilidad para con sus hijos, no solo está formando parte de un equipo, sino que también está haciendo un vínculo de confianza con sus hijos.
Hoy en día los Roles en la sociedad ya están muy mezclados. El que los hombres lleven una paternidad más activa, no es símbolo de debilidad. ¡Y eso me encanta!

Hace tiempo platicaba con una amiga que está separada del papá de su hijo y lo tanto que le afectaba que su hijo no quisiera irse de estar con su papá, o lo llamara seguido y demás. La entendía perfectamente, porque a pesar de que papá y yo vivimos juntos, cuando él llega, se olvidan de mi. Literal no existo y aunque trato de verlo de una forma fría, no deja de lastimar mi corazoncito.
Y todos esos sentimientos son normales. Una se la parte durante todo el día, para que llegue papá al que no ven y todo su mundo se centre en él.

Pero saben qué, a pesar de que me ha costado tantas veces pensar en el tema y hablarlo con mi terapeuta, he hecho las paces con ese demonio. Porque pienso en todas esas familias en donde el padre sólo cohabita en el hogar. Que no tiene ninguna relación con sus hijos y no los conoce. Piensa en él y solo en él. Y la verdad, es que me siento afortunada de que papá sea un excelente papá (aunque a veces tenga celos de él)

Así que un aplauso para esos padres que están con nosotras. Hacen equipo, salen al encuentro de sus hijos en llanto, los limpian, los bañan, los pasean. Los apapachan y les llaman la atención con amor. Gracias por ser unos buenos padres para ellos.

Confieso, yo he sido una mamá que juzga.

Siempre he dicho que la maternidad saca las inseguridades de todas.  Es nuestra etapa más vulnerable, estamos a la defensiva y muchas veces nos encontramos dudando si lo que hicimos está bien o si debimos hacer más/menos.

Queda claro que nadie nace sabiendo maternar y TODAS lo hacemos diferente. Pero qué pasa cuando nuestro demonio escondido y egocéntrico aparece e inconscientemente pensamos que nosotras lo podemos hacer mejor.

No hay persona en esta vida que no haya juzgado al menos una vez CRÉEME.
Tú y yo hemos juzgado y nos han juzgado, de eso nadie se libra.

¿Pero por qué juzgamos?
Porque no conocemos bien a la persona o porque no creemos en lo que esa persona cree, por nuestras inseguridades, porque nos sentimos amenazados o simplemente porque se nos da la gana.
Es algo muy incómodo la verdad. Pero es una debilidad del ser humano.

Ahora, lo interesante es cuando lo hacemos ya siendo madres.
Nosotras madres juzgamos por todo. Juzgamos a la madre que decidió evitarse el trabajo de parto y tuvo cesárea. Juzgamos a la madre que no lacta y siempre la vemos dando el biberón. Juzgamos a la madre que usa miles de pañales y que no está cuidando al medio ambiente. Juzgamos a la madre que se va a trabajar y deja a sus hijos al cuidado de alguien más. Juzgamos a la mamá que sobreprotege a sus hijos. Juzgamos a la mamá que deja a sus hijos libres en el parque. Juzgamos a la mamá que no juega con sus hijos. Juzgamos a la mamá que es autoritaria o a la mamá que es permisiva.  Juzgamos a la mamá que no le importa si sus hijos están todos sucios y descuidados. Juzgamos a la mamá que es comunista. Juzgamos a la mamá que  lleva a sus hijos a restaurantes de comida rápida. Juzgamos a la mamá  que le da a sus hijos muchos dulces. Juzgamos a la mamá que no socializa con nadie. Juzgamos a la mamá cuyos hijos siguen despiertos a altas horas de la noche. Juzgamos a la mamá que le da refrescos a sus hijos. Juzgamos a la mamá que deja que sus hijos vean la tv o dispositivos sin límite de tiempo. Juzgamos.

¡Vaya que podemos ser bullies a veces! Y es que no es necesario decir las cosas con palabras, muchas veces con la mirada es más que suficiente.

Ser madre es un trabajo muy difícil y lo que debemos de hacer es apoyarnos entre todas.

Y metámoslo en nuestra cabeza tanto que se haga un tatuaje interno en donde pensemos que “Tal vez no esté de acuerdo contigo en tus decisiones y tu tampoco con las mías, pero vamos a respetarnos y aceptar que estamos haciendo lo mejor que podemos”

Así que a la próxima que veas a una mamá con su hijo llorando en un lugar público, en vez de pensar en por qué su hijo chiflado no se calla, ofrécele tu ayuda. NO sabes el impacto positivo que eso pueda causar.

M.

 

 

 

 

 

¿Cómo puedo enseñarle a mis hijos a ser agradecidos?

Mi hija practica equitación desde hace 3 meses. Ahí, para los principiantes, tienen la opción de rentar un casco y no tener un gasto extra en caso de que las clases no les gusten.
Para Navidad, se me hizo una excelente idea que mis papás le regalaran su propio casco para no tener que usar el de alguien más.
Yo personalmente lo escogí de su color favorito y me aseguré que la talla fuera la perfecta.

Así que en Navidad lo abrió con mucha ilusión y fue la niña más feliz.
Lo trajimos cargando desde México y cuando llegó el día de su clase… ¡Oh sorpresa! no la dejaron usarlo, porque no tenía el código de seguridad que la asociación de equitación exigía en los cascos.
Ya te imaginarás el dilema y yo como su mamá, traté de alivianar lo más que se pudiera la decepción y fui al día siguiente a cambiarlo por uno con el código (aunque tuviera que pagar un poco más).

Bueno para no hacerte el cuento largo, a mi hija no le gustó. Dijo que lo odiaba y que ni siquiera quería seguir en sus clases de equitación.
Obvio la entendía, y más que molesta en mi interior me sentía decepcionada porque a pesar de no ser su color favorito, iba a tener su propio casco para algo que ella había pedido por muchos meses ya.
Sentí que fue malagradecida. Pero la realidad no fue así.
Después de pensar mucho, entendí que el ser agradecida es una actitud y un sentimiento que toma tiempo desarrollar y a esa edad, todavía es muy inmaduro.

Seguro tu también te has visto mortificada cuando alguien le regala algo a tus hijos y estos no les dan las gracias o tienen algún buen gesto para con ellos y no te queda más que dar (en voz alta para que lo repitan) las gracias por ellos ¿NO?
O qué tal después de haber hecho mil actividades divertidas, comido su comida favorita o  haber visto su programa preferido y luego, pasa algún incidente y en vez de agradecer se quejan. Frustración y decepción ¿no?Además, cómo molesta que te digan que tus hijos son unos malagradecidos.

La verdad es que a esa edad aún no entienden muchas cosas, no han desarrollado la empatía y a veces nosotros esperamos que ellos piensen o sientan cosas que aún en su poca madurez, es difícil alcanzar; por eso nos sentimos decepcionados.
Pero CALMA PUEBLO nosotros podemos inculcarles el ser agradecidos.

 La clave es fomentar en ellos el sentimiento.

Ser agradecidos no es un estado de ánimo, es una actitud positiva.

Comienza por platicar con tus hijos sobre lo que les gusta (personas, objetos, comida, etc.) y cómo lo obtuvieron.

Haz una lista con ellos de lo que estén agradecidos y todas las personas que estuvieron involucrados en ello.

Pregunta por qué están agradecidos por eso.

Enséñales a apreciar los miembros de la familia. Las virtudes y lo que contribuyen al hogar.

Se tu también agradecida y házselos saber. “Gracias por recoger tu cuarto, que lindo se ve” “Gracias por poner las cosas en su lugar, se ve más ordenado” “Gracias por ayudarme a cortar la verdura, voy a terminar más rápido”

Agradezcan a las personas que les den un servicio. A los de la basura, a los de la recepción del colegio y platiquen el por qué están agradecidos con ellos.

Se paciente. A veces no obtendrás la actitud adecuada, pero con paciencia y amor verás que poco a poco la semilla de la gratitud se irá implantando y se convertirá en un modo de vida.

Ahora si, si alguien te dice que tus hijos son malagradecidos, mándalos a leer este post para que vean que no funciona así.

M.

Qué pasa con mamá cuando los hijos crecen

No tienen idea de cuánto trabajo me ha costado escribir esto.

Para las que aún no me conozcan, les hago un resumen de mi maternidad.
Me convertí en madre hace poco más de 7 años; planeamos a nuestra segunda hija y 5 meses después de que ella nació, de la nada nos enteramos que estaba embarazada otra vez.

De ahí en adelante, mi mundo giró alrededor de estas pequeñas personitas.

Ser madre en el extranjero, como ya lo he platicado antes, puede ser muy complicado, sobretodo si no tienes familia cerca. En muchos países, no se acostumbra enviar a los niños a una guardería de no ser porque los padres trabajan y estas son muy caras. Aquí el pre escolar comienza hasta los 3 años y solo unas cuantas horas a la semana. Por ende, los niños pasan mucho tiempo con sus madres.
Los llevamos a todas partes y aunque es lindo pasar tiempo con nuestros hijos, hay veces que para algunas, esto puede ser muy abrumador.

Este año después de que me convertí en madre por primera vez, tenderé todas las mañanas libres para hacer lo que yo quiera…
…y la verdad es que NO se qué hacer.

Estoy entrando a una etapa de mi vida que nunca había experimentado.
Los tiempos han cambiado, pero yo también he cambiado. Aunque soy Melissa, en realidad soy Melissa madre de 3, esposa de 1 y responsable de una casa y todo lo que esta conlleva.

Cuando los hijos se van, es muy duro para las mamás. Si, por un momento brincamos de felicidad gritando “Libre soy, libre soy”; pero la realidad es que muchas enfrentan la soledad y eso aunque por un momento se disfruta, después se vuelve vacía.
A esto se le llama Síndrome del nido vacío. Y aunque la mayor parte del tiempo las madres somos las que lo sufrimos, los padres lo pueden sentir también. Cabe recalcar, que este síndrome es más enfocado a cuando los hijos abandonan el hogar definitivamente, pero se puede aplicar a cuando crecen y se vuelven más independientes.

Por eso yo creo que también es un momento de re encontrarse.
¡RE ENCONTRARME...pero si nunca me he perdido! Bueno, aunque no lo crean, si. No somos las mismas. Ni de cuanto éramos solteras, ni cuando decidimos compartir la vida con alguien más (para las que lo hicieron) y MENOS después de convertirse en madre.

Todo cambia, el cuerpo, las responsabilidades, las prioridades TODO.
Pasamos de ser X, a ser la mamá de Y y poner sus necesidades antes que las nuestras.

¿Alguna vez fantaseaste con qué harías si tuvieras un poco más de tiempo cuando tus hijos ocupaban todo tu tiempo? Bueno ahora es el momento.

¿Pero qué pasa si no sabes qué hacer como yo?

Bueno, me cuesta decirlo, pero a veces creo que no he encontrado lo que me llene realmente.
Algo que me haga sentir realizada y que al mismo tiempo aporte a la comunidad. No tengo ni la remota idea de qué puede ser eso.

Lo que si te puedo recomendar, son algunos puntos para que puedas salir adelante y no mueras en el intento. Los podemos intentar juntas.

Primero reconoce tu pena. Es normal sentirse así, es una especie de pérdida.
Descansa y tómate tu tiempo. No te apresures a comprometerte a algo hasta que ya tengas un balance.
Retoma actividades que hacías antes y te gustaban (tal vez todavía las puedes disfrutar)
Busca alguna actividad nueva que se lleve a cabo cerca de donde vives.  Nunca sabes si pueda gustarte y encuentres un nuevo hobby.
Busca un voluntariado ya sea en la escuela de tus hijos, en algún sanatorio o en donde tu sientas que puedas ser de gran ayuda.
Haz ejercicio. Mantén tu mente ocupada.
Estudia algún curso que sea de tu interés. No tiene que ser universitario.
Sal con amigas que estén en la misma situación que tu.  Tal vez juntas, el tiempo sea más divertido.

Algo que he aprendido conforme pasa el tiempo, es que este sentimiento se terminará en cuanto nos adaptemos a nuestra nueva rutina. Así que a ponernos manos a la obra y a volver a re encontrarNOS.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace años que tuve que ponerle a mi vida profesional una mega pausa, ni siquiera se si lo que aprendí todavía sirve.

¿Por qué poner límites es bueno?

Cuando mis hijos salieron de vacaciones de la escuela, los llevé junto con varias mamás a un lugar de nieves, waffles y demás postres.
Lo venía planeando desde hace varias semanas, porque ya es tradición hacerlo cada que tienen vacaciones.

Llegamos y nos sentamos en una mesa larga hasta el final del lugar. Esta mesa, estaba justo a lado de la puerta trasera que daba a la calle y que por desgracia la tenían abierta porque hacía mucho calor.
Ya conocen a los niños como son, una vez que se terminan su comida se quieren parar de la mesa e irse a jugar. Esta ocasión no fue la excepción y una vez que algunos terminaron, querían hacer algo más, aún y cuando no todos los niños y las madres habían terminado.

Siento yo que cuando los niños están pequeños, se puede excusar la tolerancia que estos tienen a permanecer “quietos” en un mismo lugar ¿No?, pero cuando tienen 7 casi 8 años creo que ya se pueden entretener con algo en la mesa, ya sea dibujando, platicando o (malamente) viendo una Tablet o el teléfono.

Bueno para no hacer el cuento largo, algunas de las niñas se empezaron a salir del restaurante y ya saben, una hace algo, la otra la sigue y de repente la mayoría ya estaban afuera. Para mi sorpresa, mis hijos fueron a preguntarme si ellos podían salir a lo cual les dije que no.
Lo que más me llamó la atención es que algunas de las madres, no le dieron importancia a la situación; ellas seguían adentro platicando y conviviendo. Cabe recalcar que ellas tienen una hija de 7-8 años, yo tengo tres que aún requieren de supervisión y aún así no era una zona para estar jugando afuera. No le iba a decir a niños ajenos que se metieran y menos cuando sus mamás estaban ahí.
Ni siquiera se inmutaron de que yo realmente estaba estresada y que en vez de estar adentro conviviendo, disfrutando mi comida, estaba esquinada, cuidando a mis hijos que no se bajaran las escaleras que dan al estacionamiento abierto, que da a la calle por donde está pasando gente (y no la más fina), porque ellos querían estar jugando con sus hijas.

La verdad es que yo estaba molesta, hasta que a una mamá se le prendió el foco y fue a llamarlos para que metieran a platicar a las mesas de a lado (¡Sanos y salvos, gracias!)  No tengo ni idea de lo que dijo, pero una vez que lo dijo las otras llamaron a sus hijas para que se metieran también.

Y bueno ahí me dejó pensando en todas las veces que yo he visto cómo los papás no ponemos límites ante ciertas situaciones y que puede afectar a la familia y a los que nos rodea.
No quiero pecar de exagerada, pero en un descuido algún niño se pierde o se lo roban o se lastima y todo porque no ponemos límites y no les queremos decir que no.

Poner límites es bueno tanto para los padres como para los niños.

Aunque no creas, le da un sentimiento de seguridad a los niños y también les ayuda a saber lo que se espera de ellos ( y lo que no).

Poner límites y que nuestros hijos los entiendan no es algo que tiene resultados inmediatos.

Por eso te comparto algunos puntos muy importantes que debemos de tener presentes para que los límites sean efectivos.

  • Rutinas y reglas. Así nuestros hijos sabrán lo que se tiene que hacer y lo que sigue.
  • Se claro pero realista, de esa forma ayudará a que el niño no tome una actitud defensiva.
  • Echa porras y agradece cuando hacen algo que se espera de ellos.
  • Si te ayuda, mantén una tabla de responsabilidades o una lista y repásala con tus hijos marcando las que si han hecho y echando porras.
  • Las consecuencias deben de ser lógicas, razonables y claras.  El objetivo es alejarlos del mal comportamiento. Ofrecerles una alternativa puede ser una idea.
  • Se constante y firme con actitudes. Eso no quiere decir que seas un tirano. Cuando nos enojamos la situación se ve comprometida (me consta) Un ejemplo. Cuando vamos casa de alguna amiga, si la mamá dice que no pueden ir arriba no pueden ir arriba y siempre va a ser así. Simple sin enojos (aunque ellos lo pidan 122523435352 veces)
  • Por último, se que a veces es muy difícil explicar el por qué de las cosas, igual por la edad a veces no lo comprenden; pero trata de explicar el por qué, así ellos entenderán y no se quedarán con un “porque si” o “porque lo digo yo”

Todo esto es un proceso diario y hay muchas más herramientas para tener una crianza más positiva en casa. Como todo requiere paciencia y trabajo en equipo.

Te invito a que sigas leyendo en el blog, seguro encuentras algo de ayuda.

M.

 

 

 

NO NO NO. Alternativas para reemplazar el NO con tus hijos.

¿Mi amor quisieras comer esto? NO
¿Qué te parece si hacemos esto? NO
Pero…NO, y si mejor…NO, qué te…NO

Así es, parece que la palabra de moda en esta casa es NO.

¿Me frustra? Por supuesto. ¿Siento que pierdo la paciencia? Desde luego. Hay veces en los que ni puedo terminar la pregunta o la frase.
Pero al parecer es algo más normal de lo que yo pensaba. Y ahora me toca vivirlo con mi tercer hijo.

Dentro de mi frustración se me ocurrió preguntar si era algo más de niños, porque con mis hijas nunca experimenté esto. Claro que me dijeron que no era algo de género y que era muy normal. Hasta aquí todo muy bien.
Pero también me dijeron que era porque “Escucha la palabra NO muy seguido en casa” y eso me llevó a preguntarme ¿Por qué siempre la gente culpa a la primera a los padres?

Pues no, y aunque se lea redundante, no es que lo escuchen seguido en la casa y te voy a decir por qué.

Frecuentemente se nos olvida que los niños son personas independientes y que llega un momento en su vida, donde ellos ya se sienten con la seguridad de tomar una decisión.
Les da poder y ese sentimiento de control. Y aunque nosotros a veces inconscientemente pensamos que tenemos control sobre ellos, la realidad es que no es cierto.

Por supuesto que para nosotros los padres puede llegar a ser irritante. Me pregunto yo, ¿Cuántas veces podría aguantar que me contesten NO sin perderlo? Pero antes de verlo como una amenaza, es mejor verlo como una oportunidad para mejorar la comunicación con ellos.

Obviamente influye mucho lo que escuchen en casa y hay algunas alternativas para reemplazar la palabra. Si, hay momentos en donde no puedo evitar decir NO. Como: “¿Me puedo meter a la alberca a las 7pm (cuando mañana hay colegio)?” o “¿Me puedo comer el postre aunque no quiera comer la comida?” o “¿Te puedo ayudar a poner las cosas en la estufa y calentarlas?”
Lamentablemente a todas ellas y a muchas otras, siempre es un NO, pero no un NO reluctante, siempre trato de darles una respuesta más amplia explicando por qué NO de manera que la entiendan. Y siempre lo hago así desde el día que mi hija me dijo “PORQUE NO no es una respuesta”.

No te voy a mentir, cada vez que me dicen que no me hierve la sangre y me dan ganas de decirles que así no se le contesta a un adulto, pero si a mi no me gusta que me digan que NO, a ellos obviamente que tampoco.

Aquí te comparto algunas alternativas para cuando necesitas decir NO.

  1.  A lo mejor lo podemos intentar en otro momento.
  2. Por favor para/detente
  3. Mira, déjame enseñarte cómo se hace
  4. Esto no es lo que habíamos acordado, ¿te acuerdas?
  5. Entiendo que quieras hacer eso, pero es muy peligroso y no quisiera que te lastimaras.
  6. Vamos a intentar hacer otra cosa, ¿cómo ves?
  7. ¿Cuál es la regla sobre esto?
  8. Entiendo que quieras hacerlo pero por el momento no podemos por…
  9. Se que es divertido pero no es una buena idea por…
  10. ¿Hay alguna otra forma de hacerlo?
  11. Ahorita no tenemos momento para...porque…
  12. Lo que estás haciendo lo/la está lastimando, por favor para/detente.
  13. Si, esa puede ser una opción, intenta de nuevo.
  14. Por favor escoge otra palabra.
  15. Por favor usa tus palabras.
  16. Está bien sentirse así, pero…

Recuerda, la clave en una crianza positiva es el respeto, la claridad en la comunicación y consecuencias.

M.

 

¿Por qué las mamás nos sentimos culpables?

Hace un par de semanas tuvimos accidente en casa.
Mi hijo estaba saltando en el trampolín con más gente y mojado. Cuando trató de salirse se resbaló y literal voló. Con la escalera se pegó en la cara y aterrizó con la cabeza.
Obviamente todo tenía que pasar cuando estaba yo a un par de metros de él y todo lo vi en cámara lenta (al menos así lo sentí). Lo levanté,  instantáneamente le sobé la nuca pensando que si tenía un golpe mayor eso de alguna manera le iba a ayudar y me lo llevé adentro para revisarlo.

Estaba sangrando de la nariz y llorando sin parar.
Una vez que le limpié toda la sangre y logré calmarlo, marqué al número de no-emergencia que hay aquí en Inglaterra. Me asusté muchísimo porque mi hijo se estaba quedando dormido, su cuerpo suelto y yo en el teléfono sólo esperando instrucciones. Terminando le llamé a mi esposo para explicarle lo sucedido y bajo las instrucciones de la persona en el teléfono, me preparé para llevarlo al hospital.

Mi hijo despertó fresco como una lechuga y sólo pedía a su papá. Así que cuando papá llegó, se lo llevó al hospital y yo me quedé en casa de mi amiga para que mis hijas terminaran de merendar.

Cuando regresé a la casa y acosté a las niñas para dormir, una vez estando sola con mis pensamientos, me empezó a invadir la culpa.
¿Por qué no lo llevé yo, si él estaba conmigo y yo vi todo lo que pasó? ¿Por qué me quedé en casa de mi amiga como si nada hubiera pasado? ¿Por qué no me iba a mi casa a esperar a que me avisaran que todo estaba bien?
Llegó mi marido con mi hijo después de un rato y gracias a Dios solo fue el susto. Él estaba bien pero aún así durmió esa noche en nuestra cama.

Ya más noche, mis amigas me escribieron para preguntar cómo estábamos, y fue ahí donde les dije que estaba sintiendo la culpa.
Todos esos monstros que nos hacemos en nuestra cabeza y que nos hacen dudar y cuestionarnos sin lo hicimos bien, si no hicimos suficiente, si debimos de haberlo hecho diferente, entre muchas otras cosas más.

Me calmaron y me dijeron que mi esposo y yo somos un equipo y que así como él lo llevó, yo tenía que asegurarme que mis hijas estuvieran bien también. Pero eso mi cabeza NO lo veía.

Cuando nace un hijo, nace una madre y también nace la culpa. Es algo de lo que no te cuentan en todos los cursos profilácticos ni nada por el estilo.
Hoy en día nosotras las mujeres queremos hacer muchas cosas. Nos preparamos profesionalmente y queremos ejercer un buen tiempo, queremos subir de nivel, queremos ser madres, queremos que nuestros hijos coman bien y completo, queremos ayudar en la escuela, queremos salir y tener vida social, necesitamos un espacio para nosotras, queremos reencontrarnos con nuestro yo, etc. Pero…el día sólo tiene 24 hrs y nos sentimos mal por no hacer más.
Es más, a veces nos sentimos culpables por no sentirnos culpables.

Pero está bien sentirnos culpables de vez en cuando. Indirectamente lo sentimos porque queremos a nuestros hijos y nos preocupamos por ellos. Queremos lo mejor para ellos y nos lleva a exigirnos mucho…de más diría yo.
Pero todas estamos haciendo lo mejor que podemos para ellos.

Hay algunas cosas que podemos hacer para no sentirnos culpables (o al menos no tanto)

Aceptación. Hay muchas cosas que podemos hacer, pero tenemos que aceptar que no podemos hacer muchas otras. Haz bien lo que sabes hacer. Sácale provecho.

Comparación. Todas hacemos las cosas diferentes y todas tenemos resultados diferentes. A algunas les sirve algo y a otras les sirve otra cosa. Deja de compararte. Tu eres única.

Exigencia. No te exijas de más, tu sabes hasta dónde puedes llegar o hacer. Es mejor hacer bien una cosa, que hacer 5 a la mitad.

Practica afirmaciones positivas.  Hay muchos pensamientos que podemos llevar a cabo justo al iniciar el día; estos pueden ayudar a darnos tranquilidad, armonía y darnos un sentido de poder. Intenta “ Yo soy fuerte, hago lo mejor que esta en mis manos, estoy muy agradecida por, tengo salud, mis hijos están sanos, fuertes y felices”

Perdónate.Cuando logramos perdonarnos, nos quitamos un peso invisible de encima. Nos ayuda a seguir adelante. Aunque casi creo seamos superhéroes, también somos humanos y tenemos el derecho a equivocarnos y hacer las cosas bien de nuevo. Los errores son una buena oportunidad para aprender, crecer y hacerlo mejor a la próxima.

Y recuerda.

No existe la mamá perfecta, pero si hay millones de maneras de ser una mejor madre.

 

 

No te olvides de tus pasatiempos favoritos

Durante toda nuestra corta vida (¡Aha!) hemos tenido pasatiempos. Algunos cambian y otros permanecen, pero no conozco a nadie que no tenga algo que ame hacer (aunque sea dormir).
Yo creo que muchas de nosotras tuvimos que poner en pausa algunos de nuestros pasatiempos favoritos. Ya sea porque requerían de cierto esfuerzo físico, porque eran presenciales y no había quién cuidara a los hijos, porque son muy tarde en el día y una ya se siente como un saco de papas o simplemente porque no hay motivación. Sea la razón que sea, es muy triste no hacer lo que te gusta ¿No?

Por ejemplo, una de mis grandes pasiones siempre ha sido bailar. No se si sea buena, pero me gusta tener la música a todo volumen, bailar con ritmo y aprenderme una coreografía. Tengo tan buena memoria con el baile, que todavía me acuerdo de coreografías que bailé en la preparatoria.
Bueno, ese pasatiempo lo puse en pausa cuando me mudé a Alemania, por el idioma y en lo que encontraba una buena academia. Luego lo volví a poner en pausa cuando recién me embaracé por primera vez y apenas hasta ahora, lo retomé. ¿Por qué hasta ahora después de 7 años? Bueno digamos que no hay muchos sitios en donde pueda hacerlo de forma flexible y tampoco muchos para adultos (y menos mamás). El caso es que ahora todos los lunes a pesar de que esté muy cansada, a las 7pm voy al gimnasio y por 1hr bailo bailo bailo y salgo muy feliz.

Otro de mis pasatiempos favoritos y que lo he podido combinar con la maternidad y hacerlo también de manera profesional, es hacer cuadros con palabras haciendo un tipo crucigrama, usando pequeños mosaicos como los que se usan para el juego de mesa Scrabble.
Así es. Le ayuda a mi cerebro a pensar para poder hacer los crucigramas y además me relaja porque necesita de mucha precisión. Así que cuando los hago, es en la noche, cuando los niños están dormidos y puedo hacerlo en silencio, sin que nadie me mueva y a mi tiempo.
A esta actividad en particular no le he podido dar ninguna publicidad por cuestión de tiempo; pero los que me conocen y les gusta mi trabajo, me lo piden y yo termino muy contenta también.

Siempre he dicho que para nosotras las mamás, el tiempo es nuestro peor enemigo.
Siempre estamos corriendo y siento que pocas veces, nos sentamos a disfrutar los momentos que llenan nuestro día.

Darnos un tiempo para poder hacer lo que nos gusta es primordial. Es algo que nos gusta hacer y disfrutamos. Nos alegra el momento y de alguna manera le aporta algo diferente a nuestras vidas. Al fin y al cabo nuestra vida también es importante.

Por eso yo te sugiero que encuentres (o retomes) tres pasatiempos.

Uno que te ayude a hacer dinero.
Uno que te mantenga en forma.
Y uno que te ayude a ser creativa.

Sean los que sean, que te ayuden a salir de su estado de confort y te motiven a seguir adelante.

Para que estés muy organizada con tu tiempo, yo te recomiendo los nuevos relojes de Daniel Wellington. Ahora sacaron su nueva colección de verano Roselyny Bayswatercon correas intercambiables y la verdad es que están divinos.
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¡Pero si a todos los criaron igual!

Cuando yo era más joven o sea pre-hijos, a veces pensaba en cómo es que si mis papás nos educaron igual a mis hermanas y a mi, las tres resultamos tan diferentes. Ahora que soy post-hijos me queda claro que esto no sucede así.

Hace unos días, me estuve desahogando con mis seguidores en Instagram y les conté que estaba pasando por una racha, en donde sentía que traía “atravesado” a uno de mis hijos. Me sentía muy mala madre por tener ese tipo de sentimientos, pero aún amando a nuestros hijos de la forma desinteresada e infinita que lo hacemos, ellos son personas también y es normal que hayan roces entre padre-hijo.
Lo estuve analizando por un par de días, porque a veces siento que estoy perdiendo conexión. Siento que no logro interpretar lo que no me dice directamente y no se cómo tomar acción.

Ciertamente nosotros somos los adultos, los que nos debemos de comportar y los que sabemos controlarnos.
Pero también es verdad que no nacemos sabiendo cómo ser padres y para llegar a tener una crianza balanceada, se tiene que recorrer un buen camino.

En alguna ocasión le hice la observación a mis esposo, de que yo sentía que éramos mucho más estrictos con uno de nuestros hijos en particular; y si, la verdad es que si, si lo somos porque su personalidad es más intensa, libre y debemos de tenerle “la cuerda” un poco más corta porque sino se nos escapa.
Así es la crianza con los hijos. Todos son diferentes y no necesitan la mismas cosas. Claro que para nosotros como padres, es mucho más fácil aplicar lo mismo para todos y aquí me viene a la mente el dicho de “O todos coludos o todos rabones” pero luego, ahí andamos batallando porque no vemos el mismo resultado con todos.

Lo importante y básico que nosotros como padres debemos de aplicar con todos nuestros hijos es lo siguiente:

Ser un buen rol a seguir. Siendo nosotros los pilares de nuestro hogar, nuestros hijos copian todo lo que ven en él. Es increíble como ellos imitan (aunque no se den cuenta) nuestras expresiones, nuestro lenguaje no verbal y mucho más. Ser un ejemplo a seguir es algo imposible de evitar, así que tratemos de que ellos sigan nuestro mejor ejemplo.

Enseñarles la empatía. Creo que esta habilidad es algo que mientras más pequeños la desarrollen, mejor; tampoco nunca es tarde para hacerlo. Les ayuda a ver el mundo con otros ojos y también a ser más compasivos.

Enseñarles buenos modales. “Por favor”, “Gracias” son palabras tan sencillas pero que pueden hacer la diferencia. Mantener limpio y recogido nuestro espacio es ideal jaja pero como padres es algo que nos cuesta trabajo lograr en nuestros hijos, sin embargo si lo comenzamos a enseñar desde pequeños, puede ser un hábito que desarrollen y mantengan en su vida adulta.

Siempre explicar el por qué de nuestras acciones. ¿Recuerdas el típico “Porque soy tu madre y lo digo yo”? Bueno, en mi casa una de mis hijas una vez me dijo “Mami, esa no es una respuesta” y tiene razón. Trata de explicar por qué van a hacer algo o la consecuencia de alguna acción (ya sea buena o mala), así ellos desarrollarán una noción de lo que está sucediendo o va a suceder y todo lo que conlleva.

Enseñarles nuestros valores. Respeto al prójimo pero en especial a los mayores. Ser amables y pensar en los demás.  Los valores que se viven en tu hogar y que quieres que tus hijos mantengan cuando crezcan.

Enseñarles a ser agradecidos. Es muy diferente ser agradecido a forzarlos a que den las “Gracias”. Aunque introducir esa palabra desde muy pequeños ayuda, el ser agradecido es un sentimiento que ellos van desarrollando con el tiempo.
Va de la mano con el esfuerzo que ponemos en las cosas. Tal vez dentro de la rutina de la noche, podemos preguntarle a nuestros hijos de qué o por qué están agradecidos. O agradecerle a las personas que nos dan un servicio y hacen nuestra vida más fácil. Pequeñas acciones que hacen la diferencia. Ser agradecido es algo que se lleva en el corazón.

Amor y atención. Estos dos son como comida y agua para cualquier ser humano. Un niño que se siente amado y que se le dedica tiempo, crece siendo un niño seguro, con raíces fuertes y protegido.

Calidad antes de cantidad. Siempre he sido fiel a este lema. Todo en extremo es malo también. Cuando pasamos todo el tiempo con nuestros hijos, llega un momento en donde ya no disfrutamos; necesitamos un tiempo a solas, estamos cansadas y cuando eso pasa, se nos nubla todo. El tiempo que le dediquemos a nuestros hijos que sea de calidad. 5,10,15 los minutos que tu escojas, dedícalos al 100% con ellos. Desconéctate, hagan cosas juntos y que disfruten los dos. La idea es que los dos pasen un buen momento. Verás que con el tiempo, tus hijos entenderán cuándo es momento para qué y cuando toque su momento, se sentirán lo más importante para ti (que en realidad lo son, pero tu entiendes la idea)

Espero que estos tips te sean de ayuda.
No soy una experta, pero te comparto lo que a mi me funciona en nuestro hogar.

M.

 

 

Mamá no te enganches

Hace un par de días en casa tuve un altercado con mi hija. Es más, ya ni me acuerdo por qué fue, pero si tengo muy presente el sentimiento que tuve después de nuestra “pelea”.

En casa tratamos de practicar la disciplina positiva, pero aunque se escucha de maravillas, la verdad es que a veces es difícil llevarla a cabo.
Siendo una persona muy emocional, a veces se me dificulta dejar ir las cosas. No es broma, pero hay momentos en donde la canción de “Let it go” retumba en mi cabeza, porque realmente muchas situaciones deben de ser así.

Yo creo que mis hijas salieron igual de emocionales como yo.

Con el tiempo, hemos descubierto su personalidad y temperamento. Hoy a sus 6 y 4 años, siento que se carburan muy rápido, por cosas tan sencillas y los sentimientos les nubla la razón.
A veces siento como que hemos llegado a la adolescencia antes de tiempo, porque se van dando golpes con los pies en el piso y cuando se van a su habitación cierran la puerta de golpe.
Yo…¡Claro que eso me carbura también! Trato de mantener la calma y darles su espacio. Pero es muy difícil.

Hay momentos en donde yo siento que ellas están midiendo mi paciencia. Ya nos molestamos y aún después de retirarse a “calmarse” siguen retándome. Ya sea pegándole a la pared, haciendo un ruido molesto, gritando cosas “hirientes” u otra cosa que puede ponernos a prueba por más que hagamos de oídos sordos.

Enseñar a nuestros hijos a descifrar sus sentimientos y a calmarse, no es cosa que suceda de la noche a la mañana. Por lo menos nuestra hija mayor ya nos ha dicho cómo se siente en esos momentos, pero no sabe cómo calmarse y en eso trabajamos todos los días.

Justo en estos días tuvimos otro altercado. Típico que les pides a tus hijos que no hagan cierta cosa, pasan la orden por alto y luego algo pasa. Bueno así sucedió y la reacción de mi hija fue de enojo. Se fue llorando a otro cuarto porque sabía que lo que había pasado era su culpa aún y cuando le habíamos advertido. Tratamos de darle su espacio, pero escaló escaló y no se cómo, terminé llamándole la atención porque estaba metida debajo de un mueble llorando sin hacerme caso cuando le pedía que se saliera porque se iba a romper. Mi marido tuvo que intervenir y el terminó solucionando el drama.

Y así como este ejemplo ¡Muchos!

Algo que también hemos aprendido con el tiempo es escoger nuestras batallas. La forma en como enfrentamos los problemas es muy diferente en todos los miembros de la familia. Mi esposo y yo como el equipo que somos, tratamos de darnos apoyo cuando uno de los dos lleva la batuta en solucionar el drama que se está llevando en ese momento. Podremos no estár de acuerdo con lo que el otro está haciendo, pero nunca le daremos la contra enfrente de nuestros hijos – ya lo arreglaremos después.

En fin, esto de la maternidad es un constante estira y afloja y la verdad es que muchas veces –si no es que la mayoría- los niños olvidan rápido el por qué se molestaron y vuelven a estar como si nada….y una como loca con los pelos de punta.

Mi recomendación es que trates de no engancharte. Recuerda que nuestras pequeñas personitas están descubriendo sus sentimientos y sus emociones y aún ni saben cómo manejarlas. Ya se, se siente una impotencia fatal, pero nosotros en esta vida hemos tenido más tiempo para saber en dónde nos enfocamos más y en dónde no.

Mama no te enganches, respira profundo y literal cuenta hasta 10.

M.