El segundo hijo…el de en medio.

Ya lo he dicho como un millón quinientas mil veces, la maternidad es un Rol muy divertido y cansado a la vez.
Convertirse en madre es una de las cosas más importantes en nuestra vida y llega a cambiar absolutamente todo.
Y justo cuando pensabas que ya lo “dominabas todo o lo tenías bajo control” , te enteras que otra diminuta cosita va a llegar a tu vida otra vez.

La llegada del segundo bebé a veces puede ser aterradora. Yo creo que lo primero que llega a la mente es “¿Cómo voy a llegar a querer a alguien tanto, como quiero a mi primer hijo?” Pero cuando llega, te das cuenta que el amor es tan grande que no tiene límites ni de personas, ni en tu corazón.

Recuerdo perfectamente a mi mamá cuando me dijo que lo principal que tenía que pensar, era cómo iba a hacerle para que Luciana (mi primera) no se sintiera desplazada. Mi pequeña a penas tenía 2 años y era todavía una bebé.
No te voy a mentir, fue MUY difícil. De momento podíamos lograrlo porque éramos dos adultos para dos bebés.

Con un segundo hijo a pesar de que sabes a lo que vas, es volver a empezar porque es un ser humano nuevo y completamente distinto.  Aprender de nuevo porque aunque no lo creas, el cerebro tiene memoria selectiva. Te lo digo yo que mis últimos dos hijos se llevan 14 meses y hubieron muchas cosas que volví a consultar.

Pero ¿Qué pasa cuando el segundo hijo se convierte en el de en medio? Al menos yo, tuve un mini paro cardiaco.
Mi Lottie si era una bebé de 5 meses cuando nos enteramos que Leo venía en camino. Me costó mucho trabajo asimilarlo y la verdad es que me preocupé mucho de cómo le iba a hacer.
Siempre había dicho que iba a hacer lo imposible para que cada uno tuviera su tiempo, pero ahora lo veía realmente imposible.

Ahora ya las teníamos todas de perder, 3 niños para 2 papás.

Pero siendo sinceros, creo que los padres nos PREocupamos de más en el caso del niño “Sandwich” Nos han metido en la cabeza que el Síndrome del Hijo de En Medio, es algo negativo. Mi hija de en medio me ha enseñado todo lo contrario.

Aunque los padres naturalmente le ponemos mucha atención al primero por ser bueno….el primero y al tercero por ser el bebé, ciertamente si influye a la forma en la que el segundo se desarrolla.

Tiene que buscar su lugar en la familia. Trabaja un poco más y eso le hace llamar la atención. Es nuestro trabajo, que al llamar la atención lo haga de forma positiva, por eso llegan a ser excelentes líderes. Son muy amigueros y se desenvuelven con mucha naturalidad.

Son los que te hacen ver el lado “comunista” en la familia, porque siempre querrán que todos tengan lo mismo (o al menos, te obligan hacerlo para evitar el “por qué ella si y yo no”) Te abren los ojos a la justicia en la familia.

Son muy simpáticos y eso les ayuda cuando comenten alguna falta. Son más empáticos y aunque no lo creas más maternales. Tienen el beneficio de ser la hermana mayor y la hermana menor.

Como les toca esperar, se vuelven más pacientes  y a la vez más arriesgados, porque muchas veces tienen que hacer las cosas por si mismos.  Aprenden a negociar para sacar provecho de la hermana mayor y ganarle al hermano menor.

Una vez leí que el hijo de en medio es como el tipo de sangre O, se llevan bien con todo el mundo. Y si es verdad, tiene una habilidad social más despierta que los otros dos. Desde el principio se pone a platicar con todos y juega con todos.

En nuestro caso, a pesar de que Lottie es la de en medio es la más apegada a mi; pero normalmente, el hijo de en medio es más desapegado de los padres y para cualquier situación, recurre primero a sus hermanos.

Algo muy importante y que hay que tomar en cuenta, es que hay que trabajar en su autoestima. Muchos pensarían que el hijo de en medio resiente mucho más las cosas que los demás, pero como cualquier niño, es importante que tenga un entendimiento de su valor y de su autoestima. Que sea alta no significa que sea fuerte y que entiendan la importancia de su vida y su lugar en la vida de los demás.

Yo creo que ser el hijo de en medio debe de ser divertido y retador a la vez. La personalidad de mi hija es un 99.9% la del hijo “Sandwich” ¡Y me encanta! Me vuelve loca porque siento que a veces empuja de más, pero con ella he aprendido a desarrollar aún más mi paciencia y darme cuenta que si hay mamá para todos.

¿Tu tienes dos hijos o más? ¿Cómo son? ¿Concuerdas con algo de lo que yo he aprendido del hijo de en medio?

Cuéntanos tus experiencias.
M.

Qué pasa con mamá cuando los hijos crecen

No tienen idea de cuánto trabajo me ha costado escribir esto.

Para las que aún no me conozcan, les hago un resumen de mi maternidad.
Me convertí en madre hace poco más de 7 años; planeamos a nuestra segunda hija y 5 meses después de que ella nació, de la nada nos enteramos que estaba embarazada otra vez.

De ahí en adelante, mi mundo giró alrededor de estas pequeñas personitas.

Ser madre en el extranjero, como ya lo he platicado antes, puede ser muy complicado, sobretodo si no tienes familia cerca. En muchos países, no se acostumbra enviar a los niños a una guardería de no ser porque los padres trabajan y estas son muy caras. Aquí el pre escolar comienza hasta los 3 años y solo unas cuantas horas a la semana. Por ende, los niños pasan mucho tiempo con sus madres.
Los llevamos a todas partes y aunque es lindo pasar tiempo con nuestros hijos, hay veces que para algunas, esto puede ser muy abrumador.

Este año después de que me convertí en madre por primera vez, tenderé todas las mañanas libres para hacer lo que yo quiera…
…y la verdad es que NO se qué hacer.

Estoy entrando a una etapa de mi vida que nunca había experimentado.
Los tiempos han cambiado, pero yo también he cambiado. Aunque soy Melissa, en realidad soy Melissa madre de 3, esposa de 1 y responsable de una casa y todo lo que esta conlleva.

Cuando los hijos se van, es muy duro para las mamás. Si, por un momento brincamos de felicidad gritando “Libre soy, libre soy”; pero la realidad es que muchas enfrentan la soledad y eso aunque por un momento se disfruta, después se vuelve vacía.
A esto se le llama Síndrome del nido vacío. Y aunque la mayor parte del tiempo las madres somos las que lo sufrimos, los padres lo pueden sentir también. Cabe recalcar, que este síndrome es más enfocado a cuando los hijos abandonan el hogar definitivamente, pero se puede aplicar a cuando crecen y se vuelven más independientes.

Por eso yo creo que también es un momento de re encontrarse.
¡RE ENCONTRARME...pero si nunca me he perdido! Bueno, aunque no lo crean, si. No somos las mismas. Ni de cuanto éramos solteras, ni cuando decidimos compartir la vida con alguien más (para las que lo hicieron) y MENOS después de convertirse en madre.

Todo cambia, el cuerpo, las responsabilidades, las prioridades TODO.
Pasamos de ser X, a ser la mamá de Y y poner sus necesidades antes que las nuestras.

¿Alguna vez fantaseaste con qué harías si tuvieras un poco más de tiempo cuando tus hijos ocupaban todo tu tiempo? Bueno ahora es el momento.

¿Pero qué pasa si no sabes qué hacer como yo?

Bueno, me cuesta decirlo, pero a veces creo que no he encontrado lo que me llene realmente.
Algo que me haga sentir realizada y que al mismo tiempo aporte a la comunidad. No tengo ni la remota idea de qué puede ser eso.

Lo que si te puedo recomendar, son algunos puntos para que puedas salir adelante y no mueras en el intento. Los podemos intentar juntas.

Primero reconoce tu pena. Es normal sentirse así, es una especie de pérdida.
Descansa y tómate tu tiempo. No te apresures a comprometerte a algo hasta que ya tengas un balance.
Retoma actividades que hacías antes y te gustaban (tal vez todavía las puedes disfrutar)
Busca alguna actividad nueva que se lleve a cabo cerca de donde vives.  Nunca sabes si pueda gustarte y encuentres un nuevo hobby.
Busca un voluntariado ya sea en la escuela de tus hijos, en algún sanatorio o en donde tu sientas que puedas ser de gran ayuda.
Haz ejercicio. Mantén tu mente ocupada.
Estudia algún curso que sea de tu interés. No tiene que ser universitario.
Sal con amigas que estén en la misma situación que tu.  Tal vez juntas, el tiempo sea más divertido.

Algo que he aprendido conforme pasa el tiempo, es que este sentimiento se terminará en cuanto nos adaptemos a nuestra nueva rutina. Así que a ponernos manos a la obra y a volver a re encontrarNOS.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace años que tuve que ponerle a mi vida profesional una mega pausa, ni siquiera se si lo que aprendí todavía sirve.

¿Por qué las mamás nos sentimos culpables?

Hace un par de semanas tuvimos accidente en casa.
Mi hijo estaba saltando en el trampolín con más gente y mojado. Cuando trató de salirse se resbaló y literal voló. Con la escalera se pegó en la cara y aterrizó con la cabeza.
Obviamente todo tenía que pasar cuando estaba yo a un par de metros de él y todo lo vi en cámara lenta (al menos así lo sentí). Lo levanté,  instantáneamente le sobé la nuca pensando que si tenía un golpe mayor eso de alguna manera le iba a ayudar y me lo llevé adentro para revisarlo.

Estaba sangrando de la nariz y llorando sin parar.
Una vez que le limpié toda la sangre y logré calmarlo, marqué al número de no-emergencia que hay aquí en Inglaterra. Me asusté muchísimo porque mi hijo se estaba quedando dormido, su cuerpo suelto y yo en el teléfono sólo esperando instrucciones. Terminando le llamé a mi esposo para explicarle lo sucedido y bajo las instrucciones de la persona en el teléfono, me preparé para llevarlo al hospital.

Mi hijo despertó fresco como una lechuga y sólo pedía a su papá. Así que cuando papá llegó, se lo llevó al hospital y yo me quedé en casa de mi amiga para que mis hijas terminaran de merendar.

Cuando regresé a la casa y acosté a las niñas para dormir, una vez estando sola con mis pensamientos, me empezó a invadir la culpa.
¿Por qué no lo llevé yo, si él estaba conmigo y yo vi todo lo que pasó? ¿Por qué me quedé en casa de mi amiga como si nada hubiera pasado? ¿Por qué no me iba a mi casa a esperar a que me avisaran que todo estaba bien?
Llegó mi marido con mi hijo después de un rato y gracias a Dios solo fue el susto. Él estaba bien pero aún así durmió esa noche en nuestra cama.

Ya más noche, mis amigas me escribieron para preguntar cómo estábamos, y fue ahí donde les dije que estaba sintiendo la culpa.
Todos esos monstros que nos hacemos en nuestra cabeza y que nos hacen dudar y cuestionarnos sin lo hicimos bien, si no hicimos suficiente, si debimos de haberlo hecho diferente, entre muchas otras cosas más.

Me calmaron y me dijeron que mi esposo y yo somos un equipo y que así como él lo llevó, yo tenía que asegurarme que mis hijas estuvieran bien también. Pero eso mi cabeza NO lo veía.

Cuando nace un hijo, nace una madre y también nace la culpa. Es algo de lo que no te cuentan en todos los cursos profilácticos ni nada por el estilo.
Hoy en día nosotras las mujeres queremos hacer muchas cosas. Nos preparamos profesionalmente y queremos ejercer un buen tiempo, queremos subir de nivel, queremos ser madres, queremos que nuestros hijos coman bien y completo, queremos ayudar en la escuela, queremos salir y tener vida social, necesitamos un espacio para nosotras, queremos reencontrarnos con nuestro yo, etc. Pero…el día sólo tiene 24 hrs y nos sentimos mal por no hacer más.
Es más, a veces nos sentimos culpables por no sentirnos culpables.

Pero está bien sentirnos culpables de vez en cuando. Indirectamente lo sentimos porque queremos a nuestros hijos y nos preocupamos por ellos. Queremos lo mejor para ellos y nos lleva a exigirnos mucho…de más diría yo.
Pero todas estamos haciendo lo mejor que podemos para ellos.

Hay algunas cosas que podemos hacer para no sentirnos culpables (o al menos no tanto)

Aceptación. Hay muchas cosas que podemos hacer, pero tenemos que aceptar que no podemos hacer muchas otras. Haz bien lo que sabes hacer. Sácale provecho.

Comparación. Todas hacemos las cosas diferentes y todas tenemos resultados diferentes. A algunas les sirve algo y a otras les sirve otra cosa. Deja de compararte. Tu eres única.

Exigencia. No te exijas de más, tu sabes hasta dónde puedes llegar o hacer. Es mejor hacer bien una cosa, que hacer 5 a la mitad.

Practica afirmaciones positivas.  Hay muchos pensamientos que podemos llevar a cabo justo al iniciar el día; estos pueden ayudar a darnos tranquilidad, armonía y darnos un sentido de poder. Intenta “ Yo soy fuerte, hago lo mejor que esta en mis manos, estoy muy agradecida por, tengo salud, mis hijos están sanos, fuertes y felices”

Perdónate.Cuando logramos perdonarnos, nos quitamos un peso invisible de encima. Nos ayuda a seguir adelante. Aunque casi creo seamos superhéroes, también somos humanos y tenemos el derecho a equivocarnos y hacer las cosas bien de nuevo. Los errores son una buena oportunidad para aprender, crecer y hacerlo mejor a la próxima.

Y recuerda.

No existe la mamá perfecta, pero si hay millones de maneras de ser una mejor madre.

 

 

Cuando nace un bebé, también nace una mamá

Hoy en casa celebramos 7 años de vida de mi primera hija.

La verdad es que cuando alguien de la familia cumple años, me pongo algo sentimental y es que a veces siento que los años se me pasan como agua por las manos.

Pero fuera de sentimentalismos, me da mucha risa lo chistosas que somos las mamás cuando de festejar a nuestros hijos se trata.

Recuerdo cuando iba a ser el primer festejo de mi hija, planee su fiesta por meses. Los detalles, la comida, los regalos de agradecimiento, la piñata en forma de #1, ¡Todo! Estaba tan emocionada, que jamás pensé en que ella no se iba ni a percatar de todo lo que estábamos preparando para ella. Más bien era una fiesta para mi jaja para mi primer año de mamá.

Cuando estamos embarazadas anhelamos con tanta ilusión conocer a nuestros pequeños.
Imaginamos su cara, sus facciones, expresiones, el color de su cabello, si se parecerá a nosotras o a su papá.
Nos cuidamos hasta de más. Comemos muy sano, a veces dejamos de comer ciertas cosas por no perjudicar al bebé o comenzamos a comer otras que normalmente no comeríamos.

Todo gira alrededor de ellos.

Preparamos todo lo que van a vestir; su habitación; todo lo que conlleva su alimentación; que si la almohada para lactar, el manto, la silla especial, etc. Su medio de transporte; todo lo relacionado con su seguridad e higiene y la lista jamás se termina.
Muchas nos preocupamos por la lactancia sin ni siquiera todavía llegar el bebé.
Vamos a cursos psicoprofilácticos y hasta aprendemos a cambiar un pañal con una muñeca.

Y sigue girando alrededor de ellos.

Pero cuando por fin llega el día…es un sentimiento que no hay palabras para describirlo.
Sea cual sea la forma de su llegada, pero la primera vez que lo ponen sobre tu pecho o en tus brazos todo cambia.
Es como comenzar de cero.
¿De verdad yo hice a ese pequeño ser?

Y para todas ese momento se detiene. Por que en ese momento también nace una mamá.

Algunas su instinto maternal lo tienen desde que nacen y otras lo van desarrollando junto con su hijos, pero una vez que todas llegan al mismo punto, su amor se vuelve infinito y desinteresado.

Hace 7 años yo me convertí en mamá por primera vez.
Ha sido hermoso y loco a la vez.
Sin duda el mejor Rol que he desempeñado hasta la fecha y el que más me ha costado.

Felicidades Luciana por 7 años de estar con nosotros. Tu me convertiste en madre y por eso te estoy infinitivamente agradecida. Contigo llegó esta nueva vida y junto con ella un sin fin de emociones.
Tu, junto con tus hermanos, hacen que esta familia sea aún más feliz.
Que Dios te siga iluminando con esa hermosa sonrisa y nos permita muchos años más junto a ti.

 

 

 

 

 

Mamá no te enganches

Hace un par de días en casa tuve un altercado con mi hija. Es más, ya ni me acuerdo por qué fue, pero si tengo muy presente el sentimiento que tuve después de nuestra “pelea”.

En casa tratamos de practicar la disciplina positiva, pero aunque se escucha de maravillas, la verdad es que a veces es difícil llevarla a cabo.
Siendo una persona muy emocional, a veces se me dificulta dejar ir las cosas. No es broma, pero hay momentos en donde la canción de “Let it go” retumba en mi cabeza, porque realmente muchas situaciones deben de ser así.

Yo creo que mis hijas salieron igual de emocionales como yo.

Con el tiempo, hemos descubierto su personalidad y temperamento. Hoy a sus 6 y 4 años, siento que se carburan muy rápido, por cosas tan sencillas y los sentimientos les nubla la razón.
A veces siento como que hemos llegado a la adolescencia antes de tiempo, porque se van dando golpes con los pies en el piso y cuando se van a su habitación cierran la puerta de golpe.
Yo…¡Claro que eso me carbura también! Trato de mantener la calma y darles su espacio. Pero es muy difícil.

Hay momentos en donde yo siento que ellas están midiendo mi paciencia. Ya nos molestamos y aún después de retirarse a “calmarse” siguen retándome. Ya sea pegándole a la pared, haciendo un ruido molesto, gritando cosas “hirientes” u otra cosa que puede ponernos a prueba por más que hagamos de oídos sordos.

Enseñar a nuestros hijos a descifrar sus sentimientos y a calmarse, no es cosa que suceda de la noche a la mañana. Por lo menos nuestra hija mayor ya nos ha dicho cómo se siente en esos momentos, pero no sabe cómo calmarse y en eso trabajamos todos los días.

Justo en estos días tuvimos otro altercado. Típico que les pides a tus hijos que no hagan cierta cosa, pasan la orden por alto y luego algo pasa. Bueno así sucedió y la reacción de mi hija fue de enojo. Se fue llorando a otro cuarto porque sabía que lo que había pasado era su culpa aún y cuando le habíamos advertido. Tratamos de darle su espacio, pero escaló escaló y no se cómo, terminé llamándole la atención porque estaba metida debajo de un mueble llorando sin hacerme caso cuando le pedía que se saliera porque se iba a romper. Mi marido tuvo que intervenir y el terminó solucionando el drama.

Y así como este ejemplo ¡Muchos!

Algo que también hemos aprendido con el tiempo es escoger nuestras batallas. La forma en como enfrentamos los problemas es muy diferente en todos los miembros de la familia. Mi esposo y yo como el equipo que somos, tratamos de darnos apoyo cuando uno de los dos lleva la batuta en solucionar el drama que se está llevando en ese momento. Podremos no estár de acuerdo con lo que el otro está haciendo, pero nunca le daremos la contra enfrente de nuestros hijos – ya lo arreglaremos después.

En fin, esto de la maternidad es un constante estira y afloja y la verdad es que muchas veces –si no es que la mayoría- los niños olvidan rápido el por qué se molestaron y vuelven a estar como si nada….y una como loca con los pelos de punta.

Mi recomendación es que trates de no engancharte. Recuerda que nuestras pequeñas personitas están descubriendo sus sentimientos y sus emociones y aún ni saben cómo manejarlas. Ya se, se siente una impotencia fatal, pero nosotros en esta vida hemos tenido más tiempo para saber en dónde nos enfocamos más y en dónde no.

Mama no te enganches, respira profundo y literal cuenta hasta 10.

M.

 

Yo nunca…

Cuando recién me convertí en madre, tenía muy claro las cosas que quería para mis hijos, tanto en educación, valores, crianza y demás.
Viviendo en un país lejos del mío, mi teoría era que necesitaba ser muy firme en todas mis decisiones y acciones, con el fin de que hubiese una armonía en el hogar y yo mantener mi sanidad mental.

Creo que antes de convertirme en madre, era la madre perfecta. De ahí hasta que me convertí en madre por tercera vez, creo que me he mordido la lengua muchas veces, porque he hecho miles de cosas que yo dije que nunca haría y también no he hecho muchas cosas que dije que haría.

Ayer por la tarde de plano perdí la compostura y le grité a mis hijos de una forma que cuando terminé de hacerlo, ni yo misma me reconocí.
Se la han pasado peleando constantemente todo el día. Llevan semanas así y honestamente no creo que dejen de hacerlo pronto.
Entre que se pelean, lloran, pelean, lloran y así sin descanso, luego la perrita de la casa ladrando y gruñendo todo el tiempo, lo perdí.

“¡Ya, dejen de pelearse, ya me tienen harta!
TU, deja de molestarlo y TU deja de lloriquear.
Si no saben jugar juntos, entonces tu te vas arriba y tu te quedas abajo.

Así es, yo siempre dije que nunca les gritaría a mis hijos y me he mordido tanto la lengua, que hasta sangre me salió.
Que chistoso, de verdad que nadie sabe en lo que se mete, hasta que ya está dentro ¿no?

Cuántas veces dije que nunca los iba a dejar comer enfrente de la tele y hay veces en que lo hacen porque prefiero no pelear por apagarla y pedirles que se vengan a comer.

Cuántas veces dije que nunca los iba a dejar sin bañar, pero hay veces en los que el cansancio me gana y sólo quiero que se vayan a dormir.

Cuántas veces dije que nunca les iba a dar dulces entre semana y hay veces en los que les compro uno si se portan bien en el super.

Cuántas veces dije que nunca iban a dormir conmigo y hay noches en donde prefiero dormir aplastada por ellos, que ir constantemente a su cuarto para verlos.

Cuántas veces dije que nunca les iba a decir “Si no vienes, ahí te dejo” y lo he hecho un par de veces en el parque.

Cuántas veces dije que nunca les iba a prestar mi teléfono y hay veces que no tengo otro remedio que dárselos para que estén tranquilos.

Cuántas veces dije que nunca me iba a ir sin despedirme de ellos por la noche, pero hay veces que se han portado tan pesados, que su padre se encarga una vez que llega y yo no vuelvo a subir sino hasta que me voy a dormir y me voy directo a mi cuarto.

Cuántas veces dije que nunca los iba a dejar despiertos después de su hora de dormir y hay días en los que mientras estén tranquilos y en su cuarto, no me importa que no se duerman. Ya lidiaré con despertarlos al día siguiente en 8hrs después.

Y así muchas más.

Porque en esta vida con hijos muchas veces no se puede planear. Una cosa es lo que nosotros queremos hacer y otra lo que se puede hacer.
Es un constante estira y afloja que mientras llevemos la fiesta en paz, en muchas cosas (pero muchas) tendremos que ceder.

Mantengamos claro lo siguiente que es lo básico y primordial. Que ellos estén vivos y felices. El cómo ya lo iremos descubriendo en el camino.

...¿Y tu en qué has dicho "Yo nunca"?

M.

 

 

 

Photo by Kristina Flour on Unsplash

 

Mamá, olvídate de cómo luces en traje de baño.

Hablar de nuestra complexión física, es para muchas mujeres un tema sensible.

Ahora que comienza el verano, muchas de nosotras nos vemos entre la espada y la pared.
Por una parte, queremos llevar a nuestros hijos a todos esos sitios de agua en donde estás debajo del sol muriéndote de calor, pero por otra, no te sientes con la suficiente confianza para ir con ropa diminuta, fresca, si no es que hasta en traje de baño.

Hace un par de días, la naturaleza nos regaló una semana completa de un clima maravilloso.

Llevé a mis hijos a un pequeño parque de agua en donde podían correr, mojarse, jugar con otros niños y yo…poder despejarme un poquito…

NO PUDE

¡Estaba que moría de calor!
Ya se que siempre me quejo de que no soporto el frio y el viento que hace en este país; pero cuando aquí hace calor…HACE CALOR.

Me encanta, lo amo y él y yo somos uno mismo, pero no iba preparada, ni física ni mentalmente para disfrutar el momento en el agua.

Desde que me convertí en madre, algo de lo mucho que cambió fue mi cuerpo.
Con el tiempo, me he visto con pocas oportunidades para sentarme a comer, cambiar mis comidas preparadas por las sobras de las de mis hijos y llenarme de comida chatarra durante mis momentos de ansiedad.
Me falta la motivación para hacer ejercicio y lo único que quiero hacer por las noches es dormir.
Eso se refleja en mi cuerpo

Pero, cuando estoy con mis hijos en la playa o en las albercas, ellos NO VEN mi cuerpo. Ellos ven a la mamá que juega con ellos aquí y allá y quieren hacerlo en el agua también.
Ellos no le dan importancias a las “rayitas” que tengo por todo el cuerpo y tampoco si se me ve bien el traje de baño o no.

Mi pena, mis complejos y todo eso, se queda atrás cuando veo en sus caras la emoción de que mamá vaya a jugar con ellos en el agua.

Cuando me siento con ellos a cavar un pozo en la arena.
Cuando corremos entre las fuentes esquivando los chorros de agua.
Cuando la hacemos de sirenas o tiburón por toda la alberca.
O simplemente estar ahí, frescos, tirados descansando sin importar qué llevemos puesto.

Nadie se va a fijar en ti ni tu en ellos, te lo digo porque estamos tan enfocados en nuestros hijos, que nadie tiene tiempo para ver a los demás.
Todo lo demás va a pasar a segundo plano o va a importar menos en comparación con lo que de verdad importa y es pasar esos momentos divertidos con nuestros hijos.

Yo voy a seguir con mis imperfecciones al menos por un buen rato y no quiero que eso limite el pasar un tiempo diferente ellos.
Ya vendrán días en los que pueda cocinar de manera completa, sentarme a comer por más de 15 minutos e irme al gimnasio y tener un cuerpo más saludable.

Por el momento tengo a mis hijos pequeños, con los brazos abiertos y dispuestos a jugar hasta cansarse debajo del agua con mamá.

Tal vez te pueda interesar este texto ⇒ Por qué me cuesta tanto aceptar mi cuerpo

Melissa

 

Ninguna madre debería de criar a sus hijos lejos de su propia madre.

Convertirse en madre es la experiencia más inolvidable que una mujer puede vivir.
Todos tus sentidos y emociones están a flor de piel. Te sientes la mujer más capaz del mundo, pero por otro lado, un mar de dudas, incertidumbres y más, llenan tu cabeza.

Ves a la pequeña persona que acabas de dar a luz y te preguntas, cómo es que existe un ser tan perfecto y tan hermoso; y lo más increíble es que tu y tu pareja lo crearon.

Sientes como tu corazón no puede de tanto amor y orgullo y  lo quieres compartir con el mundo entero; principalmente con tu familia.

Entiendes por primera vez, el Rol que tu madre ha hecho por tantos años. Confías en que ella te comparta sus consejos y sobretodo su ayuda; al cabo ella es la voz de la experiencia.

Ella, que a su manera, ha logrado que tu te conviertas en una persona de bien. La cual ha hecho muchos sacrificios para que nada te falte.
Que ha sacado adelante a su familia, buscando aquí, quitando allá y haciendo magia para que las cosas salgan bien en el hogar.

Esa madre, no debería de estar lejos de sus hijos cuando ellos se vuelven padres.
Debería de estar ahí para cuando se necesite, aún y cuando sus hijos quieran hacerse los perfectos y pretender que lo saben todo.

Debería de estar ahí lista para ayudar y estar al pie del cañón. Dispuesta a amar a sus nietos y amar aún más a sus hijos, porque al final del día, ellos son sus hijos y personas también, fuertes o débiles, pero que necesitan de un abrazo, de un "Lo estás haciendo bien" o "Todo va a estar bien" o "No te preocupes, yo me encargo", aunque no lo quieran aceptar.

No significa que ella lleve el hogar ajeno, simplemente que esté con sus hijos para darles el confort que como padre, se pierde un poco, o a veces hasta en su totalidad.

Porque ella es madre y sabe lo que se siente. Porque a ella de igual manera, su madre debe o debió estar ahí para ella también.

Porque las madres deben de estar unidas en todo momento.

Yo que he sido madre por seis años y esos años, lejos de mi madre. La he necesitado. Su apoyo, su ayuda y todo lo que una madre puede dar.
Esos años que a mi nadie me ha enseñado a ser madre.
Que he necesitado respirar y no la he tenido para que me proporcione ese oxígeno.
Que la veo y y a veces es como si fuéramos dos extrañas por estar tanto tiempo separadas.
Porque yo cambié. Me convertí en madre y volví a cambiar y ella no ha estado presente para conocer a la nueva yo, a la madre de familia.
Pero ahora la entiendo, como madre y como mujer y toda mi percepción cambia. Sea lo que sea es mi madre y tengo mucha suerte de que haya sido ella.

Ser madre es una bendición. Y es algo que no se debe de vivir sola.

¡FELIZ DÍA DE LAS MADRES!

Mis amigas blogueras y yo nos unimos para esta celebración, quédate a leer.

Por favor lava los platos. Los niños van a estar bien.

Escucha.
Antes de que todos piensen que este es uno de esos artículos, en donde te dicen que ignores las tareas del hogar, porque los hijos crecen muy rápido, déjame asegurarte esto: no lo es. Es un respiro para aquellas madres que sienten un poco de culpa por hacerlo.

Por favor lava los platos.
A pesar de que nuestros bebés crezcan muy rápido, es mejor que lo hagan cuando los platos están limpios.
Y no te sientas culpable por eso. Tu estás enseñando a tus hijos que los platos son parte de la vida. Comes, haces un mugrero y lo limpias.

A veces, yo pienso que esos artículos en donde te dicen que disfrutes el momento, no piensan que lo puedes disfrutar aún más, cuando sabes que no hay una pila de platos sucios por lavar.

Lo sé.

He luchado contra esa parte de mi que piensa que estoy mal. Yo quiero ser esa mamá que ignora el tiradero, los platos sucios, las cosas por hacer, pero honestamente nunca lo he sido. Y por todos esos poemas motivacionales, Pinterest y los blogs de maternidad, en donde te repiten una y otra vez que la maternidad en realidad se pasa muy rápido y que necesitamos disfrutar cada momento…han hecho que yo me sienta culpable y al final ahí estoy yo, tratando de despegar comida seca del plato, como si fuera pegamento extra fuerte en vez de estar descansando leyendo un libro.

Pero amigas, en serio, en verdad batallo para leer ese libro cuando se que hay miles de platos por lavar en la cocina. De verdad batallo. Si, juego con mi hijos, pero en realidad, soy la que lo hace recogiendo todo los juguetes o juega a que está limpiando, en vez de estar realmente jugando. Todo es cuestión de encontrar EL balance.

Por eso, les escribo para liberarlas.

Laven los platos.
No eres una mala madre si no estás ahí sentada, disfrutado CADA momento.

Alguien tiene que hacer el trabajo. No podemos vivir en un desorden. O al menos mi personalidad no lo permite. Y otra vez, estamos enseñando a nuestros hijos el valor del orden, las tareas, responsabilidades y las recompensas cuando nos hacemos cargo de las cosas a nuestro alrededor.
¿Y sabes qué? Puede que lavar los platos sea importante para ti, pero no para otra persona. Pero solo quiero que sepas que se vale; en un mundo en donde se nos exige disfrutar cada segundo, lavar los platos, o lavar la ropa y todas esas cosas, es bueno. Es cuidar de nuestros hijos también. Es vida.

¿Que los hijos crecen?
POR SUPUESTO

Mi hija mayor ya está en college al otro lado del país. No soy una madre cuyos hijos son menores de 5 años y está dando consejos. Es muy muy fácil pensar que lo sabemos todo. Pero de verdad te digo, hasta que no tienes un adolescente, no puedes aconsejar sobre un adolescente, ¿me explico? Te lo digo yo, no puedo aconsejar a alguien cuyos hijos sean mayores de 20 años y 9 meses.
Porque esta etapa es en la que estoy.

Pero escucha. En esos casi veintiún años de maternidad, he luchado en contra mía y de mi necesidad por el orden, porque he permitido sentir la culpabilidad de perderme cada momento.

¿Sabes lo que pasó?
Me volví muy irritable, frustrada, agobiada.
Entonces decidí hacer la culpa a un lado. Y comencé a ordenar todo y a regresar la paz a este hogar. Y así, mi verdadera yo regresó. Yo, la que puede reír y disfrutar los momentos porque no tiene que hacer un millón de cosas en la casa.

Soy una mejor mama porque los platos están limpios.

Escucha, así es la vida. No tenemos el lujo de resumir la vida en una película o en una temporada de 38 episodios en donde la gente limpia todo el desorden por arte de magia. Tu y yo lo hacemos.

No más culpabilidad. Lava los platos, siéntete orgullosa de eso. Ama a tus hijos, disfruta el momento cuando puedes. Encuentra el balance que funciona para TI y tu familia.

Pero en serio, si necesitas orden en tu casa, no te sientas culpable. Si eso es lo que te hace feliz, es lo que importa.

¿Y mi felicidad?
La hace una superficie limpia.

~Rachel

Ps: Mi Hija sobrevivió. Y a ella, le gustan las superficies limpias también.

Texto original: Just do the dishes, the kids will be fine

Traducción Mi Rol de Madre

¿Qué empacar en la pañalera?

¡Felicidades! Acabas de convertirte en madre de un pequeño angelito.
Este pequeño ser, tan adorable, inocente y perfecto, también es una personita que necesita de muchas cosas; pero calma, que no cunda el pánico, porque aquí te voy a ayudar con las cosas más importantes y esenciales para tu pañalera.

Como muchas madres primerizas, con mi primera bebé cargaba hasta con el perico; pero conforme fue creciendo y nosotros recibiendo más miembros en la familia, tuvimos que tomar una decisión: o la bebé y todas sus cosas, o nuestra espalda y sanidad. Aunque no lo creas, te voy a decir que se pueden las dos, pero hay que aprender a ser prácticas y esto no llega de la noche a la mañana.
Qué es lo que necesitas:

  1. Lo primero y más importante de que debes de tener son pañales y toallitas húmedas. Los pañales que sean de entre 2-4, sobretodo si estás lactando, porque los bebecitos evacúan más seguido.
  2. Cremita para evitar rozaduras.
  3. También un Cambiador. Este tapete plastificado en donde pones al bebé cuando no hay instalaciones adecuadas para hacerlo.
  4. Bolsitas desechables. Te sacarán de apuros cuando tienes pañales o ropa sucia y no tienes dónde ponerlos.
  5. Un cambio de ropa de lo más ligero que puedas encontrar, para que no pese tanto.
  6. Si estás dando fórmula, el kit que necesites según el tiempo que estés fuera de casa. Biberones y la fórmula medida en botecitos.
  7. Trapitos repetidores y un babero, no querrás que el bebé se manche (o tu) de lechita, cuando se puede evitar fácilmente.
  8. Una cubierta para lactar en caso de que te guste tener más privacidad.
  9. Chupón (o trapito) si tu bebé está muy apegado a ellos.
  10. Gel antibacterial o toallitas antibacteriales. Nunca sabes si a donde vas está limpio o no, sobretodo las mesas, barandales o cualquier cosa que tu hijo quiera chupar.
  11. Snack y agua, en caso de que tengas un toddler.

ESPERA...¡No te olvides de ti!

He visto miles de millones de madres que aparte de llevar la pañalera, cargan con una pequeña bolsita para ellas. Yo en lo personal no lo hago, porque bastante tengo con cuidar una cosa, menos dos.
Lo que si debes de cargar para ti y es importante es lo siguiente:

  1. Almohaditas absorbentes de lactancia, no querrás dar un espectáculo y que la gente se te quede viendo.
  2. Pastillas para el dolor de cabeza. Muchas veces por el estress de salir y todo nuevo con el bebé, puede generar dolor de cabeza, así que para que esto no te detenga, carga al menos dos pastillas.
  3. Una t-shirt ligerita, hecha rollito por si en algún momento terminas con algún fluido de dudosa procedencia 😛
  4. Tu teléfono móvil.
  5. Cartera con teléfonos de emergencia.
  6. Lentes.
  7. Papel y pluma.
  8. Un lipstick, recuerda que ser mamá no significa que dejes de arreglarte (aunque sea un poquito, eso nos hace sentir mejor).
  9. Agua (opcional)

Extras.

Hay algunas cosas que siempre nos pueden sacar de apuros. La verdad es que no son necesarias, pero si no te importa cargarlas puedes agregar a tu lista:

  1. Protector solar.
  2. Un gorrito para el sol.
  3. Pañuelos.
  4. Juguetes, colores y una libreta para entretener al pequeño.

Recuerda que siempre es bueno tener un kit de cambio para emergencias, en el coche. De verdad que a mi si me ha sacado de apuros; sólo no te olvides de revisarlo periódicamente.

Espero estos tips te sirvan y a la próxima que salgas con tu pequeño, tu bolsa no pese tanto.

Y tu, ¿Qué tanto llevas en tu pañalera?
M.

Pañalera Colorland de Babycchinos