Un cumpleaños en tiempos de pandemia

Celebrar el cumpleaños de alguien de la familia siempre es emocionante. Mucho más, cuando el que cumple es tu hijo. Muchas de nosotras nos preparamos con anticipación para celebrarlo. Algunas hacen una gran fiesta; otras invitan a los amiguitos a la casa; algunas llevan pastel al colegio y otras salen a comer con toda la familia. Sea como sea el festejo, la intensión es que no pase desapercibido. 

Nosotros todos los años invitamos a 3 amiguitos a la casa para un playdate; se quedan a merendar y después con un pastel cantamos Happy Birthday. Es algo lindo, sobretodo porque la fiesta la hacemos varias semanas después por cuestión de disponibilidad en los salones. 

Este año no fue la excepción. Con un mes de anticipación, les avisé a las mamás de los amiguitos que mi hija quería invitar a la casa; separé el lugar donde iba a ser la fiesta; envié las invitaciones; mandé pedir el pastel y me organicé para comprar los regalos que le íbamos a dar.

Poco (o nada) pensaba que este festejo no se iba a poder llevar a cabo en lo absoluto.

Habíamos escuchado de un virus en China que estaba atacando a toda la población. Muy surreal pero como era en un país tan lejos, nunca pensamos que iba a cruzar continentes. Luego que llega a Italia, España y todo se vuelve más cercano.

Los rumores empiezan a circular, la gente empieza a hacer copras de pánico; y en menos de lo que nos damos cuenta, el Primer Ministro de Inglaterra, da la orden de que se cierren las escuelas, trabajar desde casa y no salir si no es necesario; y es ahí donde a todas nos cae el 20 de lo que realmente estaba pasando. 

Las madres de la escuela preocupadas, cancelaron el playdate. Todos los restaurantes, cafeterías, zonas de juegos comenzaron a cerrar. Los supermercados no se daban abasto con productos y sus entregas estaban hasta el tope. Las pastelerías ya no entregaban pasteles, los centros comerciales y las jugueterías cerraban sus puertas también.

¿Qué hacer cuando un cumpleaños es en medio de una pandemia?

Creo que como madres nos duele mucho. No es lo que esperábamos obviamente. Los niños están decepcionados porque no van a poder festejarlo con sus familiares y amigos. La fiesta que tanta ilusión tenían tendrá que posponerse hasta nuevo aviso. No pueden recibir regalos del exterior y en algunas ciudades, hasta salir a caminar alrededor de la cuadra está prohibido. 

Jamás nos imaginamos vivir una pandemia. Pero estoy segura que como madres, siempre nos las ingeniaremos para hacer de un cumpleaños algo especial

Improvisaremos el pastel más delicioso que podamos hornear. Haremos una comida familiar que normalmente no hacemos, ya sea un picnic en el patio, unas hamburguesas al asador, un buffet de nieve con chispas de colores y demás. Nos saldrá nuestro lado creativo y envolveremos los regalos con lo que tengamos en casa, periódico, papel reciclado, hojas blancas decoradas con mensajitos y etc. 

Encontraremos algún globo viejo y con un letrero grande escribiremos Feliz Cumpleaños.

Colorearemos una tarjeta especial y cada miembro de la familia podrá escribir su mensaje.

Y así viviremos un cumpleaños diferente.

Nadie previene este tipo de eventos. Nadie estamos preparados. Ni nadie nos enseña a saber actuar y todas lo hacemos lo mejor que podemos.

Hoy más que nunca celebramos la VIDA de nuestros seres queridos. Hoy más que nunca celebramos su SALUD, que es lo más importante. En un futuro podremos contarles a nuestros hijos y a nuestros nietos, todo lo que hicimos para hacer de estos momentos, lo más normal que se puede con lo que se tenía a la mano.

Vamos a salir de esta van a ver. Sólo cuídense.

Y esperemos que un futuro no muy lejano, podamos celebrar este y muchos cumpleaños más.

M.

Las amigas que todas deberíamos de tener

Poquito antes de que mi primera hija naciera, me propuse conocer mujeres que estuvieran en la misma situación que yo.
Iba a clases prenatales, quedábamos para ir a tomar cafés y demás. Mi idea era construir poco a poco mi comunidad, conocer a mi tribu.
La verdad es que al principio no tuve mucho éxito. Tenía amigas mexicanas, pero vivían en otra parte de la ciudad; las que vivían cerca de mi eran un poco cerradas y sólo logré conocer a una latina, que después tener a su bebé  sufrió de depresión post parto muy severa y lamentablemente no la podía ver tan seguido.

Siempre he sido una persona muy extrovertida, pero llegó el momento en mi vida en donde se me complicó hacer amigas fácilmente. Ahora que lo escribo se puede escuchar como una ñoñada, pero cuando te conviertes en madre, es muy fácil sentirse sola, olvidada, incomprendida y así me sentía yo.
Recuerdo en esas épocas una conocida me dijo, que una vez que mis hijos comenzaran la escuela, iba a ser más fácil conectar con mamás; porque las iba a ver seguido, seguramente iban a vivir cerca de mi y así llegaría a conocerlas y formar mi grupo. Pues nada. Cada una anda con sus rollos que a veces es difícil hacerlo.

Durante mi maternidad (y antes de ella también) he aprendido que en esta vida, es bueno tener amigas de todo tipo. Aunque nosotros pasamos casi todo el tiempo como mamás, no solamente somos eso. Ciertamente tener amigas mamás nos ayuda a platicar con alguien con las que tal vez nos podamos sentir identificadas, pero yo también te recomendaría que tuvieras un grupo mixto. ¿Por qué?  Porque todas somos una mezcla de todo.

Estas son las amigas que todas deberíamos de tener.

Las amigas desde la infancia. Ellas te conocen todo; te han visto crecer y madurar. Tienen una historia juntas.

Amigas mamás que tengan hijos de la misma edad. Así se echan la mano con situaciones similares, aprenden juntas. Saben por lo que están pasando y puedes tener a alguien empática a tu lado.

Amigas que tengan hijos más grandes que los tuyos. Así puedes aprender de la voz de la experiencia y tal vez no meter la pata tan seguido experimentando. Al final de todo han sobrevivido ¿no?

Amigas que NO TENGAN HIJOS. Para que saquen a la mujer que hay en ti. En donde tengan pláticas fuera de la maternidad. Salgan hasta tarde.

Amigas que sean profesionalmente activas. Que hagan tu cabeza trabajar. Es super fácil perderse en el mundo de la maternidad, que a veces hasta sumar no podemos hacerlo tan rápido como antes.

Mamás que saben que aunque los hijos te absorben cada parte de tu ser, están dispuestas a salir, pasar un tiempo a solas con amigas y tener tiempo para ti.

Las mamás con las que no te sientas juzgada. Con la que no tengas que disculparte porque tu casa esté hecha un desmadre. Esas son de las mías.

Las mamás que son cero drama. Porque quién necesita drama en la vida. Bastante tenemos con el nuestro.

Las amigas mamás con las que no has hablado en un buen tiempo, pero cuando las vuelves a ver es como si no hubiese pasado tanto.

Las mamás aventureras. Las que no se pueden quedar quietas y andan de arriba para abajo. Las que te sacan de tu zona de confort y te invitan a probar cosas nuevas.

Las mamás que te cuidan a ti también. No es que no podamos cuidarnos nosotras mismas; pero siempre es reconfortante sentir que alguien se preocupa por ti y está al pendiente cuando lo necesitas.

Y tu ¿Qué otro tipo de amigas agregarías?
M.


Tal vez también te puede interesar → Por qué hacer amigas me regresó a mi época de secundaria.

 

Confieso, yo he sido una mamá que juzga.

Siempre he dicho que la maternidad saca las inseguridades de todas.  Es nuestra etapa más vulnerable, estamos a la defensiva y muchas veces nos encontramos dudando si lo que hicimos está bien o si debimos hacer más/menos.

Queda claro que nadie nace sabiendo maternar y TODAS lo hacemos diferente. Pero qué pasa cuando nuestro demonio escondido y egocéntrico aparece e inconscientemente pensamos que nosotras lo podemos hacer mejor.

No hay persona en esta vida que no haya juzgado al menos una vez CRÉEME.
Tú y yo hemos juzgado y nos han juzgado, de eso nadie se libra.

¿Pero por qué juzgamos?
Porque no conocemos bien a la persona o porque no creemos en lo que esa persona cree, por nuestras inseguridades, porque nos sentimos amenazados o simplemente porque se nos da la gana.
Es algo muy incómodo la verdad. Pero es una debilidad del ser humano.

Ahora, lo interesante es cuando lo hacemos ya siendo madres.
Nosotras madres juzgamos por todo. Juzgamos a la madre que decidió evitarse el trabajo de parto y tuvo cesárea. Juzgamos a la madre que no lacta y siempre la vemos dando el biberón. Juzgamos a la madre que usa miles de pañales y que no está cuidando al medio ambiente. Juzgamos a la madre que se va a trabajar y deja a sus hijos al cuidado de alguien más. Juzgamos a la mamá que sobreprotege a sus hijos. Juzgamos a la mamá que deja a sus hijos libres en el parque. Juzgamos a la mamá que no juega con sus hijos. Juzgamos a la mamá que es autoritaria o a la mamá que es permisiva.  Juzgamos a la mamá que no le importa si sus hijos están todos sucios y descuidados. Juzgamos a la mamá que es comunista. Juzgamos a la mamá que  lleva a sus hijos a restaurantes de comida rápida. Juzgamos a la mamá  que le da a sus hijos muchos dulces. Juzgamos a la mamá que no socializa con nadie. Juzgamos a la mamá cuyos hijos siguen despiertos a altas horas de la noche. Juzgamos a la mamá que le da refrescos a sus hijos. Juzgamos a la mamá que deja que sus hijos vean la tv o dispositivos sin límite de tiempo. Juzgamos.

¡Vaya que podemos ser bullies a veces! Y es que no es necesario decir las cosas con palabras, muchas veces con la mirada es más que suficiente.

Ser madre es un trabajo muy difícil y lo que debemos de hacer es apoyarnos entre todas.

Y metámoslo en nuestra cabeza tanto que se haga un tatuaje interno en donde pensemos que “Tal vez no esté de acuerdo contigo en tus decisiones y tu tampoco con las mías, pero vamos a respetarnos y aceptar que estamos haciendo lo mejor que podemos”

Así que a la próxima que veas a una mamá con su hijo llorando en un lugar público, en vez de pensar en por qué su hijo chiflado no se calla, ofrécele tu ayuda. NO sabes el impacto positivo que eso pueda causar.

M.

 

 

 

 

 

Qué significa ser el hermano mayor

Hoy escribo esto fresquito de una situación que acaba de pasar con mis hijos.

Mis hijos la mayoría de las veces, deciden que antes de salir a cualquier lugar, lo más divertido es comportarse como loquitos. Así es, se persiguen, se patean, se ríen como desquiciados y demás. ¿Ya te hiciste la imagen?
Bueno, normalmente soy yo la que tengo que estar atrás de ellos para solucionar las cosas. Hacerla de réferi cuando se pelean, negociadora y demás. Pero últimamente mi hija la mayor, ha salido al quite y está tomando un papel muy de mamá.

Muchas veces tengo que recordarle que YO SOY la mamá, que ella debe de disfrutar su infancia y ser cómplice de sus hermanos; pero no puedo evitar identificarme con ella.

Yo soy la mayor de tres hijas y tengo que decirte que ser la primera si tiene sus beneficios, como mangonear a tus hermanos menores, tener la atención de tus papás por cierto tiempo, tal vez el cuarto sola y más cosas. Pero por otro lado, no siempre es miel sobre hojuelas.

Si tu eres la mayor de tu casa, me vas a entender perfecto.

Eres la hija de prueba y error con tus padres. Cómo te explico las veces que me dijeron que no a tantas cosas. Me pedían que estuviera en casa a cierta hora y muchas otras cosas más. Nuestros papás aprendieron a ser papás con nosotras y digamos que en muchas cosas lo lograron, pero en otra la regaron también.

Tienes que esconder todas tus cosas de tus hermanos. Me acuerdo que una de mis hermanas SIEMPRE quería usar mi ropa y me enojaba bastante cuando se robaba ropa que ni siquiera yo había estrenado. Ahora a mi hija le abren su diario y usan sus joyitas. ¡Uff como arde! Y ahí si no le puedo decir que comparta ¿verdad?.

Esperan que seas la más responsable y el modelo a seguir. A quién no le dijeron “Pórtate bien porque tu eres la hermana mayor” O “Tu hermana lo aprendió de ti”. Es frustrante tener esa responsabilidad y pensar que no puedes cometer ningún error porque eres la hermana mayor.

Eres la “bossy” por andar mangoneando y ordenando  a los menores. Una vez hasta me dijeron “La generala” (mi mamá incluida) y aunque se siente muy bien que los demás hagan las cosas por ti, no se siente tanto que te pongan este tipo de apodos.

Eres la reina de la casa, pero una vez que llegan tus hermanos menores empiezan los celos, las pesadillas, el no querer compartir tus cosas (o la atención de mamá), etc. Yo no recuerdo nada porque tenía dos años, pero mi mamá dice que lo pasé muy muy mal.

Tus hermanos menores te persigue por todas partes. Se visten como tu, actúan como tu y toman tus cosas porque quieren ser como tu. Digamos que somos sus modelos a seguir (en lo que les conviene) y a pesar de que a veces es halagador, también hay un momento donde ya quieres que lo dejen de hacer.

Eres LA persona a la que recurren cuando están peleados entre ellos o con sus papás.

Llega un momento en la vida en donde no eres lo suficientemente mayor para sentarte en la mesa de los “grandes” pero tampoco eres tan joven para sentarte con tus hermanos y los demás niños.

A veces puede ser agotador ser la hermana mayor. Tener esa  responsabilidad sobre tus hombros puede generar inconscientemente mucha presión.
Pero no todo es malo. Tu eres y siempre serás la primera en tu familia. Digamos que tu estrenaste a tus papás.

Así que estoy segura que ustedes van a concordar conmigo, amamos a nuestros hermanos pequeños y a pesar de alguna vez haber querido no ser la mayor, serlo es algo que jamás cambiaría por nada del mundo.

¿Que otros pros y contras tienes tu de ser la mayor y que no están en la lista?

M.

 

 

 

 

 

 

Me rehúso a criar hijos inútiles.

Cuando comenzó el invierno el año pasado, toda la logística de las chamarras, guantes, gorros, mochilas, loncheras, termos y demás se volvió muy complicada a la salida de mis hijos de la escuela.
Saliendo del salón, siempre me daban todas sus cosas para poder abrir su snack y comérselo mientras caminamos para recoger a todos los demás.

Al final ya te puedes imaginar cómo estaba yo y todo eso, mientras parecía un enorme hombre de malvavisco por mi chamarra de casi cuerpo completo que tengo que usar para no morir de frío.
Lo que más coraje me daba era verlos a ellos frescos corriendo, mientras yo batallaba para caminar sin perder el balance con todas las cosas que llevaba encima.

Otro ejemplo que me desgastaba, era que siempre tenía que estar persiguiendo a mi hija la mayor para que hiciera AB SO LU TA MEN TE todo. Inclusive levantarla y vestirla en las mañanas porque de plano batalla mucho para despertar. Ya se, no me juzgues, era eso o que llegara tarde. Pero digamos que me cansé de cargar un saco dormido de 7 años.

Como esos ejemplos varios, hasta que dije ya basta.
                                        Me rehuso a criar hijos inútiles
Que escandaloso suena eso ¿No? Por eso me propuse que este año, ellos iban a ser responsables de sus cosas. Pero no solamente con la escuela, sino en todo momento.

No te voy a mentir, va a ser difícil, puesto que creo que aún están pequeños para muchas cosas. Seguramente van haber algunos retardos en la escuela, algunas mañanas sin desayunar, algunas prendas olvidadas, etc. Pero creo que ahorita es el momento clave para que lo aprendan, quieran o no. Sobretodo porque sólo nos tienen a mi y a su papá, sin nadie más que ayude en la casa.
Claro que siempre con nuestra ayuda. Porque eso les va a ayudar por el resto de sus vidas.

¿Pero cómo lo podemos hacer?

Te voy a compartir lo que nosotros estamos haciendo y que nos está funcionando.

Predica con el ejemplo. Juntos hagan un par de veces los deberes, para que ellos sepan qué hacer y luego ya lo puedan hacer ellos solos.

Adapta los espacios para que ellos puedan hacer las cosas. Ten a la mano banquitos, la ropa a un nivel que ellos alcancen, herramientas que ellos puedan usar, etc.

Dejen el uniforme/outfit listo en sus camas una noche anterior. Así no pierden tiempo en sacarlo a la mera hora.

Comienza el día 20-30 min antes. Eso te dará un colchón de tiempo extra a ti y a tus hijos para hacer lo que necesitan.

Dales opciones, pero que todas te lleven al mismo resultado. De esa forma, ellos sienten que tienen un poco de control.

Lleva a cabo un pizarrón de responsabilidades.

Olvida la perfección. Si no te sirve una técnica, prueba otra que alcance el objetivo.

Felicita.

Repite, repite y repite. Los niños aprenden por constancia. Si siempre se hace lo mismo, se convierte en un hábito.

Se realista. Actúa con responsabilidades de acuerdo a la edad.

Persevera.

Recuerda que nos cambios y el aprendizaje llevan tiempo. Hay días en donde tengo que recordarles hacer muchas cosas y otros en los que ellos las hacen en automático. Lo importante es que sembremos la semillita para que ellos continúen haciéndolo.

¡Buena suerte!

M.

 

 

 

 

 

 

Qué pasa con mamá cuando los hijos crecen

No tienen idea de cuánto trabajo me ha costado escribir esto.

Para las que aún no me conozcan, les hago un resumen de mi maternidad.
Me convertí en madre hace poco más de 7 años; planeamos a nuestra segunda hija y 5 meses después de que ella nació, de la nada nos enteramos que estaba embarazada otra vez.

De ahí en adelante, mi mundo giró alrededor de estas pequeñas personitas.

Ser madre en el extranjero, como ya lo he platicado antes, puede ser muy complicado, sobretodo si no tienes familia cerca. En muchos países, no se acostumbra enviar a los niños a una guardería de no ser porque los padres trabajan y estas son muy caras. Aquí el pre escolar comienza hasta los 3 años y solo unas cuantas horas a la semana. Por ende, los niños pasan mucho tiempo con sus madres.
Los llevamos a todas partes y aunque es lindo pasar tiempo con nuestros hijos, hay veces que para algunas, esto puede ser muy abrumador.

Este año después de que me convertí en madre por primera vez, tenderé todas las mañanas libres para hacer lo que yo quiera…
…y la verdad es que NO se qué hacer.

Estoy entrando a una etapa de mi vida que nunca había experimentado.
Los tiempos han cambiado, pero yo también he cambiado. Aunque soy Melissa, en realidad soy Melissa madre de 3, esposa de 1 y responsable de una casa y todo lo que esta conlleva.

Cuando los hijos se van, es muy duro para las mamás. Si, por un momento brincamos de felicidad gritando “Libre soy, libre soy”; pero la realidad es que muchas enfrentan la soledad y eso aunque por un momento se disfruta, después se vuelve vacía.
A esto se le llama Síndrome del nido vacío. Y aunque la mayor parte del tiempo las madres somos las que lo sufrimos, los padres lo pueden sentir también. Cabe recalcar, que este síndrome es más enfocado a cuando los hijos abandonan el hogar definitivamente, pero se puede aplicar a cuando crecen y se vuelven más independientes.

Por eso yo creo que también es un momento de re encontrarse.
¡RE ENCONTRARME...pero si nunca me he perdido! Bueno, aunque no lo crean, si. No somos las mismas. Ni de cuanto éramos solteras, ni cuando decidimos compartir la vida con alguien más (para las que lo hicieron) y MENOS después de convertirse en madre.

Todo cambia, el cuerpo, las responsabilidades, las prioridades TODO.
Pasamos de ser X, a ser la mamá de Y y poner sus necesidades antes que las nuestras.

¿Alguna vez fantaseaste con qué harías si tuvieras un poco más de tiempo cuando tus hijos ocupaban todo tu tiempo? Bueno ahora es el momento.

¿Pero qué pasa si no sabes qué hacer como yo?

Bueno, me cuesta decirlo, pero a veces creo que no he encontrado lo que me llene realmente.
Algo que me haga sentir realizada y que al mismo tiempo aporte a la comunidad. No tengo ni la remota idea de qué puede ser eso.

Lo que si te puedo recomendar, son algunos puntos para que puedas salir adelante y no mueras en el intento. Los podemos intentar juntas.

Primero reconoce tu pena. Es normal sentirse así, es una especie de pérdida.
Descansa y tómate tu tiempo. No te apresures a comprometerte a algo hasta que ya tengas un balance.
Retoma actividades que hacías antes y te gustaban (tal vez todavía las puedes disfrutar)
Busca alguna actividad nueva que se lleve a cabo cerca de donde vives.  Nunca sabes si pueda gustarte y encuentres un nuevo hobby.
Busca un voluntariado ya sea en la escuela de tus hijos, en algún sanatorio o en donde tu sientas que puedas ser de gran ayuda.
Haz ejercicio. Mantén tu mente ocupada.
Estudia algún curso que sea de tu interés. No tiene que ser universitario.
Sal con amigas que estén en la misma situación que tu.  Tal vez juntas, el tiempo sea más divertido.

Algo que he aprendido conforme pasa el tiempo, es que este sentimiento se terminará en cuanto nos adaptemos a nuestra nueva rutina. Así que a ponernos manos a la obra y a volver a re encontrarNOS.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace años que tuve que ponerle a mi vida profesional una mega pausa, ni siquiera se si lo que aprendí todavía sirve.

¿Por qué poner límites es bueno?

Cuando mis hijos salieron de vacaciones de la escuela, los llevé junto con varias mamás a un lugar de nieves, waffles y demás postres.
Lo venía planeando desde hace varias semanas, porque ya es tradición hacerlo cada que tienen vacaciones.

Llegamos y nos sentamos en una mesa larga hasta el final del lugar. Esta mesa, estaba justo a lado de la puerta trasera que daba a la calle y que por desgracia la tenían abierta porque hacía mucho calor.
Ya conocen a los niños como son, una vez que se terminan su comida se quieren parar de la mesa e irse a jugar. Esta ocasión no fue la excepción y una vez que algunos terminaron, querían hacer algo más, aún y cuando no todos los niños y las madres habían terminado.

Siento yo que cuando los niños están pequeños, se puede excusar la tolerancia que estos tienen a permanecer “quietos” en un mismo lugar ¿No?, pero cuando tienen 7 casi 8 años creo que ya se pueden entretener con algo en la mesa, ya sea dibujando, platicando o (malamente) viendo una Tablet o el teléfono.

Bueno para no hacer el cuento largo, algunas de las niñas se empezaron a salir del restaurante y ya saben, una hace algo, la otra la sigue y de repente la mayoría ya estaban afuera. Para mi sorpresa, mis hijos fueron a preguntarme si ellos podían salir a lo cual les dije que no.
Lo que más me llamó la atención es que algunas de las madres, no le dieron importancia a la situación; ellas seguían adentro platicando y conviviendo. Cabe recalcar que ellas tienen una hija de 7-8 años, yo tengo tres que aún requieren de supervisión y aún así no era una zona para estar jugando afuera. No le iba a decir a niños ajenos que se metieran y menos cuando sus mamás estaban ahí.
Ni siquiera se inmutaron de que yo realmente estaba estresada y que en vez de estar adentro conviviendo, disfrutando mi comida, estaba esquinada, cuidando a mis hijos que no se bajaran las escaleras que dan al estacionamiento abierto, que da a la calle por donde está pasando gente (y no la más fina), porque ellos querían estar jugando con sus hijas.

La verdad es que yo estaba molesta, hasta que a una mamá se le prendió el foco y fue a llamarlos para que metieran a platicar a las mesas de a lado (¡Sanos y salvos, gracias!)  No tengo ni idea de lo que dijo, pero una vez que lo dijo las otras llamaron a sus hijas para que se metieran también.

Y bueno ahí me dejó pensando en todas las veces que yo he visto cómo los papás no ponemos límites ante ciertas situaciones y que puede afectar a la familia y a los que nos rodea.
No quiero pecar de exagerada, pero en un descuido algún niño se pierde o se lo roban o se lastima y todo porque no ponemos límites y no les queremos decir que no.

Poner límites es bueno tanto para los padres como para los niños.

Aunque no creas, le da un sentimiento de seguridad a los niños y también les ayuda a saber lo que se espera de ellos ( y lo que no).

Poner límites y que nuestros hijos los entiendan no es algo que tiene resultados inmediatos.

Por eso te comparto algunos puntos muy importantes que debemos de tener presentes para que los límites sean efectivos.

  • Rutinas y reglas. Así nuestros hijos sabrán lo que se tiene que hacer y lo que sigue.
  • Se claro pero realista, de esa forma ayudará a que el niño no tome una actitud defensiva.
  • Echa porras y agradece cuando hacen algo que se espera de ellos.
  • Si te ayuda, mantén una tabla de responsabilidades o una lista y repásala con tus hijos marcando las que si han hecho y echando porras.
  • Las consecuencias deben de ser lógicas, razonables y claras.  El objetivo es alejarlos del mal comportamiento. Ofrecerles una alternativa puede ser una idea.
  • Se constante y firme con actitudes. Eso no quiere decir que seas un tirano. Cuando nos enojamos la situación se ve comprometida (me consta) Un ejemplo. Cuando vamos casa de alguna amiga, si la mamá dice que no pueden ir arriba no pueden ir arriba y siempre va a ser así. Simple sin enojos (aunque ellos lo pidan 122523435352 veces)
  • Por último, se que a veces es muy difícil explicar el por qué de las cosas, igual por la edad a veces no lo comprenden; pero trata de explicar el por qué, así ellos entenderán y no se quedarán con un “porque si” o “porque lo digo yo”

Todo esto es un proceso diario y hay muchas más herramientas para tener una crianza más positiva en casa. Como todo requiere paciencia y trabajo en equipo.

Te invito a que sigas leyendo en el blog, seguro encuentras algo de ayuda.

M.

 

 

 

NO NO NO. Alternativas para reemplazar el NO con tus hijos.

¿Mi amor quisieras comer esto? NO
¿Qué te parece si hacemos esto? NO
Pero…NO, y si mejor…NO, qué te…NO

Así es, parece que la palabra de moda en esta casa es NO.

¿Me frustra? Por supuesto. ¿Siento que pierdo la paciencia? Desde luego. Hay veces en los que ni puedo terminar la pregunta o la frase.
Pero al parecer es algo más normal de lo que yo pensaba. Y ahora me toca vivirlo con mi tercer hijo.

Dentro de mi frustración se me ocurrió preguntar si era algo más de niños, porque con mis hijas nunca experimenté esto. Claro que me dijeron que no era algo de género y que era muy normal. Hasta aquí todo muy bien.
Pero también me dijeron que era porque “Escucha la palabra NO muy seguido en casa” y eso me llevó a preguntarme ¿Por qué siempre la gente culpa a la primera a los padres?

Pues no, y aunque se lea redundante, no es que lo escuchen seguido en la casa y te voy a decir por qué.

Frecuentemente se nos olvida que los niños son personas independientes y que llega un momento en su vida, donde ellos ya se sienten con la seguridad de tomar una decisión.
Les da poder y ese sentimiento de control. Y aunque nosotros a veces inconscientemente pensamos que tenemos control sobre ellos, la realidad es que no es cierto.

Por supuesto que para nosotros los padres puede llegar a ser irritante. Me pregunto yo, ¿Cuántas veces podría aguantar que me contesten NO sin perderlo? Pero antes de verlo como una amenaza, es mejor verlo como una oportunidad para mejorar la comunicación con ellos.

Obviamente influye mucho lo que escuchen en casa y hay algunas alternativas para reemplazar la palabra. Si, hay momentos en donde no puedo evitar decir NO. Como: “¿Me puedo meter a la alberca a las 7pm (cuando mañana hay colegio)?” o “¿Me puedo comer el postre aunque no quiera comer la comida?” o “¿Te puedo ayudar a poner las cosas en la estufa y calentarlas?”
Lamentablemente a todas ellas y a muchas otras, siempre es un NO, pero no un NO reluctante, siempre trato de darles una respuesta más amplia explicando por qué NO de manera que la entiendan. Y siempre lo hago así desde el día que mi hija me dijo “PORQUE NO no es una respuesta”.

No te voy a mentir, cada vez que me dicen que no me hierve la sangre y me dan ganas de decirles que así no se le contesta a un adulto, pero si a mi no me gusta que me digan que NO, a ellos obviamente que tampoco.

Aquí te comparto algunas alternativas para cuando necesitas decir NO.

  1.  A lo mejor lo podemos intentar en otro momento.
  2. Por favor para/detente
  3. Mira, déjame enseñarte cómo se hace
  4. Esto no es lo que habíamos acordado, ¿te acuerdas?
  5. Entiendo que quieras hacer eso, pero es muy peligroso y no quisiera que te lastimaras.
  6. Vamos a intentar hacer otra cosa, ¿cómo ves?
  7. ¿Cuál es la regla sobre esto?
  8. Entiendo que quieras hacerlo pero por el momento no podemos por…
  9. Se que es divertido pero no es una buena idea por…
  10. ¿Hay alguna otra forma de hacerlo?
  11. Ahorita no tenemos momento para...porque…
  12. Lo que estás haciendo lo/la está lastimando, por favor para/detente.
  13. Si, esa puede ser una opción, intenta de nuevo.
  14. Por favor escoge otra palabra.
  15. Por favor usa tus palabras.
  16. Está bien sentirse así, pero…

Recuerda, la clave en una crianza positiva es el respeto, la claridad en la comunicación y consecuencias.

M.

 

¿Por qué las mamás nos sentimos culpables?

Hace un par de semanas tuvimos accidente en casa.
Mi hijo estaba saltando en el trampolín con más gente y mojado. Cuando trató de salirse se resbaló y literal voló. Con la escalera se pegó en la cara y aterrizó con la cabeza.
Obviamente todo tenía que pasar cuando estaba yo a un par de metros de él y todo lo vi en cámara lenta (al menos así lo sentí). Lo levanté,  instantáneamente le sobé la nuca pensando que si tenía un golpe mayor eso de alguna manera le iba a ayudar y me lo llevé adentro para revisarlo.

Estaba sangrando de la nariz y llorando sin parar.
Una vez que le limpié toda la sangre y logré calmarlo, marqué al número de no-emergencia que hay aquí en Inglaterra. Me asusté muchísimo porque mi hijo se estaba quedando dormido, su cuerpo suelto y yo en el teléfono sólo esperando instrucciones. Terminando le llamé a mi esposo para explicarle lo sucedido y bajo las instrucciones de la persona en el teléfono, me preparé para llevarlo al hospital.

Mi hijo despertó fresco como una lechuga y sólo pedía a su papá. Así que cuando papá llegó, se lo llevó al hospital y yo me quedé en casa de mi amiga para que mis hijas terminaran de merendar.

Cuando regresé a la casa y acosté a las niñas para dormir, una vez estando sola con mis pensamientos, me empezó a invadir la culpa.
¿Por qué no lo llevé yo, si él estaba conmigo y yo vi todo lo que pasó? ¿Por qué me quedé en casa de mi amiga como si nada hubiera pasado? ¿Por qué no me iba a mi casa a esperar a que me avisaran que todo estaba bien?
Llegó mi marido con mi hijo después de un rato y gracias a Dios solo fue el susto. Él estaba bien pero aún así durmió esa noche en nuestra cama.

Ya más noche, mis amigas me escribieron para preguntar cómo estábamos, y fue ahí donde les dije que estaba sintiendo la culpa.
Todos esos monstros que nos hacemos en nuestra cabeza y que nos hacen dudar y cuestionarnos sin lo hicimos bien, si no hicimos suficiente, si debimos de haberlo hecho diferente, entre muchas otras cosas más.

Me calmaron y me dijeron que mi esposo y yo somos un equipo y que así como él lo llevó, yo tenía que asegurarme que mis hijas estuvieran bien también. Pero eso mi cabeza NO lo veía.

Cuando nace un hijo, nace una madre y también nace la culpa. Es algo de lo que no te cuentan en todos los cursos profilácticos ni nada por el estilo.
Hoy en día nosotras las mujeres queremos hacer muchas cosas. Nos preparamos profesionalmente y queremos ejercer un buen tiempo, queremos subir de nivel, queremos ser madres, queremos que nuestros hijos coman bien y completo, queremos ayudar en la escuela, queremos salir y tener vida social, necesitamos un espacio para nosotras, queremos reencontrarnos con nuestro yo, etc. Pero…el día sólo tiene 24 hrs y nos sentimos mal por no hacer más.
Es más, a veces nos sentimos culpables por no sentirnos culpables.

Pero está bien sentirnos culpables de vez en cuando. Indirectamente lo sentimos porque queremos a nuestros hijos y nos preocupamos por ellos. Queremos lo mejor para ellos y nos lleva a exigirnos mucho…de más diría yo.
Pero todas estamos haciendo lo mejor que podemos para ellos.

Hay algunas cosas que podemos hacer para no sentirnos culpables (o al menos no tanto)

Aceptación. Hay muchas cosas que podemos hacer, pero tenemos que aceptar que no podemos hacer muchas otras. Haz bien lo que sabes hacer. Sácale provecho.

Comparación. Todas hacemos las cosas diferentes y todas tenemos resultados diferentes. A algunas les sirve algo y a otras les sirve otra cosa. Deja de compararte. Tu eres única.

Exigencia. No te exijas de más, tu sabes hasta dónde puedes llegar o hacer. Es mejor hacer bien una cosa, que hacer 5 a la mitad.

Practica afirmaciones positivas.  Hay muchos pensamientos que podemos llevar a cabo justo al iniciar el día; estos pueden ayudar a darnos tranquilidad, armonía y darnos un sentido de poder. Intenta “ Yo soy fuerte, hago lo mejor que esta en mis manos, estoy muy agradecida por, tengo salud, mis hijos están sanos, fuertes y felices”

Perdónate.Cuando logramos perdonarnos, nos quitamos un peso invisible de encima. Nos ayuda a seguir adelante. Aunque casi creo seamos superhéroes, también somos humanos y tenemos el derecho a equivocarnos y hacer las cosas bien de nuevo. Los errores son una buena oportunidad para aprender, crecer y hacerlo mejor a la próxima.

Y recuerda.

No existe la mamá perfecta, pero si hay millones de maneras de ser una mejor madre.

 

 

No te olvides de tus pasatiempos favoritos

Durante toda nuestra corta vida (¡Aha!) hemos tenido pasatiempos. Algunos cambian y otros permanecen, pero no conozco a nadie que no tenga algo que ame hacer (aunque sea dormir).
Yo creo que muchas de nosotras tuvimos que poner en pausa algunos de nuestros pasatiempos favoritos. Ya sea porque requerían de cierto esfuerzo físico, porque eran presenciales y no había quién cuidara a los hijos, porque son muy tarde en el día y una ya se siente como un saco de papas o simplemente porque no hay motivación. Sea la razón que sea, es muy triste no hacer lo que te gusta ¿No?

Por ejemplo, una de mis grandes pasiones siempre ha sido bailar. No se si sea buena, pero me gusta tener la música a todo volumen, bailar con ritmo y aprenderme una coreografía. Tengo tan buena memoria con el baile, que todavía me acuerdo de coreografías que bailé en la preparatoria.
Bueno, ese pasatiempo lo puse en pausa cuando me mudé a Alemania, por el idioma y en lo que encontraba una buena academia. Luego lo volví a poner en pausa cuando recién me embaracé por primera vez y apenas hasta ahora, lo retomé. ¿Por qué hasta ahora después de 7 años? Bueno digamos que no hay muchos sitios en donde pueda hacerlo de forma flexible y tampoco muchos para adultos (y menos mamás). El caso es que ahora todos los lunes a pesar de que esté muy cansada, a las 7pm voy al gimnasio y por 1hr bailo bailo bailo y salgo muy feliz.

Otro de mis pasatiempos favoritos y que lo he podido combinar con la maternidad y hacerlo también de manera profesional, es hacer cuadros con palabras haciendo un tipo crucigrama, usando pequeños mosaicos como los que se usan para el juego de mesa Scrabble.
Así es. Le ayuda a mi cerebro a pensar para poder hacer los crucigramas y además me relaja porque necesita de mucha precisión. Así que cuando los hago, es en la noche, cuando los niños están dormidos y puedo hacerlo en silencio, sin que nadie me mueva y a mi tiempo.
A esta actividad en particular no le he podido dar ninguna publicidad por cuestión de tiempo; pero los que me conocen y les gusta mi trabajo, me lo piden y yo termino muy contenta también.

Siempre he dicho que para nosotras las mamás, el tiempo es nuestro peor enemigo.
Siempre estamos corriendo y siento que pocas veces, nos sentamos a disfrutar los momentos que llenan nuestro día.

Darnos un tiempo para poder hacer lo que nos gusta es primordial. Es algo que nos gusta hacer y disfrutamos. Nos alegra el momento y de alguna manera le aporta algo diferente a nuestras vidas. Al fin y al cabo nuestra vida también es importante.

Por eso yo te sugiero que encuentres (o retomes) tres pasatiempos.

Uno que te ayude a hacer dinero.
Uno que te mantenga en forma.
Y uno que te ayude a ser creativa.

Sean los que sean, que te ayuden a salir de su estado de confort y te motiven a seguir adelante.

Para que estés muy organizada con tu tiempo, yo te recomiendo los nuevos relojes de Daniel Wellington. Ahora sacaron su nueva colección de verano Roselyny Bayswatercon correas intercambiables y la verdad es que están divinos.
Ya sea para ti o para un regalo especial, no te quedes sin echarles un vistazo en www.danielwellington.com/mx y si te gustan te comparto mi descuento del 15% con mi código MIROLDEMADRE